Juicio y misericordia
Dios no cambia y se sienta a limpiar la plata
Lectura · Malaquías 3:1-15
1HE aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí: y luego vendrá á su templo el Señor á quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, á quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.
2¿Y quién podrá sufrir el tiempo de su venida? ó ¿quién podrá estar cuando él se mostrará? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores.
3Y sentarse ha para afinar y limpiar la plata: porque limpiará los hijos de Leví, los afinará como á oro y como á plata; y ofrecerán á Jehová ofrenda con justicia.
4Y será suave á Jehová la ofrenda de Judá y de Jerusalem, como en los días pasados, y como en los años antiguos.
5Y llegarme he á vosotros á juicio; y seré pronto testigo contra los hechiceros y adúlteros; y contra los que juran mentira, y los que detienen el salario del jornalero, de la viuda, y del huérfano, y los que hacen agravio al extranjero, no teniendo temor de mí, dice Jehová de los ejércitos.
6Porque yo Jehová, no me mudo; y así vosotros, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.
7Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Tornaos á mí, y yo me tornaré á vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de tornar?
8¿Robará el hombre á Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? Los diezmos y las primicias.
9Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.
10Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y vaciaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.
11Increparé también por vosotros al devorador, y no os corromperá el fruto de la tierra; ni vuestra vid en el campo abortará, dice Jehová de los ejércitos.
12Y todas las gentes os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos.
13Vuestras palabras han prevalecido contra mí, dice Jehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti?
14Habéis dicho: Por demás es servir á Dios; ¿y qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos tristes delante de Jehová de los ejércitos?
15Decimos pues ahora, que bienaventurados los soberbios, y también que los que hacen impiedad son los prosperados: bien que tentaron á Dios, escaparon.
Alguien se sienta junto al fuego para limpiar la plata. Con esa imagen Malaquías describe la llegada del Señor: «Y sentarse ha para afinar y limpiar la plata». Sentarse ha quiere decir se sentará, y afinar es quitarle a la plata lo que no es plata. Pero la pregunta que se oye enseguida no es de fiesta: «¿quién podrá sufrir el tiempo de su venida?». Sufrir, aquí, es aguantar.
Dos imágenes explican qué viene: el fuego purificador y el jabón de los lavadores, el que usa quien lava la ropa. Las dos hablan de limpiar, no de destruir. Primero limpiará a los hijos de Leví, los que servían en el templo, como se afina el oro y la plata, «y ofrecerán á Jehová ofrenda con justicia». Quien sigue a Jesús lee este anuncio junto a los evangelios, que presentan a Juan el Bautista como el mensajero que preparó el camino.
Luego Dios dice que se acercará a juicio, y aquí el texto es concreto y duro. Será testigo pronto contra los que practican la hechicería, contra los adúlteros y los que juran mentira, y contra los que retienen el salario del jornalero, de la viuda y del huérfano, y los que maltratan al extranjero. De todos ellos dice que no tienen temor de él. Fíjate en quiénes aparecen entre las víctimas: quien vive de un jornal, la viuda, el huérfano, el extranjero. Dios se pone de su lado.
Después llega la frase que sostiene todo lo demás: «Porque yo Jehová, no me mudo; y así vosotros, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos». No me mudo quiere decir no cambio. El pueblo sigue en pie porque Dios no cambia, no porque haya sido perfecto: se apartó de sus leyes desde los días de sus padres. Y la invitación es la de siempre: «Tornaos á mí, y yo me tornaré á vosotros». Tornar es volver.
Ellos preguntan en qué han de volver, y Dios señala algo concreto: los diezmos y las primicias, la décima parte y los primeros frutos. Era un arreglo propio de Israel, no una fórmula para hoy; lo que muestra de Dios es que quiere que los suyos confíen en él con lo que tienen. El pasaje termina con una queja que cuesta leer: «Por demás es servir á Dios», que aquí quiere decir en vano, y de los soberbios y de los que hacen impiedad dicen que les va bien. Muchos hemos pensado algo así alguna vez. La Biblia deja escrita esa duda tal cual, sin burlarse de ella.
Cuando cueste creer que vale la pena, piensa en esa imagen del comienzo: alguien sentado junto al fuego, con la plata delante, sin prisa, mirándola hasta que queda limpia. Es el cuadro con que el texto presenta a Dios: quien se sienta a trabajar de cerca lo que vale como el oro y la plata.
Para vivirlo hoy
Elige un momento de hoy, al terminar el trabajo o antes de dormir, y quédate cinco minutos en silencio con esta frase: «Porque yo Jehová, no me mudo». Léela despacio tres veces. Después calla, sin pedir nada, y deja que la frase te sostenga. Si te distraes, vuelve a ella con calma.
Para meditar
- ¿Cuál de las frases de duda del pueblo se parece más a algo que tú has pensado alguna vez, y por qué?
- ¿Qué significa para ti que Dios no cambie, cuando tanto a tu alrededor cambia?
- ¿Quién de tu entorno trabaja por poco o llegó de lejos, y merece que hoy te fijes en esa persona?
Oración
A veces me parece que hacer lo correcto no sirve de nada, sobre todo cuando a quien hace trampa le va bien. Lo digo sin adornos, porque tú ya lo sabes. Sostén mi confianza con tu palabra: tú no cambias, y por eso seguimos en pie. Límpiame con paciencia, como quien afina la plata. Enséñame a confiarte lo que tengo y a fijarme en quienes trabajan por poco, en las viudas, en los huérfanos y en quienes llegaron de lejos. Amén.