Liderazgo y responsabilidad
Una carga demasiado grande para uno solo
Lectura · Deuteronomio 1:1-17
1ESTAS son las palabras que habló Moisés á todo Israel de esta parte del Jordán en el desierto, en el llano delante del mar Bermejo, entre Parán, y Thopel, y Labán, y Haseroth, y Dizahab.
2Once jornadas hay desde Horeb, camino del monte de Seir, hasta Cades-barnea.
3Y fué, que á los cuarenta años, en el mes undécimo, al primero del mes, Moisés habló á los hijos de Israel conforme á todas las cosas que Jehová le había mandado acerca de ellos;
4Después que hirió á Sehón rey de los Amorrheos, que habitaba en Hesbón, y á Og rey de Basán, que habitaba en Astarot en Edrei:
5De esta parte del Jordán, en tierra de Moab, resolvió Moisés declarar esta ley, diciendo:
6Jehová nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo: Harto habéis estado en este monte;
7Volveos, partíos é id al monte del Amorrheo, y á todas sus comarcas, en el llano, en el monte, y en los valles, y al mediodía, y á la costa de la mar, á la tierra del Cananeo, y el Líbano, hasta el gran río, el río Eufrates.
8Mirad, yo he dado la tierra en vuestra presencia; entrad y poseed la tierra que Jehová juró á vuestros padres Abraham, Isaac, y Jacob, que les daría á ellos y á su simiente después de ellos.
9Y yo os hablé entonces, diciendo: Yo no puedo llevaros solo:
10Jehová vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí sois hoy vosotros como las estrellas del cielo en multitud.
11¡Jehová Dios de vuestros padres añada sobre vosotros como sois mil veces, y os bendiga, como os ha prometido!
12¿Cómo llevaré yo solo vuestras molestias, vuestras cargas, y vuestros pleitos?
13Dadme de entre vosotros, de vuestras tribus, varones sabios y entendidos y expertos, para que yo los ponga por vuestros jefes.
14Y me respondisteis, y dijisteis: Bueno es hacer lo que has dicho.
15Y tomé los principales de vuestras tribus, varones sabios y expertos, y púselos por jefes sobre vosotros, jefes de millares, y jefes de cientos, y jefes de cincuenta, y cabos de diez, y gobernadores á vuestras tribus.
16Y entonces mandé á vuestros jueces, diciendo: Oid entre vuestros hermanos, y juzgad justamente entre el hombre y su hermano, y el que le es extranjero.
17No tengáis respeto de personas en el juicio: así al pequeño como al grande oiréis: no tendréis temor de ninguno, porque el juicio es de Dios: y la causa que os fuere difícil, la traeréis á mí, y yo la oiré.
Es tarde y la mesa de la cocina sigue cubierta de papeles: un formulario por llenar, un correo del trabajo sin responder, un trámite que un familiar no puede hacer sin ayuda. Nada de eso es enorme por separado. Lo pesado es que todo fue llegando a tus manos, y que cada pendiente tiene a alguien esperando. Quizá has pensado que, si vieran lo que sostienes, entenderían tu cansancio. Algo así se oye en la primera página de Deuteronomio.
Moisés está en tierra de Moab, de este lado del Jordán, el primer día del mes undécimo del año cuarenta. Desde Horeb hasta Cades-barnea hay once jornadas de camino, y ya cayeron Sehón, rey de los amorreos, y Og, rey de Basán: la guerra también forma parte de este recuerdo. Moisés habla a los hijos de Israel conforme a todo lo que Jehová le había mandado acerca de ellos.
Recuerda primero lo que Dios les dijo en Horeb: «Harto habéis estado en este monte». Harto quiere decir bastante: ya fue suficiente quedarse ahí. Y viene la razón: «Mirad, yo he dado la tierra en vuestra presencia». Esa tierra es la que Jehová juró a Abraham, Isaac y Jacob, y a sus descendientes después de ellos. Dios aparece aquí como quien recuerda lo que juró y lo lleva a su cumplimiento.
Entonces Moisés admite algo que pocos líderes dicen en voz alta: él solo no puede con este pueblo. Lo dice después de reconocer que Jehová los ha multiplicado hasta ser «como las estrellas del cielo en multitud». Un pueblo tan numeroso es una bendición que también pesa. Y pregunta: «¿Cómo llevaré yo solo vuestras molestias, vuestras cargas, y vuestros pleitos?» Las molestias son los problemas que agobian; los pleitos, las disputas entre unos y otros.
La salida no es que Moisés haga menos, sino que la carga se reparta. Pide gente sabia, entendida y con experiencia, y el pueblo responde: «Bueno es hacer lo que has dicho». Nacen así jefes de millares, de cientos, de cincuenta y de diez. A los jueces les manda oír y juzgar con justicia entre hermanos y también al extranjero: «No tengáis respeto de personas en el juicio». Quiere decir que el pequeño y el grande merecen la misma atención. Las causas más difíciles llegan hasta Moisés. Nadie sostiene todo, y nadie queda sin quien lo escuche.
Esto toca a cualquiera que hoy cargue con una casa, un negocio, un equipo o una comunidad. Aquí es Moisés quien pide ayuda y el pueblo quien la aporta; repartir la carga no le quita nada a su liderazgo. Y el versículo 17 añade otra luz: quien juzga no responde solo ante los demás, porque «el juicio es de Dios», y eso libera del miedo a quedar bien con todos. Quien sí puede con todo es Cristo, que invita a los cansados a acercarse a él. Moisés lo dijo sin adornos: «Yo no puedo llevaros solo».
Para vivirlo hoy
Elige una sola carga que llevas sin compañía y, en los próximos días, cuéntale a una persona sabia y de confianza cuál es la parte concreta que más pesa. Pídele ayuda con algo pequeño y definido, como escucharte, revisar un papel o acompañarte a un trámite.
Para meditar
- ¿Qué carga estás llevando estos días como si nadie más pudiera sostenerla contigo?
- ¿Quiénes a tu alrededor tienen sabiduría y experiencia, y podrían recibir una parte de lo que te pesa?
- Moisés dijo en voz alta que no podía con todo. ¿Qué te ayudaría a decirlo con sencillez ante Dios y ante alguien de confianza?
Oración
Dios de Abraham, Isaac y Jacob, tú cumples lo que juras. Me resulta más fácil seguir cargando en silencio que decir en voz alta que no puedo con todo, y a veces aparento fortaleza porque temo que se note mi debilidad. Gracias porque Moisés no tuvo que sostener solo a un pueblo, y otros compartieron la carga con él. Dame humildad para reconocer mis límites, buen juicio para elegir en quién apoyarme y disposición para escuchar con justicia a quien llegue a mi puerta. Amén.