Verdad e integridad
Vino y fruta en Mizpa, y un aviso que Gedalías no creyó
Lectura · Jeremías 40:12-16
12Todos estos Judíos tornaron entonces de todas las partes adonde habían sido echados, y vinieron á tierra de Judá, á Gedalías en Mizpa; y cogieron vino y muy muchos frutos.
13Y Johanán, hijo de Carea, y todos los príncipes de la gente de guerra que estaban en el campo, vinieron á Gedalías en Mizpa,
14Y dijéronle: ¿No sabes de cierto como Baalis, rey de los hijos de Ammón, ha enviado á Ismael hijo de Nethanías, para matarte? Mas Gedalías hijo de Ahicam no los creyó.
15Entonces Johanán hijo de Carea habló á Gedalías en secreto, en Mizpa, diciendo: Yo iré ahora, y heriré á Ismael hijo de Nethanías, y hombre no lo sabrá: ¿por qué te ha de matar, y todos los Judíos que se han recogido á ti se derramarán, y perecerá el resto de Judá?
16Pero Gedalías hijo de Ahicam dijo á Johanán hijo de Carea: No hagas esto, porque falso es lo que tú dices de Ismael.
En Mizpa se cosecha vino y fruta en abundancia. Quienes lo hacen acaban de llegar: son judíos que habían sido «echados» a tantos lugares distintos y que ahora vuelven a la tierra de Judá, hasta donde está Gedalías. Después de tanta pérdida, el cuadro es de alivio: gente reunida y la tierra dando su fruto.
En medio de esa cosecha llega Johanán con todos los jefes de la gente de guerra y trae un aviso: «Baalis, rey de los hijos de Ammón, ha enviado á Ismael hijo de Nethanías, para matarte». Según el aviso, un rey vecino había enviado a un hombre para quitarle la vida a aquel en torno a quien se había reunido todo ese resto. El texto sigue con una frase seca: Gedalías no los creyó. Nada más. No dice que preguntara a nadie ni que investigara.
Johanán no se detiene ahí. Habla con Gedalías a solas, en secreto, y le propone algo grave: «Yo iré ahora, y heriré á Ismael hijo de Nethanías, y hombre no lo sabrá». Herir quiere decir aquí matar, sin que nadie se entere. Su razón es que, si Gedalías muere, todos los reunidos en torno a él se dispersarán y el resto de Judá perecerá. Es una muerte en secreto, pensada para evitar otra.
Gedalías responde: «No hagas esto, porque falso es lo que tú dices de Ismael». En esa respuesta van dos cosas juntas. Rechaza una muerte en secreto. Pero su razón es que el aviso le parece falso, y el texto no cuenta que lo comprobara. No sabemos por qué: quizá por bondad, quizá por el alivio de vivir por fin un tiempo tranquilo. Nos pasa parecido: la bondad que no quiere pensar mal de nadie es una virtud, pero necesita ir de la mano de la prudencia.
Por eso quizá pese tanto este pasaje justo en medio de una cosecha. Cuando por fin las cosas mejoran, cuesta creer que algo pueda torcerse, y un aviso se siente como una intromisión. Le puede ocurrir a quien vuelve a trabajar tras meses duros, a quien empieza a reconciliarse con alguien o a quien por fin respira en su casa. Escuchar con calma y comprobar con personas de confianza no es desconfiar de todos: es cuidar lo que se ha recuperado. Aquí el aviso no vino de un desconocido, sino de Johanán y de varios jefes, y aun así el texto no cuenta que alguien lo pusiera a prueba.
El texto no nombra a Dios en esta escena, pero quien lee con fe sabe que el vino y la fruta son regalo suyo y que él sigue cerca cuando toca decidir algo difícil. Solo Jesús fue a la vez plenamente bondadoso y plenamente veraz; de él aprendemos a ser lo primero sin dejar de ser lo segundo. Hoy, cuando te llegue un aviso que no quieras oír, escúchalo hasta el final antes de responder.
Para vivirlo hoy
Elige un aviso o consejo que hayas dejado de lado con rapidez. Tómate cinco minutos con una hoja y escribe en dos líneas qué dice y qué necesitarías comprobar para saber si es cierto. No decidas nada todavía; solo míralo con calma y anota a quién de confianza podrías preguntarle.
Para meditar
- ¿Qué aviso has dejado pasar porque no lo creías, o porque no querías creerlo?
- ¿Cómo distingues, en tu propia manera de ser, la bondad que confía de la ingenuidad que no comprueba?
- Ante un aviso serio, ¿qué tiendes a hacer: ignorarlo, discutirlo enseguida o llevarlo con calma a personas de confianza?
Oración
Confieso que, cuando por fin las cosas van bien, me cuesta oír un aviso, y que ante la presión puedo reaccionar con dureza. Dios mío, dame oído para distinguir un aviso cierto de uno falso, y valor para no responder con daño. Gracias por los tiempos de vino y fruta, por volver a casa después de lo perdido. Enséñame a vivir con bondad sin ingenuidad y con sinceridad sin dureza. Guíame, Jesús, a aprender de ti cómo se hace. Amén.