Juicio y misericordia
Una tienda abandonada y un pastor elegido
Lectura · Salmos 78:58-72
58Y enojáronlo con sus altos, y provocáronlo á celo con sus esculturas.
59Oyólo Dios, y enojóse, y en gran manera aborreció á Israel.
60Dejó por tanto el tabernáculo de Silo, la tienda en que habitó entre los hombres;
61Y dió en cautividad su fortaleza, y su gloria en mano del enemigo.
62Entregó también su pueblo á cuchillo, y airóse contra su heredad.
63El fuego devoró sus mancebos, y sus vírgenes no fueron loadas en cantos nupciales.
64Sus sacerdotes cayeron á cuchillo, y sus viudas no lamentaron.
65Entonces despertó el Señor á la manera del que ha dormido, como un valiente que grita excitado del vino:
66E hirió á sus enemigos en las partes posteriores: dióles perpetua afrenta.
67Y desechó el tabernáculo de José, y no escogió la tribu de Ephraim;
68Sino que escogió la tribu de Judá, el monte de Sión, al cual amó.
69Y edificó su santuario á manera de eminencia, como la tierra que cimentó para siempre.
70Y eligió á David su siervo, y tomólo de las majadas de las ovejas:
71De tras las paridas lo trajo, para que apacentase á Jacob su pueblo, y á Israel su heredad.
72Y apacentólos con entereza de su corazón; y pastoreólos con la pericia de sus manos.
Este trozo del salmo pone frente a frente dos escenas que casi no caben en el mismo pasaje: una tienda que Dios abandona y un pastor que Dios escoge. En un extremo hay espadas y viudas sin lamento; en el otro, alguien que cuidaba ovejas y recibe a un pueblo entero. Entre una y otra el salmo no esconde nada: Dios se retira, y Dios elige de nuevo.
La primera escena empieza con una acusación. Israel enojó a Dios con sus lugares altos de adoración y lo provocó a celos con imágenes talladas. Es idolatría, y el texto no busca excusas: Dios oyó, se enojó y aborreció a Israel en gran manera, una palabra fuerte que quiere decir que lo rechazó de lleno. Entonces dejó Silo, «la tienda en que habitó entre los hombres», y su gloria quedó en manos del enemigo. Lo más duro viene después: espada, fuego, sacerdotes caídos, y «sus viudas no lamentaron».
Aquí el salmo usa una imagen atrevida: «Entonces despertó el Señor á la manera del que ha dormido». Puede leerse así: después de un tiempo en que Dios entregó a su pueblo y se retiró de Silo, vuelve a actuar. Hiere a sus enemigos y les da afrenta perpetua. El salmo muestra que Dios toma en serio lo que se pone en su lugar: su juicio no es capricho, viene después de las imágenes talladas y los lugares altos.
Después llega el giro. Dios no escogió la tribu de Efraín, sino la de Judá, «el monte de Sión, al cual amó». Silo y Efraín se quedan atrás, y el salmo no dice que vuelvan. Pero Dios sigue actuando: «Y eligió á David su siervo», sacándolo de las majadas, es decir, de los corrales, para que cuidara de Jacob, su pueblo. Y lo hizo con entereza de corazón, o sea, con integridad, y con pericia de manos, que quiere decir habilidad.
Hoy no hace falta una escultura para poner en el centro cosas que no son Dios: el éxito, el dinero, la imagen que damos. Pero conviene no mezclar los casos. El salmo habla del juicio sobre la idolatría de todo un pueblo, y no toda temporada oscura de una persona es un castigo: Job sufrió sin merecerlo, y Jesús, el inocente, cargó con el dolor más grande. Lo que este pasaje deja ver es cómo obra Dios después del juicio: da quien cuide a los suyos.
Aun un buen pastor como David apunta más allá de sí mismo. Jesús, su descendiente, se presentó como el buen pastor, y en él Dios volvió a habitar entre los hombres, ya no en una tienda que puede quedar vacía, sino en persona. Para quien lo sigue, ese es el pastor pleno: cuida a los suyos con un corazón recto y con manos que saben lo que hacen.
Para vivirlo hoy
Aparta cinco minutos sin pantalla. Lee despacio, dos veces, esta frase: «Y apacentólos con entereza de su corazón; y pastoreólos con la pericia de sus manos». Apacentar quiere decir llevar a pastar y cuidar; pastoreólos, los guio como pastor; entereza, integridad; pericia, habilidad. Después guarda un minuto de silencio pensando en esas manos de pastor, las de Cristo, que sostienen hoy lo que a ti te pesa.
Para meditar
- ¿Qué cosas tienden a ocupar en tu corazón el lugar de Dios, y qué pequeño paso podrías dar para devolvérselo?
- ¿Cuándo has sentido que Dios dormía, y qué te ayudó, o qué te ayudaría, a seguir esperando?
- ¿Quién ha sido para ti un pastor de corazón íntegro y manos hábiles, y cómo podrías agradecérselo?
Oración
Habita entre nosotros, Dios, y no permitas que pongamos en tu lugar cosas que salen de nuestras propias manos. Cuando parezca que duermes, sostén nuestra espera. Gracias porque, después del juicio, seguiste actuando y diste un pastor a tu pueblo. Pastor bueno, cuídanos con rectitud y con manos que saben lo que hacen, y guía a quienes tienen a su cargo el cuidado de otros. Que en Jesús encontremos descanso y camino. Amén.