Paz y descanso
Una tierra que descansa y un año de libertad
Lectura · Levítico 25:1-19
1Y JEHOVÁ habló á Moisés en el monte de Sinaí, diciendo:
2Habla á los hijos de Israel, y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra hará sábado á Jehová.
3Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña, y cogerás sus frutos;
4Y el séptimo año la tierra tendrá sábado de holganza, sábado á Jehová: no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña.
5Lo que de suyo se naciere en tu tierra segada, no lo segarás; y las uvas de tu viñedo no vendimiarás: año de holganza será á la tierra.
6Mas el sábado de la tierra os será para comer á ti, y á tu siervo, y á tu sierva, y á tu criado, y á tu extranjero que morare contigo:
7Y á tu animal, y á la bestia que hubiere en tu tierra, será todo el fruto de ella para comer.
8Y te has de contar siete semanas de años, siete veces siete años; de modo que los días de las siete semanas de años vendrán á serte cuarenta y nueve años.
9Entonces harás pasar la trompeta de jubilación en el mes séptimo á los diez del mes; el día de la expiación haréis pasar la trompeta por toda vuestra tierra.
10Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra á todos sus moradores: éste os será jubileo; y volveréis cada uno á su posesión, y cada cual volverá á su familia.
11El año de los cincuenta años os será jubileo: no sembraréis, ni segaréis lo que naciere de suyo en la tierra, ni vendimiaréis sus viñedos:
12Porque es jubileo: santo será á vosotros; el producto de la tierra comeréis.
13En este año de jubileo volveréis cada uno á su posesión.
14Y cuando vendiereis algo á vuestro prójimo, ó comprareis de mano de vuestro prójimo, no engañe ninguno á su hermano:
15Conforme al número de los años después del jubileo comprarás de tu prójimo; conforme al número de los años de los frutos te venderá él á ti.
16Conforme á la multitud de los años aumentarás el precio, y conforme á la disminución de los años disminuirás el precio; porque según el número de los rendimientos te ha de vender él.
17Y no engañe ninguno á su prójimo; mas tendrás temor de tu Dios: porque yo soy Jehová vuestro Dios.
18Ejecutad, pues, mis estatutos, y guardad mis derechos, y ponedlos por obra, y habitaréis en la tierra seguros;
19Y la tierra dará su fruto, y comeréis hasta hartura, y habitaréis en ella con seguridad.
Todo ocurre en el monte Sinaí. Jehová le habla a Moisés, y lo primero que manda decir al pueblo habla de la tierra: cuando entren en la que él les da, «la tierra hará sábado á Jehová». Aquí sábado significa descanso. El pueblo todavía no ha entrado en ella, y antes de que exista una sola cosecha Dios ya dice cómo será el ritmo de esa tierra: trabajo, y también pausa. La tierra es un regalo, y esa regla puede leerse como un recordatorio de ello.
Seis años se siembra, se poda la viña y se recogen los frutos. El séptimo no se siembra ni se poda, y lo que nace solo no se cosecha: «año de holganza será á la tierra», donde holganza es una palabra antigua para descanso. Ese fruto es «para comer á ti, y á tu siervo, y á tu sierva, y á tu criado, y á tu extranjero que morare contigo». Criado es aquí quien trabaja a sueldo, y morare quiere decir viviere. El texto da por hecho que hay siervos en la casa, y aun así ese año todos comen del mismo fruto.
Luego el pasaje cuenta siete semanas de años, siete veces siete, cuarenta y nueve. Entonces suena una trompeta por toda la tierra, y el texto pone la fecha: el día de la expiación, el día del perdón. El año cincuenta se aparta como santo: es el jubileo, y el mandato es «pregonaréis libertad en la tierra á todos sus moradores». Pregonar es anunciar en voz alta. Cada uno vuelve a su tierra, y «cada cual volverá á su familia». Nadie pierde su lugar para siempre.
En medio hay una norma para comprar y vender: «no engañe ninguno á su hermano». El precio de un campo se calcula según los años que faltan para el próximo jubileo, ese año cincuenta, porque en el fondo se vende un número de cosechas. Y el motivo: «mas tendrás temor de tu Dios: porque yo soy Jehová vuestro Dios». Temor de Dios es aquí un respeto hondo: comprar y vender también se hace delante de él. Sigue una promesa para aquel pueblo en aquella tierra: si vivían conforme a sus normas, habitarían seguros.
Hoy casi nadie tiene un campo que dejar en descanso, pero todos conocemos ritmos que se rompen: semanas sin un día de pausa, ganancias buscadas sin mirar a quien está al lado, tratos donde una parte sabe mucho más que la otra. Este pasaje propone otro compás: trabajo, pausa, y lo que nace solo compartido con quienes trabajan contigo. Su anuncio de libertad tiene un eco en Jesús, que anunció buenas noticias para los pobres y libertad para los presos.
Ese fruto que nace de suyo, sin que nadie lo siembre, es una buena imagen de todo lo que recibimos sin haberlo producido: la lluvia, la salud de un día, la gente que nos quiere. Quien descansa dice, sin palabras, que no todo depende de sus manos. ¿Cuánto de lo que hoy tienes llegó a tu vida sin que lo produjeras?
Para vivirlo hoy
Hoy o esta noche, aparta cinco minutos sin pantallas ni ruido. Lee despacio, tres veces, esta frase: «sábado de holganza, sábado á Jehová» (holganza es una palabra antigua que quiere decir descanso). Después quédate en silencio un minuto, con las manos quietas, sin pedir ni resolver nada.
Para meditar
- ¿Qué ritmo de trabajo y de pausa tiene hoy tu semana, y qué te dice este pasaje sobre él?
- ¿En qué compra, venta o trato cotidiano puedes cuidar que nadie salga engañado?
- ¿Con quién puedes compartir algo que has recibido sin haberlo producido?
Oración
Señor, dame calma para soltar por un momento el trabajo y recordar que todo lo que tengo llegó a mis manos como regalo. Da a mi casa y a mi trabajo un ritmo con descanso, y guárdame de comprar y vender con engaño. Te doy gracias por el lugar al que cada familia podía volver, y porque el fruto del año de descanso era para todos: siervos, extranjeros y animales. Ayúdame a compartir lo que crece sin que yo lo siembre. Que el respeto a ti guíe mis tratos con el prójimo. Amén.