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Oración

Un salmo que termina en la oscuridad y aun así sigue orando

Lectura · Salmos 88:1-18

1Canción: Salmo para los hijos de Coré: al Músico principal: para cantar sobre Mahalath: Masquil de Hemán Ezrahita. OH Jehová, Dios de mi salud, día y noche clamo delante de ti.

2Entre mi oración en tu presencia: inclina tu oído á mi clamor.

3Porque mi alma está harta de males, y mi vida cercana al sepulcro.

4Soy contado con los que descienden al hoyo, soy como hombre sin fuerza:

5Libre entre los muertos, como los matados que yacen en el sepulcro, que no te acuerdas más de ellos, y que son cortados de tu mano.

6Hasme puesto en el hoyo profundo, en tinieblas, en honduras.

7Sobre mí se ha acostado tu ira, y me has afligido con todas tus ondas. (Selah.)

8Has alejado de mí mis conocidos: hasme puesto por abominación á ellos: encerrado estoy, y no puedo salir.

9Mis ojos enfermaron á causa de mi aflicción: hete llamado, oh Jehová, cada día; he extendido á ti mis manos.

10¿Harás tú milagro á los muertos? ¿levantaránse los muertos para alabarte? (Selah.)

11¿Será contada en el sepulcro tu misericordia, ó tu verdad en la perdición?

12¿Será conocida en las tinieblas tu maravilla, ni tu justicia en la tierra del olvido?

13Mas yo á ti he clamado, oh Jehová; y de mañana mi oración te previno.

14¿Por qué, oh Jehová, desechas mi alma? ¿por qué escondes de mí tu rostro?

15Yo soy afligido y menesteroso: desde la mocedad he llevado tus terrores, he estado medroso.

16Sobre mí han pasado tus iras; tus espantos me han cortado.

17Hanme rodeado como aguas de continuo; hanme cercado á una.

18Has alejado de mí el amigo y el compañero; y mis conocidos se esconden en la tiniebla.

Salmos 88:1-18

Casi todos los salmos que hablan de dolor terminan con una rendija de luz: una promesa, un giro de confianza, una alabanza al final. Este no. Recorre dieciocho versículos de pura aflicción y se detiene en la oscuridad, sin explicarla. Alguien podría preguntarse por qué un texto así está en la Biblia, y la respuesta es sencilla: Dios quiso que quien atraviesa una noche larga encontrara en su Palabra una oración hecha a su medida. Tu tristeza también cabe aquí.

El salmista sí empieza con una frase de firmeza: «Jehová, Dios de mi salud, día y noche clamo delante de ti». En el castellano antiguo, salud quiere decir salvación: ese nombre es el Dios que salva. Desde ahí todo baja. Su alma está «harta de males», se siente contado entre los que descienden al hoyo, sin fuerzas, como olvidado. Siente que el enojo de Dios pesa sobre él y que las aguas lo rodean sin descanso. Sus conocidos se han alejado, y dice: «encerrado estoy, y no puedo salir».

Aun así, no se calla. Su queja misma es oración: «¿Por qué, oh Jehová, desechas mi alma? ¿por qué escondes de mí tu rostro?». «Desechas» quiere decir rechazas: él siente que Dios lo ha apartado. Y sin embargo, de mañana vuelve a orar: «Mas yo á ti he clamado, oh Jehová; y de mañana mi oración te previno». Previno no significa advirtió, sino se adelantó: apenas empezaba el día y su oración ya había salido al encuentro de Dios. Este salmo muestra a un Dios a quien se le puede decir la verdad completa sin que la relación se rompa.

Hoy hay personas que leen estas palabras desde su propia noche: una enfermedad larga, un duelo que no cede, un trabajo perdido, un matrimonio que se enfrió, un cansancio que ya no se arregla durmiendo. Y muchas sienten que los amigos se fueron apartando, a veces por miedo, a veces porque no saben qué decir. El salmista lo nombra: «Has alejado de mí el amigo y el compañero». Este salmo te da permiso para orar sin final feliz. A veces la oración más honesta es seguir llamando aunque no se vea nada.

Quien lee este salmo a la luz del evangelio se acuerda de Jesús, que también conoció la angustia de su pasión: sus amigos lo dejaron y en la cruz clamó con dolor. No pasó de lejos por la noche del alma; entró en ella. Por eso, cuando clamas en la oscuridad, no le hablas a alguien que ignora lo que se siente. El salmo no explica nuestras noches; nos pone delante de un Dios que escucha y de un Salvador que sabe lo que es esa oscuridad.

El último verso no suaviza nada. Termina con los conocidos escondidos en la tiniebla, y la oración queda ahí, puesta delante de Dios, tal como salió. Quizás hoy tu paso sea solo ese: no cerrar la conversación. Hablarle a Dios desde donde estás, con el cansancio que tienes, ya es un acto de fe. Nadie te pide más. Y el nombre con que todo empezó, Dios de mi salud, sigue siendo suyo aunque hoy no lo sientas cerca.

Para vivirlo hoy

Si estás en una noche larga, dile hoy a Dios con tus propias palabras lo que sientes, sin ordenarlo. Y no lo lleves solo: cuéntaselo a tu pastor o a una persona de confianza. Si aparecen pensamientos de hacerte daño o de que no vale la pena seguir, busca ayuda profesional o un servicio de emergencia hoy mismo. Si no es tu caso, acércate a alguien que sufre y solo acompáñalo, sin apurarlo.

Para meditar

  • ¿Qué llevas callado ante Dios por temor a que suene poco espiritual?
  • ¿Quién podría acompañarte hoy en lo que cargas, o a quién podrías acompañar tú sin darle consejos apurados?
  • ¿Qué cambia en tu manera de orar saber que este salmo termina sin consuelo y aun así está en la Biblia?

Oración

Dios de mi salud, hoy no tengo palabras bonitas. Tengo cansancio, preguntas y noches largas. Inclina tu oído a mi clamor y no te alejes de mí. Ayúdame a seguir hablándote aunque no vea respuesta, y a no encerrarme lejos de las personas que pones a mi lado. Cuida a quienes hoy no encuentran salida; acércales a alguien que los escuche. Tu Hijo conoció la oscuridad, y eso me da valor para seguir llamándote esta noche. Amén.

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