Saltar al contenido

Alabanza y adoración

Una llaga, unos higos y un canto

Lectura · Isaías 38:20-22

20Jehová para salvarme; por tanto cantaremos nuestros salmos en la casa de Jehová todos los días de nuestra vida.

21Y había dicho Isaías: Tomen masa de higos, y pónganla en la llaga, y sanará.

22Había asimismo dicho Ezechîas: ¿Qué señal tendré de que he de subir á la casa de Jehová?

Isaías 38:20-22

«Jehová para salvarme». Así empiezan estos versículos, con una frase corta que dice más de Dios que de quien la pronuncia. El rey Ezequías no se pone en el centro: cuenta que Jehová estuvo para salvarlo. Y de esa frase el pasaje pasa enseguida a un «por tanto», como quien avisa que lo que viene es consecuencia. Antes de hablar de remedios y de preguntas, el texto deja claro quién salva. Conviene leer lo demás con esa frase al lado.

Ese «por tanto» lleva a un canto: «cantaremos nuestros salmos en la casa de Jehová todos los días de nuestra vida». Los salmos eran las canciones con que el pueblo alababa a Dios. Cantar es lo que sigue de haber sido salvado. Fíjate también que se pasa de uno a varios: quien fue salvado canta ahora en plural. Y hablar de todos los días de la vida apunta a una costumbre larga, no a un momento fuerte que se olvida.

El versículo 21 vuelve atrás: «Y había dicho Isaías: Tomen masa de higos, y pónganla en la llaga, y sanará». Según el resto del capítulo, el rey había estado gravemente enfermo. Una llaga es una úlcera o herida dolorosa, y lo que se ordena es poner encima una pasta de higos. Las órdenes están en plural, como dichas a varias personas. El texto no dice que los higos curen por sí solos: junta una palabra del profeta con una acción concreta.

El versículo 22 recoge lo que Ezequías había preguntado: «¿Qué señal tendré de que he de subir á la casa de Jehová?». Pregunta por subir a la casa de Jehová, el lugar donde se cantaba y se adoraba. Para subir tendría que sanar, y así la salud aparece unida a ese deseo. Es una lectura, no un dato del versículo: el texto no comenta la pregunta ni la corrige, la deja tal como fue dicha.

Muchos separamos lo espiritual de lo práctico: orar por un lado, atendernos por otro. Este pasaje los junta: un canto, una llaga, una pasta de higos y una pregunta sobre la casa de Dios. Puedes pedirle a Dios por tu salud, o por la de alguien que quieres, y a la vez sacar la hora en el consultorio y tomar el remedio. No sabemos cómo terminará cada enfermedad, y el texto no lo promete. Lo que deja es un modo de caminar: pedir, usar con gratitud lo que hay a mano y querer la vida para algo mayor que uno mismo.

Hoy, en el bus, en la cocina o mientras esperas turno, haz tuyo el agradecimiento de Ezequías, sin pretensión y sin que nadie tenga que oírte. Que sea tu pequeña forma de decir, a lo largo de un día común y corriente, aquello que él cantó: «Jehová para salvarme».

Para vivirlo hoy

Elige hoy un momento de cuidado: tomar un remedio, pedir una hora, preparar algo para quien está enfermo. Si ninguno te toca, elige el recuerdo de un cuidado que recibiste. Ahí, en voz baja, tararea o canta una canción que hable de Dios, o repite despacio: «Jehová para salvarme». Bastan tres minutos, y es un gesto pequeño: dar gracias mientras usas lo que Dios puso a tu alcance.

Para meditar

  • ¿Qué situación tuya necesita hoy tanto una oración como un paso concreto, como una cita, una llamada o un papel?
  • Ezequías preguntó por una señal para subir a la casa de Jehová. ¿Qué es lo que tú más deseas cuidar para estar cerca de Dios?
  • ¿Qué canto, aunque sea corto, podrías hacer parte de tus días como respuesta a lo que Dios ha hecho por ti?

Oración

Dios que salvas, tú no desprecias lo pequeño: una palabra dicha por un profeta, un puñado de higos sobre una llaga. Gracias por los remedios y por las manos que cuidan. Concédeme pedirte con sinceridad y usar con gratitud lo que pones a mi alcance, sin poner a nadie en tu lugar. Que mis días, fáciles o pesados, terminen en canto, como los de Ezequías. Y que lo que más desee sea, como él, subir a tu casa. Amén.

WhatsApp