Juicio y misericordia
Un pueblo librado que no se acordó, y una casa sin misericordia
Lectura · Jueces 8:34-35
34Y no se acordaron los hijos de Israel de Jehová su Dios, que los había librado de todos sus enemigos alrededor:
35Ni hicieron misericordia con la casa de Jerobaal Gedeón, conforme á todo el bien que él había hecho á Israel.
Este pasaje es muy corto: dos versículos. El primero nombra la falta y de quién fue: «no se acordaron los hijos de Israel de Jehová su Dios». Y dice quién es ese Dios que quedó en el olvido: el que «los había librado de todos sus enemigos alrededor». El texto habla de todos los enemigos que los rodeaban, no de uno solo. Era una liberación grande, y aun así no se acordaron. El texto no cuenta qué pensaban ni por qué; solo dice lo que no hicieron.
El versículo siguiente baja de Dios a una casa: «Ni hicieron misericordia con la casa de Jerobaal Gedeón, conforme á todo el bien que él había hecho á Israel». Jerobaal es otro nombre de Gedeón, y el texto pone los dos juntos. Casa quiere decir aquí su familia, y hacer misericordia, tratarla con bondad. El texto mide la falta con todo el bien que Gedeón había hecho a Israel, y dice que aun así no hubo bondad para su casa.
Ayuda mirar el versículo anterior. Apenas murió Gedeón, el pueblo se volvió a los Baales, dioses de otros pueblos, y tomó a Baal-berit por dios. En este libro, olvidar a Dios fue volverse a otros dioses. Y poco después el mismo libro cuenta que los setenta hijos de Gedeón fueron asesinados por su propio hermano Abimelec. El pasaje no ata esas cosas con una flecha, pero muestra hacia dónde puede llevar olvidar a quien libró y no tratar con bondad a la casa de quien sirvió.
Fíjate en que el texto pone lado a lado dos faltas: no acordarse de Dios y no hacer misericordia. Una manera de leerlo es que acordarse de Dios y tratar con bondad a las personas van juntos, como dos ramas del mismo árbol. Pero lo que queda firme es otra cosa: aunque el pueblo no se acordó, el hecho sigue escrito. Dios los había librado. La memoria de Israel falló; la obra de Dios no dejó de ser verdad.
La gratitud que se queda callada es una cara pequeña de esa memoria, y no pesa lo mismo que dejar a Dios. Pero se le parece en algo: el bien recibido va quedando atrás. La vida se llena de cosas, y se alejan las personas que nos ayudaron: la vecina que cuidó a los niños en una urgencia, el jefe que dio una oportunidad, el tío que prestó dinero sin pedir nada, la maestra que no se rindió. Con los años dejamos de llamar. Y cuando esa persona ya no está, su familia muchas veces queda sin oír nuestro gracias.
Para vivirlo hoy
Elige a una persona concreta que te hizo bien en algún momento y con quien hoy casi no hablas: alguien que te dio trabajo, te enseñó algo, te ayudó en una necesidad o cuidó de los tuyos. Escríbele o llámale hoy, y dile con nombre y detalle qué hizo y qué significó para ti. No pidas nada. Si esa persona ya no vive, haz el mismo gesto con alguien de su familia.
Para meditar
- ¿Qué rescate concreto de tu vida, grande o pequeño, te gustaría volver a contar con detalle a alguien esta semana?
- ¿Quién te hizo un bien que nunca pudiste devolver, y qué gesto sencillo cabría hacia esa persona o hacia su familia?
- ¿Qué te ayuda a acordarte, de manera regular, de lo que Dios ha hecho en tu historia?
Oración
Ayúdanos a no olvidar quién nos ha librado. Dios nuestro, tú libraste a Israel de todos sus enemigos alrededor, y en nuestra historia también hay rescates que ya casi no recordamos. Guárdanos de olvidarte y de olvidar a quienes nos hicieron bien. Danos memoria para las personas que nos tendieron la mano, y bondad para tratar con misericordia a sus familias. Que la gratitud no se quede en el pensamiento, sino que llegue a una llamada, a una visita, a una mesa compartida. Amén.