Sabiduría
Una piedra firme y una vara para el comino
Lectura · Isaías 28:16-29
16Por tanto, el Señor Jehová dice así: He aquí que yo fundo en Sión una piedra, piedra de fortaleza, de esquina, de precio, de cimiento estable: el que creyere, no se apresure.
17Y ajustaré el juicio á cordel, y á nivel la justicia; y granizo barrerá la acogida de la mentira, y aguas arrollarán el escondrijo.
18Y será anulado vuestro concierto con la muerte, y vuestro acuerdo con el sepulcro no será firme: cuando pasare el turbión del azote, seréis de él hollados.
19Luego que comenzare á pasar, él os arrebatará; porque de mañana de mañana pasará, de día y de noche; y será que el espanto solamente haga entender lo oído.
20Porque la cama es tan angosta que no basta, y la cubierta estrecha para recoger.
21Porque Jehová se levantará como en el monte Perasim, como en el valle de Gabaón se enojará; para hacer su obra, su extraña obra, y para hacer su operación, su extraña operación.
22Ahora pues, no os burléis, porque no se aprieten más vuestras ataduras: porque consumación y acabamiento sobre toda la tierra he oído del Señor Jehová de los ejércitos.
23Estad atentos, y oid mi voz; estad atentos, y oid mi dicho.
24El que ara para sembrar, ¿arará todo el día; romperá y quebrará los terrones de la tierra?
25Después que hubiere igualado su superficie, ¿no derramará la neguilla, sembrará el comino, pondrá el trigo por su orden, y la cebada en su señal, y la avena en su término?
26Porque su Dios le instruye, y le enseña á juicio;
27Que la neguilla no se trillará con trillo, ni sobre el comino rodará rueda de carreta; sino que con un palo se sacude la neguilla, y el comino con una vara.
28El pan se trilla; mas no siempre lo trillará, ni lo comprimirá con la rueda de su carreta, ni lo quebrantará con los dientes de su trillo.
29También esto salió de Jehová de los ejércitos, para hacer maravilloso el consejo y engrandecer la sabiduría.
Al comino no se le pasa la rueda de una carreta: se le sacude con una vara. Está dicho de paso, hacia el final de un capítulo lleno de juicio. Isaías se detiene ahí. Nombra la neguilla y el comino, dos semillas; nombra el trigo, la cebada y la avena, cada uno con su lugar marcado en el surco; y cuenta que cada cosa se trata con el instrumento que le corresponde. Un pasaje que empieza con piedras y granizo termina entre semillas y terrones.
Todo comienza con una piedra. «He aquí que yo fundo en Sión una piedra, piedra de fortaleza, de esquina, de precio, de cimiento estable: el que creyere, no se apresure». La pone Dios, y quien se apoya en ella no corre. Los primeros seguidores de Jesús vieron en esa piedra a Cristo. Después, la imagen de un albañil: «Y ajustaré el juicio á cordel, y á nivel la justicia». Con esas herramientas se mide un muro: no importa cómo parezca, sino si está derecho.
Lo que sigue es duro y el texto no lo esconde. El granizo barrerá el refugio hecho de mentiras, y las aguas arrollarán el escondite. Se anula un «concierto con la muerte», y cuando pase el azote, quienes confiaban en ese arreglo serán pisoteados. Hay otra imagen: una cama tan angosta que no alcanza, una cubierta tan estrecha que no cubre. Los refugios falsos prometen descanso y se quedan cortos. Hasta el juicio se llama aquí «su extraña obra».
Entonces el texto pide atención y cuenta el oficio de un agricultor. Ara, pero no ara todo el día. Rompe los terrones, y luego siembra. Trilla el grano, pero «no siempre lo trillará», ni lo aplasta con la rueda. Ese saber viene de Dios: «su Dios le instruye». Una manera de leerlo es que quien enseña al agricultor a medir su trabajo tampoco golpea sin medida. Su consejo es maravilloso, y su sabiduría, grande.
Hoy también buscamos refugios angostos: la distracción que apaga el pensamiento, la excusa que suena razonable, la idea de que ya habrá tiempo. Y sabemos lo que es apurarse: querer arreglarlo todo ya para no sentir la incertidumbre. La piedra del versículo 16 invita a otra cosa: a quedarse firme sin correr. El agricultor no se apoya en la prisa: hace cada tarea a su tiempo y con la herramienta justa. Quien confía en Dios puede aprender ese ritmo.
Lo que el agricultor sabe, se lo enseñó Dios: cada semilla pide su trato, y ninguna trilla dura para siempre. Quien ve así la mano de Dios puede, sin fingir que todo es fácil, vivir con menos prisa, sobre una piedra que él mismo puso, de cimiento estable, que no se mueve. ¿Qué cambiaría hoy en tu día si te apoyaras en ella sin correr?
Para vivirlo hoy
Hoy, antes de empezar tu jornada o al terminarla, dedica cinco minutos a estar en silencio con una sola frase: «el que creyere, no se apresure». Léela despacio, repítela en voz baja y deja que pese lo que pesa. No busques ideas nuevas ni te exijas sentir algo. Basta con quedarte ahí, sobre la piedra que Dios puso.
Para meditar
- ¿En qué te apoyas cuando quieres sentir seguridad rápido?
- ¿Qué tarea o carga de tu vida necesita hoy más paciencia que fuerza?
- ¿Qué significa para ti que la piedra la haya puesto Dios y no nosotros?
Oración
Admito que hoy me gana la prisa: quiero arreglarlo todo ya y con mis propias medidas, aun sabiendo que hay un cimiento que tú pusiste. Perdóname los refugios que armo con excusas y con planes, tan angostos como esa cama. Enséñame a esperar tu tiempo, a aceptar tu corrección y a confiar en la piedra de esquina, que es Cristo. Que mi vida se deje ajustar a tu cordel y a tu nivel. Amén.