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Fe y confianza

Una mano que toca, una palabra que basta y un llamado a seguir

Lectura · San Mateo 8:1-23

1Y COMO descendió del monte, le seguían muchas gentes.

2Y he aquí un leproso vino, y le adoraba, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme.

3Y extendiendo Jesús su mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y luego su lepra fué limpiada.

4Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas á nadie; mas ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece el presente que mandó Moisés, para testimonio á ellos.

5Y entrando Jesús en Capernaum, vino á él un centurión, rogándole,

6Y diciendo: Señor, mi mozo yace en casa paralítico, gravemente atormentado.

7Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.

8Y respondió el centurión, y dijo: Señor, no soy digno de que entres debajo de mi techado; mas solamente di la palabra, y mi mozo sanará.

9Porque también yo soy hombre bajo de potestad, y tengo bajo de mí soldados: y digo á éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace.

10Y oyendo Jesús, se maravilló, y dijo á los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado fe tanta.

11Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos:

12Mas los hijos del reino serán echados á las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.

13Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creiste te sea hecho. Y su mozo fué sano en el mismo momento.

14Y vino Jesús á casa de Pedro, y vió á su suegra echada en cama, y con fiebre.

15Y tocó su mano, y la fiebre la dejó: y ella se levantó, y les servía.

16Y como fué ya tarde, trajeron á él muchos endemoniados; y echó los demonios con la palabra, y sanó á todos los enfermos;

17Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.

18Y viendo Jesús muchas gentes alrededor de sí, mandó pasar á la otra parte del lago.

19Y llegándose un escriba, le dijo: Maestro, te seguiré á donde quiera que fueres.

20Y Jesús le dijo: Las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recueste su cabeza.

21Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, dame licencia para que vaya primero, y entierre á mi padre.

22Y Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren á sus muertos.

23Y entrando él en el barco, sus discípulos le siguieron.

San Mateo 8:1-23

Cae la tarde y el día ya pesa. Queda la cena por hacer, el dinero no alcanza para todo y en casa alguien tiene fiebre. Uno querría que alguien entrara por la puerta, mirara lo que pasa y se quedara un rato. Algo parecido recorre este capítulo: un día largo de Jesús, con gente que lo sigue, enfermedades, una casa, una tarde llena de necesidad y, al final, un barco.

Primero, un leproso se acerca, le adora y dice: «Señor, si quisieres, puedes limpiarme», es decir, si quieres. No exige nada; pone su deseo en manos de Jesús. La respuesta empieza con un gesto, porque Jesús extiende la mano y lo toca, y sigue con una palabra: «Quiero; sé limpio». Después le manda mostrarse al sacerdote y ofrecer lo que Moisés mandó. Jesús no se queda a distancia: toca, y mientras toca habla.

Luego, en Capernaum, un centurión, oficial con soldados a su mando, ruega por su mozo, alguien a su servicio que yace en casa paralítico. Dice que no es digno de que Jesús entre en su casa: «solamente di la palabra, y mi mozo sanará». Jesús se maravilla: ni aun en Israel ha hallado fe tanta. Y añade algo serio: vendrán muchos de oriente y de occidente a sentarse con Abraham, Isaac y Jacob, mientras «los hijos del reino serán echados á las tinieblas de afuera». El texto no suaviza la advertencia: a Jesús lo mueve la fe, no el origen.

Después Jesús llega a casa de Pedro y ve a su suegra en cama, con fiebre. Le toca la mano, y «la fiebre la dejó: y ella se levantó, y les servía». Cuando ya es tarde le traen a muchos endemoniados y enfermos, y Jesús los sana con su palabra. El pasaje lo une a lo dicho por Isaías: «El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias». No dice que hoy todo mal desaparezca; muestra a un Salvador que no se queda al margen del dolor: se acerca, lo toca y lo carga.

Al final hay dos que quieren seguirlo. Un escriba dice que irá tras él adonde vaya, y Jesús responde con una imagen: «el Hijo del hombre no tiene donde recueste su cabeza», hoy diríamos donde apoyar la cabeza. Seguirlo no promete comodidad. Otro discípulo pide ir primero a enterrar a su padre, y Jesús le dice: sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos. El texto no explica esta frase dura. No dice que enterrar a un padre sea poco. Quizá muestra que Jesús no quiere ser un asunto para cuando todo lo demás esté resuelto.

Todo el recorrido cabe entre una mano que toca y un barco que zarpa. Jesús se acerca al que sufre, responde a la fe y también llama. Al final los discípulos entran al barco y lo siguen. Quizá hoy, en medio de la tarde larga, con la casa de fiebre y la cuenta pendiente, la invitación sea la misma: «Sígueme».

Para vivirlo hoy

¿A quién conoces que atraviesa ahora mismo una enfermedad, una espera larga o un cansancio que no se le nota? Esta semana ve a verla, o llámala, y ofrécele un rato de tu tiempo. No hace falta tener palabras sabias: pregúntale cómo está de verdad y quédate a escuchar. Jesús fue a la casa de Pedro y se acercó a quien estaba en cama; a veces lo primero que ayuda es estar.

Para meditar

  • ¿Qué parte de tu día pondrías hoy en manos de Jesús con las palabras del leproso: si quieres, puedes?
  • ¿Dónde te cuesta confiar en que su palabra alcanza, aunque no lo veas llegar a tu casa?
  • ¿Qué asunto has dejado para después que en realidad tiene que ver con seguirlo?

Oración

Entra hoy en mi casa, Jesús, como entraste en la de Pedro, y mira lo que allí pesa: el cansancio, las cuentas, las personas que quiero. Toca con tu mano lo que hoy me agobia. Enséñame a confiar en tu palabra como el centurión, aunque no te vea llegar. Dame cercanía con quien sufre cerca de mí. Y cuando me llames a seguirte, ayúdame a no dejarlo para más tarde. Amén.

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