Fe y confianza
David sube llorando el monte y devuelve el arca del pacto
Lectura · 2 Samuel 15:17-31
17Salió pues el rey con todo el pueblo que le seguía, y paráronse en un lugar distante.
18Y todos sus siervos pasaban á su lado, con todos los Ceretheos y Peletheos; y todos los Getheos, seiscientos hombres que habían venido á pie desde Gath, iban delante del rey.
19Y dijo el rey á Ittai Getheo: ¿Para qué vienes tú también con nosotros? vuélvete y quédate con el rey; porque tú eres extranjero, y desterrado también de tu lugar.
20¿Ayer viniste, y téngote de hacer hoy que mudes lugar para ir con nosotros? Yo voy como voy: tú vuélvete, y haz volver á tus hermanos; en ti haya misericordia y verdad.
21Y respondió Ittai al rey, diciendo: Vive Dios, y vive mi señor el rey, que, ó para muerte ó para vida, donde mi señor el rey estuviere, allí estará también tu siervo.
22Entonces David dijo á Ittai: Ven pues, y pasa. Y pasó Ittai Getheo, y todos sus hombres, y toda su familia.
23Y todo el país lloró en alta voz; pasó luego toda la gente el torrente de Cedrón; asimismo pasó el rey, y todo el pueblo pasó, al camino que va al desierto.
24Y he aquí, también iba Sadoc, y con él todos los Levitas que llevaban el arca del pacto de Dios; y asentaron el arca del pacto de Dios. Y subió Abiathar después que hubo acabado de salir de la ciudad todo el pueblo.
25Pero dijo el rey á Sadoc: Vuelve el arca de Dios á la ciudad; que si yo hallare gracia en los ojos de Jehová, él me volverá, y me hará ver á ella y á su tabernáculo:
26Y si dijere: No me agradas: aquí estoy, haga de mí lo que bien le pareciere.
27Dijo aún el rey á Sadoc sacerdote: ¿No eres tú el vidente? Vuélvete en paz á la ciudad; y con vosotros vuestros dos hijos, tu hijo Ahimaas, y Jonathán hijo de Abiathar.
28Mirad, yo me detendré en los campos del desierto, hasta que venga respuesta de vosotros que me dé aviso.
29Entonces Sadoc y Abiathar volvieron el arca de Dios á Jerusalem; y estuviéronse allá.
30Y David subió la cuesta de las olivas; y subióla llorando, llevando la cabeza cubierta, y los pies descalzos. También todo el pueblo que tenía consigo cubrió cada uno su cabeza, y subieron llorando así como subían.
31Y dieron aviso á David, diciendo: Achitophel está entre los que conspiraron con Absalom. Entonces dijo David: Entontece ahora, oh Jehová, el consejo de Achitophel.
Pacto. Es la palabra que el texto pone junto al arca en el versículo 24: «el arca del pacto de Dios». Un pacto es un compromiso solemne de Dios con su pueblo, y el arca, que llevan los levitas, era una señal de esa relación. Es la única vez que aparece la palabra, y David no la invoca. Pero quien lee con fe puede oírla como recordatorio de algo que no cambia con la huida: en Lamentaciones se dice que las misericordias de Dios son nuevas cada mañana.
El rey sale con todo el pueblo. Delante de él van seiscientos hombres de Gat, que habían llegado a pie. A Itai, el de Gat, David le dice que se vuelva: es extranjero, desterrado de su lugar, y llegó apenas ayer. «Yo voy como voy», le dice, y suena a una despedida generosa: le ofrece la posibilidad de volverse. Itai responde con un juramento: «o para muerte o para vida, donde mi señor el rey estuviere, allí estará también tu siervo». David acepta, y pasan Itai, todos sus hombres y toda su familia.
Luego aparecen el sacerdote Sadoc y los levitas con el arca, y la asientan. David les pide que la devuelvan a la ciudad. Sus palabras muestran que espera su regreso del favor de Jehová y no de tener el arca a su lado: «si yo hallare gracia en los ojos de Jehová», que hoy diríamos: si Él me mira con favor, Él me hará volver; y si no, «aquí estoy, haga de mí lo que bien le pareciere». Después despide a Sadoc y a sus hijos, para que le avisen cómo va todo.
David sube entonces la cuesta de los olivos llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos, y todo el pueblo sube igual, cada uno con la cabeza cubierta y llorando. Le avisan que Ajitofel está entre los que conspiraron con Absalón. Su oración es breve: «Entontece ahora, oh Jehová, el consejo de Achitophel», que quiere decir: vuelve necio ese consejo. David llora a la vista de todos y, aun así, pide algo concreto.
Nadie aquí tiene garantías. David no sabe cómo termina esto, Itai jura por un futuro que no conoce, y el pueblo camina llorando hacia el desierto. En esa incertidumbre, David entrega el resultado a Jehová y aun así hace lo que le toca: manda de vuelta el arca, deja a Sadoc y a sus hijos como avisadores y ora contra el consejo de Ajitofel.
A veces también nos toca esperar sin garantías: unos resultados, una casa que se deja, una relación que se rompe. No es rendirse; es decir la verdad y dejar el resultado en manos de Dios, sin dejar de hacer lo que toca. Aquella misma cuesta de los olivos vio, siglos después, a Jesús orar la noche en que uno de sus discípulos lo entregó. Esa noche habló de una nueva alianza en su sangre, y los cristianos creemos que en Él se cumple lo que el arca señalaba.
Para vivirlo hoy
Busca hoy cinco minutos de silencio y lee despacio los versículos 25 y 26. Deja que se quede contigo una frase: «si yo hallare gracia en los ojos de Jehová», que hoy diríamos: si me mira con favor. Luego pide algo concreto, como hizo David, o simplemente quédate en silencio ante Dios. Para quien cree en Jesús, el favor de Dios ya se dio en Él (Efesios 1:6); David hablaba antes.
Para meditar
- ¿Qué te da o qué te quita creer que la fidelidad de Dios no depende de cómo salga el camino?
- ¿Quién te ha acompañado en un día oscuro sin que se lo pidieras, y cómo podrías agradecérselo?
- ¿Qué esperas hoy sin poder controlarlo, y cómo sería dejar el resultado en manos de Dios sin dejar de hacer lo que te toca?
Oración
Señor, gracias por Itai, que llegó apenas ayer y ya estaba dispuesto a seguir a David en la vida y en la muerte. Gracias por David, que lloró a la vista de todos y aun así te pidió algo concreto. Creo que tu fidelidad no se agota, y te entrego una espera, una casa que dejo, un resultado. Cuando me toque subir mi propia cuesta, pon a mi lado a alguien como Itai, y que yo sepa ser un Itai para quien suba la suya. Amén.