Liderazgo y responsabilidad
Jefté, el hijo echado de casa al que llaman de vuelta como cabeza
Lectura · Jueces 11:1-17
1EXISTÍA entonces Jephté, Galaadita, hombre valiente, hijo de una ramera, al cual había engendrado Galaad.
2Y la mujer de Galaad también le había parido hijos; los cuales cuando fueron grandes, echaron fuera á Jephté, diciéndole: No heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres bastardo.
3Huyendo pues Jephté á causa de sus hermanos, habitó en tierra de Tob; y juntáronse con él hombres ociosos, los cuales con él salían.
4Y aconteció que después de días los hijos de Ammón hicieron guerra contra Israel:
5Y como los hijos de Ammón tenían guerra contra Israel, los ancianos de Galaad fueron para volver á Jephté de tierra de Tob;
6Y dijeron á Jephté: Ven, y serás nuestro capitán, para que peleemos con los hijos de Ammón.
7Y Jephté respondió á los ancianos de Galaad: ¿No me habéis vosotros aborrecido, y me echasteis de la casa de mi padre? ¿por qué pues venís ahora á mí cuando estáis en aflicción?
8Y los ancianos de Galaad respondieron á Jephté: Por esta misma causa tornamos ahora á ti, para que vengas con nosotros, y pelees contra los hijos de Ammón, y nos seas cabeza á todos los que moramos en Galaad.
9Jephté entonces dijo á los ancianos de Galaad: Si me volvéis para que pelee contra los hijos de Ammón, y Jehová los entregare delante de mí, ¿seré yo vuestra cabeza?
10Y los ancianos de Galaad respondieron á Jephté: Jehová oiga entre nosotros, si no hiciéremos como tú dices.
11Entonces Jephté vino con los ancianos de Galaad, y el pueblo lo eligió por su cabeza y príncipe; y Jephté habló todas sus palabras delante de Jehová en Mizpa.
12Y envió Jephté embajadores al rey de los Ammonitas, diciendo: ¿Qué tienes tú conmigo que has venido á mí para hacer guerra en mi tierra?
13Y el rey de los Ammonitas respondió á los embajadores de Jephté: Por cuanto Israel tomó mi tierra, cuando subió de Egipto, desde Arnón hasta Jaboc y el Jordán; por tanto, devuélvelas ahora en paz.
14Y Jephté tornó á enviar otros embajadores al rey de los Ammonitas,
15Para decirle: Jephté ha dicho así: Israel no tomó tierra de Moab, ni tierra de los hijos de Ammón:
16Mas subiendo Israel de Egipto, anduvo por el desierto hasta el mar Bermejo, y llegó á Cades.
17Entonces Israel envió embajadores al rey de Edom, diciendo: Yo te ruego que me dejes pasar por tu tierra. Mas el rey de Edom no los escuchó. Envió también al rey de Moab; el cual tampoco quiso: quedóse por tanto Israel en Cades.
«Cabeza». La palabra aparece tres veces en este pasaje. Los ancianos de Galaad primero le ofrecen a Jefté ser «nuestro capitán» para pelear contra Amón: un encargo de guerra. Cuando él responde, le ofrecen algo más grande: ser cabeza de todos los que viven en Galaad. Cabeza aquí quiere decir quien está al frente de todos, no solo en la batalla.
Y ese lugar se le ofrece a alguien a quien antes le cerraron la puerta. El texto dice sin rodeos que Jefté era valiente y que era hijo de una prostituta. Cuando los otros hijos de su padre crecen, lo echan: «No heredarás en la casa de nuestro padre, porque eres bastardo». Bastardo se decía del hijo nacido fuera del matrimonio. Jefté huye a tierra de Tob. Cuando Amón ataca a Israel, los ancianos van a buscarlo, y él pregunta por qué vienen ahora, en su aflicción, si antes lo odiaron y lo echaron.
Jefté no rechaza la oferta, pero pregunta si, ganada la pelea con la ayuda de Jehová, será de verdad su cabeza. Los ancianos le contestan con un juramento: «Jehová oiga entre nosotros, si no hiciéremos como tú dices». Oiga quiere decir aquí que Jehová sea testigo: ponen a Dios por testigo de que cumplirán. Prometer con Dios de testigo es cosa seria. El pasaje no dice que Dios hable en esta escena; quien lee con fe puede creer que no perdió de vista al que otros echaron fuera.
Jefté vuelve con los ancianos, y el pueblo lo elige por su «cabeza y príncipe», que aquí quiere decir jefe. El texto anota un detalle breve: que Jefté «habló todas sus palabras delante de Jehová en Mizpa». No dice cuáles fueron. Podría ser lo recién pactado con los ancianos: lo que ellos prometieron y el cargo que él recibía. Es poco, pero de peso: lo dicho entre personas se dice también delante de Dios.
Ya elegido, Jefté no empieza con la espada. Envía mensajeros al rey de Amón y le pregunta qué tiene contra él. El rey responde que Israel le tomó tierra al salir de Egipto y que se la devuelva en paz. Jefté manda otros mensajeros y empieza a contar lo que pasó: Israel pidió paso a Edom y a Moab, ambos se lo negaron, y se quedó en Cades. Un líder que primero habla, y que habla con hechos.
Puede que conozcas la escena desde el otro lado: alguien que te dejó fuera y hoy te busca porque necesita algo. Jefté no responde con la puerta cerrada: les dice lo que le hicieron, y después oye su oferta y va con ellos. Si esa herida sigue abierta, no la lleves tú solo: ponla en palabras delante de tu pastor o de alguien que te merezca confianza. Al ver a Jefté, echado y luego llamado a ser cabeza, muchos piensan en Jesús, rechazado por los suyos y a quien la iglesia reconoce como su cabeza.
Para vivirlo hoy
Antes de responder a alguien que te dejó fuera y hoy te busca, o antes de aceptar un encargo que te ofrecen, dedica diez minutos a decirle a Dios lo que piensas del asunto: lo que prometerías, lo que te pesa y lo que aún no sabes. Hazlo en voz alta y con tus propias palabras, sin adornar.
Para meditar
- ¿Hay alguien que te dejó fuera y hoy podría necesitarte? ¿Qué te ayudaría a responderle con verdad y sin venganza?
- Los ancianos primero pidieron un capitán y luego ofrecieron una cabeza. ¿Qué diferencia hay entre tener a alguien que mande y tener a alguien al frente contigo?
- ¿Qué encargo o qué promesa tienes entre manos que todavía no has puesto delante de Dios?
Oración
Dios nuestro, tú ves a quien fue echado y a quien vuelve a ser llamado. Oye lo que decimos y haznos personas de palabra: que lo que prometemos, lo cumplamos. Consuela a quien fue echado de su casa, como Jefté, y dale un lugar donde volver a ser llamado por su nombre. Danos valor para hablar con verdad a quien nos hizo daño y para recibir a quien vuelve a nosotros. Y cuando nos toque ir al frente, ponnos primero delante de ti. Amén.