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Juicio y misericordia

Un mismo día: horno para unos y amanecer para otros

Lectura · Malaquías 4:1-6

1PORQUE he aquí, viene el día ardiente como un horno; y todos los soberbios, y todos los que hacen maldad, serán estopa; y aquel día que vendrá, los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, el cual no les dejará ni raíz ni rama.

2Mas á vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salud: y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.

3Y hollaréis á los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día que yo hago, ha dicho Jehová de los ejércitos.

4Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel.

5He aquí, yo os envío á Elías el profeta, antes que venga el día de Jehová grande y terrible.

6El convertirá el corazón de los padres á los hijos, y el corazón de los hijos á los padres: no sea que yo venga, y con destrucción hiera la tierra.

Malaquías 4:1-6

Un mismo día, dos maneras de vivirlo. Malaquías pone lo que Dios tiene por delante en dos imágenes que no se parecen. Para unos, «viene el día ardiente como un horno». Para otros, «nacerá el Sol de justicia». Horno y sol dan calor, pero uno consume y el otro hace crecer. El profeta no suaviza la primera ni esconde la segunda: las deja juntas.

Vamos por partes. Los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa, que hoy diríamos paja seca, la que arde con una chispa. Dios no les dejará ni raíz ni rama, una imagen de final completo que conviene leer con sobriedad, sin morbo. Más adelante, los malos serán «ceniza bajo las plantas de vuestros pies». Es lenguaje duro y el texto no lo esconde. Lo que deja claro es quién habla: Jehová de los ejércitos, que no mira con indiferencia la maldad.

Para los otros, los que temen su nombre, cambia el aire. Temer su nombre, aquí, es tomarlo en serio. A ellos «nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salud»: la imagen de un amanecer que abre las alas y devuelve la vida a su sitio. Y de esos mismos se dice que «saltaréis como becerros de la manada», o sea, como terneros que salen del corral al campo abierto. Dios es quien pone fin al mal, y también quien saca a los suyos al aire libre.

Entonces el profeta cambia de tono: «Acordaos de la ley de Moisés mi siervo». Acordaos quiere decir recordad. Al final, Dios deja a su pueblo algo simple para el camino: no olvidar lo que ya les dio. Y añade: «yo os envío á Elías el profeta, antes que venga el día de Jehová grande y terrible». Los evangelios presentan a Juan el Bautista como ese Elías que vino a preparar el camino de Jesús. Antes de su día, Dios manda a alguien que avise.

La última frase es la más tierna: «El convertirá el corazón de los padres á los hijos, y el corazón de los hijos á los padres». Convertir, aquí, es hacer volver. El mensajero no viene a levantar un templo ni a inventar un rito, sino a acercar corazones dentro de una misma casa. Hoy eso toca la mesa donde ya nadie conversa, el mensaje que nadie contesta, el trato que se enfrió entre generaciones. El pasaje no promete que todo se arregle solo; muestra hacia dónde empuja Dios.

El último libro del Antiguo Testamento termina con una advertencia y una puerta abierta a la vez: que los corazones vuelvan, no sea que Dios venga y hiera la tierra con destrucción. Dios no quiere llegar a eso: por eso avisa, envía y pide volver. Quienes seguimos a Jesús vemos en el Sol de justicia su rostro, porque es él quien trae la luz que ese día promete.

Para vivirlo hoy

Elige a una persona de tu familia con quien el trato se enfrió, sea mayor o menor que tú. En los próximos días haz un solo gesto pequeño para acercarte: un mensaje que pregunte cómo está, una llamada corta, una invitación a tomar algo. No hace falta arreglar el pasado ni tocar lo pendiente; basta con volver a tender un puente.

Para meditar

  • ¿Qué te dice de Dios que un mismo día pueda ser horno para unos y amanecer para otros?
  • ¿Con quién de tu familia se enfrió el trato, y qué gesto pequeño podría acercar de nuevo los corazones?
  • ¿Qué cosa que Dios ya te dio necesitas recordar en estos días?

Oración

Jesús, Sol de justicia, tú traes la luz que se prometió a los que honran el nombre de Dios. Gracias porque antes de tu día enviaste a quien preparara el camino y no dejas a nadie sin aviso. Enséñame a tomarte en serio y a recordar lo que ya me diste. Acerca mi corazón a las personas de mi casa y de mi familia, sobre todo a las que se me han alejado. Que mi vida salga a tu luz como quien sale al campo abierto. Amén.

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