Gracia y perdón
Un rey que perdona la vida el día de su regreso
Lectura · 2 Samuel 19:14-29
14Así inclinó el corazón de todos los varones de Judá, como el de un solo hombre, para que enviasen á decir al rey: Vuelve tú, y todos tus siervos.
15Volvió pues el rey, y vino hasta el Jordán. Y Judá vino á Gilgal, á recibir al rey y pasarlo el Jordán.
16Y Semei hijo de Gera, hijo de Benjamín, que era de Bahurim, dióse priesa á venir con los hombres de Judá á recibir al rey David;
17Y con él venían mil hombres de Benjamín; asimismo Siba criado de la casa de Saúl, con sus quince hijos y sus veinte siervos, los cuales pasaron el Jordán delante del rey.
18Atravesó después la barca para pasar la familia del rey, y para hacer lo que le pluguiera. Entonces Semei hijo de Gera se postró delante del rey cuando él había pasado el Jordán.
19Y dijo al rey: No me impute mi señor iniquidad, ni tengas memoria de los males que tu siervo hizo el día que mi señor el rey salió de Jerusalem, para guardarlos el rey en su corazón;
20Porque yo tu siervo conozco haber pecado, y he venido hoy el primero de toda la casa de José, para descender á recibir á mi señor el rey.
21Y Abisai hijo de Sarvia respondió y dijo: ¿No ha de morir por esto Semei, que maldijo al ungido de Jehová?
22David entonces dijo: ¿Qué tenéis vosotros conmigo, hijos de Sarvia, que me habéis de ser hoy adversarios? ¿ha de morir hoy alguno en Israel? ¿no conozco yo que hoy soy rey sobre Israel?
23Y dijo el rey á Semei: No morirás. Y el rey se lo juró.
24También Mephi-boseth hijo de Saúl descendió á recibir al rey: no había lavado sus pies, ni había cortado su barba, ni tampoco había lavado sus vestidos, desde el día que el rey salió hasta el día que vino en paz.
25Y luego que vino él á Jerusalem á recibir al rey, el rey le dijo: Mephi-boseth, ¿por qué no fuiste conmigo?
26Y él dijo: Rey señor mío, mi siervo me ha engañado; pues había tu siervo dicho: Enalbardaré un asno, y subiré en él, é iré al rey; porque tu siervo es cojo.
27Empero él revolvió á tu siervo delante de mi señor el rey; mas mi señor el rey es como un ángel de Dios: haz pues lo que bien te pareciere.
28Porque toda la casa de mi padre era digna de muerte delante de mi señor el rey, y tú pusiste á tu siervo entre los convidados de tu mesa. ¿Qué derecho pues tengo aún para quejarme más contra el rey?
29Y el rey le dijo: ¿Para qué hablas más palabras? Yo he determinado que tú y Siba partáis las tierras.
¿Qué se hace con quien te hirió cuando por fin tienes el poder de responderle? Este pasaje contesta con una escena. David regresa como rey y los hombres de Judá salen a recibirlo al Jordán, con una barca para pasar a su familia. Pero a la orilla no llegan solo quienes celebran: llegan también quienes tienen cuentas pendientes con él.
El primero es Semei. Llega con prisa, con mil hombres de Benjamín, y con ellos viene Siba, criado de la casa de Saúl, con sus hijos y sus siervos. Semei se postra ante el rey, le pide que no guarde memoria de sus males y confiesa: «yo tu siervo conozco haber pecado». Entonces Abisai, hijo de Sarvia, pregunta si no debe morir quien maldijo al ungido de Jehová, es decir, al rey elegido por Dios. El texto no dice qué había en el corazón de Semei; solo cuenta lo que dijo y lo que David hizo.
David responde a los hijos de Sarvia, que se le ponen enfrente, con dos preguntas: «¿ha de morir hoy alguno en Israel? ¿no conozco yo que hoy soy rey sobre Israel?» Su razón es clara: hoy es rey, y no es día de ajustar cuentas. A Semei le dice: «No morirás». El texto agrega: «Y el rey se lo juró». Lo que David promete es no matarlo; cómo termina Semei se cuenta más adelante, y no es tan limpio. Él no nombra aquí a Dios, pero quien lee con fe puede pensar, con cautela, en cómo Dios recibe a quien llega con la cabeza baja.
Después llega Mephi-boseth, descendiente de Saúl, a quien David había sentado a su mesa. Desde el día en que el rey salió hasta que volvió en paz, dice el texto, «no había lavado sus pies, ni había cortado su barba, ni tampoco había lavado sus vestidos». No explica por qué. Cuando David le pregunta por qué no fue con él, responde que su siervo lo engañó y que él es cojo. Ese siervo es Siba, que según el relato anterior se había quedado con sus tierras. David corta la disputa con un reparto y no dice quién tenía razón.
En toda ofensa hay dos orillas: la de quien pide perdón y la de quien decide. Cualquiera puede estar hoy en una o en otra, con una vieja ofensa entre hermanos o vecinos. Perdonar no es decir que no dolió ni volver a exponerse sin cuidado: es dejar de cobrar. Lo que David hace con los límites de un rey humano, Jesús lo hace por completo: recibe al culpable que se acerca, porque cargó él mismo con lo que nos correspondía.
Esta historia no termina del todo ordenada: hay un reparto sin explicaciones, versiones sin comprobar y un perdón que David da con sus propios límites. Aun así, en medio de ese desorden, alguien que tenía el poder de cobrar eligió no hacerlo, y esa escena sigue hablando a quien carga con una cuenta pendiente. ¿Qué cambiaría entre dos personas distanciadas si quien tiene derecho a cobrar decidiera, hoy, no hacerlo?
Para vivirlo hoy
Elige a una persona a quien todavía le guardas una cuenta por algo que te hizo. Durante los próximos tres días, al comenzar la mañana, di su nombre delante de Dios y pídele ayuda para soltar esa cuenta. Puedes hacerlo sin sentir nada especial y sin hablar con esa persona; lo que cuenta es nombrarla con sinceridad.
Para meditar
- ¿En qué situación de tu vida tienes hoy la última palabra sobre alguien, y qué harías con ella si siguieras el ejemplo de David?
- Mephi-boseth dice no tener derecho a quejarse, porque el rey lo sentó a su mesa. ¿Qué recibiste tú sin merecerlo?
- Abisai pedía lo que parecía justo. ¿Cómo distingues, en un caso concreto, entre pedir justicia y guardar un rencor?
Oración
Perdonar con nombre y apellido me cuesta más que perdonar en general, y hoy lo admito: hay ofensas que repaso más de lo que quisiera. También yo llegué a ti con la cabeza baja, esperando que no me tomaras en cuenta mis faltas, y tu respuesta fue recibirme. Enséñame a hacer lo mismo con quien hoy tengo en la mente. Dame paciencia para no cobrar, y sinceridad para no fingir que no dolió. Amén.