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Justicia y compasión

Espigas, una mano seca y la misericordia que Dios prefiere

Lectura · San Mateo 12:1-25

1EN aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en sábado; y sus discípulos tenían hambre, y comenzaron á coger espigas, y á comer.

2Y viéndolo los Fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado.

3Y él les dijo: ¿No habéis leído qué hizo David, teniendo él hambre y los que con él estaban:

4Cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no le era lícito comer, ni á los que estaban con él, sino á solos los sacerdotes?

5O ¿no habéis leído en la ley, que los sábados en el templo los sacerdotes profanan el sábado, y son sin culpa?

6Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí.

7Mas si supieseis qué es: Misericordia quiero y no sacrificio, no condenaríais á los inocentes:

8Porque Señor es del sábado el Hijo del hombre.

9Y partiéndose de allí, vino á la sinagoga de ellos.

10Y he aquí había allí uno que tenía una mano seca: y le preguntaron, diciendo: ¿Es lícito curar en sábado? por acusarle.

11Y él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si cayere ésta en una fosa en sábado, no le eche mano, y la levante?

12Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Así que, lícito es en los sábados hacer bien.

13Entonces dijo á aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y fué restituída sana como la otra.

14Y salidos los Fariseos, consultaron contra él para destruirle.

15Mas sabiéndolo Jesús, se apartó de allí: y le siguieron muchas gentes, y sanaba á todos.

16Y él les encargaba eficazmente que no le descubriesen:

17Para que se cumpliese lo que estaba dicho por el profeta Isaías, que dijo:

18He aquí mi siervo, al cual he escogido; mi Amado, en el cual se agrada mi alma: pondré mi Espíritu sobre él, y á los Gentiles anunciará juicio.

19No contenderá, ni voceará: ni nadie oirá en las calles su voz.

20La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque á victoria el juicio.

21Y en su nombre esperarán los Gentiles.

22Entonces fué traído á él un endemoniado, ciego y mudo, y le sanó; de tal manera, que el ciego y mudo hablaba y veía.

23Y todas las gentes estaban atónitas, y decían: ¿Será éste aquel Hijo de David?

24Mas los Fariseos, oyéndolo, decían: Este no echa fuera los demonios, sino por Beelzebub, príncipe de los demonios.

25Y Jesús, como sabía los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es desolado; y toda ciudad ó casa dividida contra sí misma, no permanecerá.

San Mateo 12:1-25

Dios prefiere la misericordia. Jesús lo dice citando unas palabras en las que Dios habla en primera persona: «Misericordia quiero y no sacrificio». Y no lo dice desde un lugar solemne, sino caminando por un sembrado, junto a unos discípulos con hambre. El Dios que aquí se muestra se fija en la persona que tiene delante antes que en el cumplimiento de un rito.

La escena empieza en sábado. Los discípulos tienen hambre y comienzan a coger espigas y a comer. Los fariseos protestan: hacen lo que no es lícito, es decir, lo que no está permitido en sábado. Jesús no responde con una regla nueva: les recuerda que David, con hambre, entró en la casa de Dios y comió los panes reservados a los sacerdotes. Y añade: «uno mayor que el templo está aquí». Cierra con una frase que pesa: «Señor es del sábado el Hijo del hombre».

En la sinagoga hay un hombre con una mano seca. Le preguntan a Jesús si es lícito curar en sábado, y el texto dice para qué: por acusarle. Jesús responde con una oveja caída en un hoyo, que cualquiera levantaría, y concluye: «cuánto más vale un hombre que una oveja». Luego le pide al hombre que extienda la mano, y queda sana como la otra. Los fariseos salen a consultar cómo destruirle. Un bien hecho en sábado provoca en ellos un plan de muerte, y el texto lo cuenta sin adornos.

Jesús lo sabe y se aparta, pero la gente lo sigue y él sana a todos. El evangelio ve en eso lo dicho por Isaías sobre un siervo escogido, con el Espíritu de Dios sobre él, que ni pelea ni grita: «La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará». Una caña cascada es una caña rota a medias; el pábilo es la mecha de una lámpara que apenas humea. Al final, cuando dicen que actúa por Beelzebub, príncipe de los demonios, Jesús responde que un reino dividido contra sí mismo queda desolado.

Hoy también hay días en que una regla parece más importante que la persona. Puede ser una norma del trabajo que nadie se atreve a flexibilizar, o una costumbre de la casa. Las reglas sirven y muchas veces protegen. Pero Jesús muestra que sirven de verdad cuando terminan en alguien que recibe un bien: una persona con hambre, una mano que vuelve a abrirse. Para él, el bien posible hoy pesa más que el permiso perfecto: «lícito es en los sábados hacer bien», o sea, está permitido.

Este es el Siervo que Dios escogió, su Amado, en quien se agrada su alma: no viene a quebrar lo que ya está a medio romper. Por eso, hoy, cuando veas algo frágil, un ánimo por el suelo, una conversación a punto de romperse, una persona con la mecha casi apagada, trátalo como él trata a la caña cascada: sin quebrarla, sin apagar lo que aún humea.

Para vivirlo hoy

En menos de diez minutos, haz hoy un gesto de misericordia concreto: lleva un vaso de agua, un pan o una fruta a alguien con quien compartes el día, en casa, en el trabajo o en el camino. Hazlo sin explicarlo y sin esperar que lo noten. Es una forma pequeña de responder a un hambre real, como la de los discípulos en el sembrado.

Para meditar

  • ¿En qué situación de tu semana una regla y una persona con una necesidad tiran en direcciones distintas?
  • ¿Qué parte de tu vida se parece hoy a una caña cascada o a una mecha que apenas humea?
  • ¿A quién podrías llevarle hoy algo de comer, o una palabra de ánimo, sin pedir nada a cambio?

Oración

«Misericordia quiero y no sacrificio»: eso dijiste, Jesús, y hoy quiero aprenderlo contigo. Gracias porque eres Señor del sábado y no usas tu poder para aplastar, sino para levantar. Tu manera de tratar lo frágil es no quebrarlo ni apagarlo. Enséñame a mirar primero a la persona y después la regla. Cuando me acusen, dame calma; cuando haya hambre cerca, dame manos. Que mi vida no se llene de cosas correctas y se quede vacía de bondad. Amén.

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