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Paz y descanso

Una tienda con las estacas firmes

Lectura · Isaías 33:20-24

20Mira á Sión, ciudad de nuestras solemnidades: tus ojos verán á Jerusalem, morada de quietud, tienda que no será desarmada, ni serán arrancadas sus estacas, ni ninguna de sus cuerdas será rota.

21Porque ciertamente allí será Jehová para con nosotros fuerte, lugar de ríos, de arroyos muy anchos, por el cual no andará galera, ni por él pasará grande navío.

22Porque Jehová es nuestro juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro Rey, él mismo nos salvará.

23Tus cuerdas se aflojaron; no afirmaron su mástil, ni entesaron la vela: repartiráse entonces presa de muchos despojos: los cojos arrebatarán presa.

24No dirá el morador: Estoy enfermo: el pueblo que morare en ella será absuelto de pecado.

Isaías 33:20-24

Llegas a casa tarde, con el celular todavía en la mano. Hoy avisaron de recortes en el trabajo, el arriendo sube el mes que viene y la cuenta de la luz llegó más alta de lo esperado. Te sientas en la cocina y tu vida parece una carpa armada con pocas estacas y cuerdas gastadas: basta un tirón para que se venga abajo. Nada se ha caído todavía, pero el miedo ya lo da por hecho, y no es un miedo tonto: los recortes y las cuentas son reales.

Isaías habla a una Jerusalén amenazada por un enemigo mayor que ella: «Mira á Sión, ciudad de nuestras solemnidades». Solemnidades son aquí las fiestas en que el pueblo se reunía a adorar. Y sigue: «tus ojos verán á Jerusalem, morada de quietud, tienda que no será desarmada, ni serán arrancadas sus estacas, ni ninguna de sus cuerdas será rota». La ciudad es una tienda, algo que se arma y se desarma con facilidad, y aun así no se suelta ni una estaca.

Jerusalén no estaba a orillas de un gran río, como otras ciudades importantes de su tiempo. Isaías dice que allí Jehová mismo será «lugar de ríos, de arroyos muy anchos, por el cual no andará galera, ni por él pasará grande navío». Una galera era un barco de remos: ninguna flota enemiga podrá navegar por ese río. Y enseguida: «Jehová es nuestro juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro Rey». Quien decide lo justo, quien enseña cómo vivir y quien gobierna y cuida es el mismo.

Luego el cuadro cambia. Aparece un barco con las cuerdas flojas, el mástil sin afirmar y la vela sin tensar, incapaz de avanzar. Una manera de leerlo es que ese barco es el poder que amenazaba al pueblo, y lo que parecía imponente queda sin fuerza. Y hay un detalle que sorprende: «los cojos arrebatarán presa». La presa es el botín, y es tan abundante que no hace falta fuerza para tomarlo: hasta quien no puede correr se lleva su parte. Eso sugiere que Dios no deja fuera de su abundancia a quien tiene poca fuerza.

Ahí se encuentra la carpa de tu cocina con este pasaje. Aquí no se dice que la vida quede libre de sacudidas; se dice en qué descansa lo que sostiene al pueblo de Dios: no en la fuerza del armazón, sino en quien lo sostiene. Tus cuentas, tu trabajo y tu salud importan, y hacer números también es una forma de cuidar. Pero hay además un Rey, un juez y un legislador que no se aflojan como una cuerda vieja.

El último verso mira más hondo que el miedo a perder la carpa: «el pueblo que morare en ella será absuelto de pecado». Morare es una forma antigua de decir vivir o habitar, y absuelto quiere decir declarado libre de culpa. Quien sigue a Jesús cree que él quitó esa deuda con su cruz. Cuando el techo se mueva esta semana, puedes volver a una frase corta y firme: «él mismo nos salvará».

Para vivirlo hoy

Durante tres noches, antes de dormir, copia a mano en una hoja: «Jehová es nuestro juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro Rey». Léela en voz alta una sola vez y déjala junto a tu cama. No hace falta resolver nada esa noche; se trata de recordar quién sostiene la carpa mientras descansas.

Para meditar

  • ¿Qué parte de tu vida se siente hoy como una tienda con las estacas flojas?
  • El botín es tan grande que hasta un cojo se lleva su parte. ¿Qué te dice eso de cómo obra Dios cuando a ti te faltan las fuerzas?
  • ¿A quién le haría bien escuchar hoy que Dios sostiene incluso lo que parece frágil?

Oración

Jesús, en ti veo al Rey que gobierna y cuida, y que no se afloja como una cuerda vieja. Hoy te traigo lo que siento frágil: mi trabajo, mi casa, el dinero que no alcanza. No te pido que quites toda sacudida; dame descanso en ti mientras la atravieso. Gracias porque tu cruz nos deja perdonados. Recuérdame que tú mismo salvas y que, cuando me falten las fuerzas, no tengo que correr para recibir de ti lo que das. Amén.

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