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Valor y perseverancia

Una puerta se cierra en Antioquía y otra queda abierta

Lectura · Hechos 13:39-52

39Y de todo lo que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en éste es justificado todo aquel que creyere.

40Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas;

41Mirad, oh menospreciadores, y entonteceos, y desvaneceos; porque yo obro una obra en vuestros días, obra que no creeréis, si alguien os la contare.

42Y saliendo ellos de la sinagoga de los Judíos, los Gentiles les rogaron que el sábado siguiente les hablasen estas palabras.

43Y despedida la congregación, muchos de los Judíos y de los religiosos prosélitos siguieron á Pablo y á Bernabé; los cuales hablándoles, les persuadían que permaneciesen en la gracia de Dios.

44Y el sábado siguiente se juntó casi toda la ciudad á oir la palabra de Dios.

45Mas los Judíos, visto el gentío, llenáronse de celo, y se oponían á lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando.

46Entonces Pablo y Bernabé, usando de libertad, dijeron: A vosotros á la verdad era menester que se os hablase la palabra de Dios; mas pues que la desecháis, y os juzgáis indignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos á los Gentiles.

47Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los Gentiles, para que seas salud hasta lo postrero de la tierra.

48Y los Gentiles oyendo esto, fueron gozosos, y glorificaban la palabra del Señor: y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.

49Y la palabra del Señor era sembrada por toda aquella provincia.

50Mas los Judíos concitaron mujeres pías y honestas, y á los principales de la ciudad, y levantaron persecución contra Pablo y Bernabé, y los echaron de sus términos.

51Ellos entonces sacudiendo en ellos el polvo de sus pies, vinieron á Iconio.

52Y los discípulos estaban llenos de gozo, y del Espíritu Santo.

Hechos 13:39-52

Pablo y Bernabé acaban de salir de la sinagoga cuando reciben un ruego: los que no eran judíos les piden que el sábado siguiente les hablen estas mismas palabras. Y no es lo único. Despedida la reunión, muchos judíos y muchos extranjeros que se habían acercado a la fe de Israel los siguen, y los dos les insisten en que permanezcan en la gracia de Dios. Se nota un hambre por oír más.

Lo que habían oído era esto: «de todo lo que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en éste es justificado todo aquel que creyere». Justificado quiere decir declarado justo ante Dios, y ese «éste» es Jesús, de quien Pablo venía hablando. Lo que la ley no lograba, lo recibe todo el que cree en él. Pablo añade un aviso serio: que nadie desprecie una obra de Dios que sucede en sus días, aunque cueste creerla.

El sábado siguiente se junta casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios. Algunos de los judíos, al ver el gentío, se llenan de celo, y contradicen a Pablo y lo ofenden. Entonces Pablo y Bernabé hablan con libertad: «A vosotros á la verdad era menester que se os hablase la palabra de Dios», es decir, a ellos les tocaba oírla primero. Pero, como la desechan, dicen: «nos volvemos á los Gentiles». Cuando una puerta se cierra, siguen hacia la que sí está abierta.

Lo hacen porque así lo ha mandado el Señor: «Te he puesto para luz de los Gentiles, para que seas salud hasta lo postrero de la tierra». Salud quiere decir aquí salvación, y lo postrero de la tierra, el último rincón del mundo. Los que no eran judíos, al oírlo, se llenan de gozo y glorifican la palabra del Señor. Y esa palabra «era sembrada por toda aquella provincia». Como semilla, no se queda en un solo lugar ni en una sola gente.

Pero no todos lo reciben con alegría. Algunos judíos incitan a mujeres piadosas y respetadas, y a los principales de la ciudad, y levantan una persecución contra Pablo y Bernabé, y los echan de la región. Los dos sacuden el polvo de sus pies y siguen a Iconio. Y el relato termina con esta frase: «Y los discípulos estaban llenos de gozo, y del Espíritu Santo». Se van los dos expulsados, y el gozo sigue allí.

A veces uno da lo mejor de sí y recibe una puerta cerrada: una propuesta rechazada en el trabajo, una conversación en casa que termina mal, un servicio que nadie agradeció. Esta historia no promete que todos aceptarán lo que ofrecemos. Muestra a dos personas que siguen su camino, una palabra que continúa sembrándose donde la reciben y un gozo que aparece justo cuando los expulsan. ¿Qué puerta abierta tienes hoy delante, mientras piensas en la que se cerró?

Para vivirlo hoy

Recuerda una puerta que se te cerró hace poco: un rechazo, una respuesta que no llegó, un plan que no salió. Escribe en un papel una sola frase que la nombre, entrégasela a Dios en oración y guarda el papel en un cajón, o rómpelo. Es una decisión pequeña: soltar lo que pasó para poder seguir camino.

Para meditar

  • ¿Qué rechazo sigo mirando, aunque ya sea tiempo de seguir camino?
  • ¿Qué necesito oír otra vez, como aquellos que pidieron que les hablaran de nuevo estas palabras?
  • ¿En qué situación de hoy puedo pedir un gozo que no dependa de que todos estén de acuerdo conmigo?

Oración

«Llenos de gozo, y del Espíritu Santo»: así quiero estar, Padre, aun cuando una puerta se me cierre. Gracias porque lo que la ley no lograba lo das en Jesús a todo el que cree. Gracias por la palabra que se siembra donde nadie la esperaba. Enséñame a soltar el rechazo, a sacudir el polvo sin amargura y a caminar hacia la puerta que tú abres. Que no me falte gozo, que no me falte tu Espíritu y que no me falten ganas de oír de nuevo tu palabra. Amén.

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