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Servicio y generosidad

Un lugar en la casa de Dios para cada servicio

Lectura · Ezequiel 44:14-30

14Pondrélos, pues, por guardas de la guarda de la casa en todo su servicio, y en todo lo que en ella hubiere de hacerse.

15Mas los sacerdotes Levitas, hijos de Sadoc, que guardaron el ordenamiento de mi santuario, cuando los hijos de Israel se desviaron de mí, ellos serán allegados á mí para ministrarme, y delante de mí estarán para ofrecerme la grosura y la sangre, dice el Señor Jehová.

16Esos entrarán en mi santuario, y ellos se allegarán á mi mesa para ministrarme, y guardarán mi ordenamiento.

17Y será que cuando entraren por las puertas del atrio interior, se vestirán de vestimentas de lino: no asentará sobre ellos lana, cuando ministraren en las puertas del atrio de adentro, y en el interior.

18Tiaras de lino tendrán en sus cabezas, y pañetes de lino en sus lomos: no se ceñirán para sudar.

19Y cuando salieren al atrio de afuera, al atrio de afuera al pueblo, se desnudarán de sus vestimentas con que ministraron, y las dejarán en las cámaras del santuario, y se vestirán de otros vestidos: así no santificarán el pueblo con sus vestimentas.

20Y no raparán su cabeza, ni dejarán crecer el cabello; sino que lo recortarán trasquilando sus cabezas.

21Y ninguno de los sacerdotes beberá vino cuando hubieren de entrar en el atrio interior.

22Ni viuda, ni repudiada se tomarán por mujeres; sino que tomarán vírgenes del linaje de la casa de Israel, ó viuda que fuere viuda de sacerdote.

23Y enseñarán á mi pueblo á hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán á discernir entre lo limpio y lo no limpio.

24Y en el pleito ellos estarán para juzgar; conforme á mis derechos lo juzgarán: y mis leyes y mis decretos guardarán en todas mis solemnidades, y santificarán mis sábados.

25Y á hombre muerto no entrará para contaminarse; mas sobre padre, ó madre, ó hijo, ó hija, hermano, ó hermana que no haya tenido marido, se contaminará.

26Y después de su purificación, le contarán siete días.

27Y el día que entrare al santuario, al atrio de adentro, para ministrar en el santuario, ofrecerá su expiación, dice el Señor Jehová.

28Y será á ellos por heredad: yo seré su heredad; y no les daréis posesión en Israel: yo soy su posesión.

29El presente, y la expiación, y el sacrificio por el pecado, comerán; y toda cosa dedicada en Israel, será de ellos.

30Y las primicias de todos los primeros de todo, y toda ofrenda de todo lo que se ofreciere de todas vuestras ofrendas, será de los sacerdotes: daréis asimismo las primicias de todas vuestras masas al sacerdote, para que haga reposar la bendición en vuestras casas.

Ezequiel 44:14-30

¿Hay lugar en la casa de Dios para quien no siempre fue firme? Este pasaje responde con dos grupos. A uno lo pone como «guardas de la guarda de la casa», es decir, cuidadores del templo y de su servicio. Al otro, los sacerdotes hijos de Sadoc, que guardaron su santuario cuando Israel se desvió, lo acerca más: le servirán de cerca, ofrecerán la grasa y la sangre y estarán junto a su mesa. El contraste del versículo 15 sugiere que el primer grupo no había sido tan firme y que, aun así, conserva su puesto.

Luego vienen normas muy concretas para quien sirve. Al entrar al atrio de adentro se visten de lino, sin lana, y «no se ceñirán para sudar». Al salir donde está el pueblo, dejan esas vestiduras en las cámaras del santuario y se ponen otras. Tampoco beben vino al entrar. Y su tarea no es solo de ritos: enseñarán al pueblo «á hacer diferencia entre lo santo y lo profano», y cuando haya un pleito, una disputa entre personas, juzgarán conforme a los derechos de Dios.

Otras normas suenan extrañas hoy. No tomaban por esposa a una viuda ni a una repudiada, salvo la viuda de un sacerdote; eran reglas propias del servicio sacerdotal en aquel pueblo, no un mandato para todos. Y hay una que sorprende por su humanidad: no debían acercarse a un muerto para no contaminarse, pero sí podían hacerlo por «padre, ó madre, ó hijo, ó hija, hermano, ó hermana que no haya tenido marido». La ley deja lugar para el duelo de los más cercanos.

La frase que sostiene todo lo demás es esta: «yo seré su heredad». Los sacerdotes no recibían tierra en Israel; heredad quiere decir lo que uno recibe como herencia, y lo suyo era Dios: «yo soy su posesión». Para vivir comían de las ofrendas, y el pueblo les daba las primicias, lo primero de sus cosechas y de su masa. Era un arreglo propio de aquel pueblo; deja ver que quien sirve es sostenido por la comunidad.

El pasaje toca la vida de todos los días. Toca el lugar de quien falló: no se le pide que se vaya, se le da algo que hacer en la casa. Toca cómo sostenemos a quienes sirven en la iglesia. Y toca a Jesús: quienes le seguimos lo reconocemos como el que nunca se desvió y que, aun así, se acerca a los que sí nos desviamos.

Imagina una casa con una mesa larga. Unos se sientan cerca de quien la preside; otros sirven los platos o cuidan la puerta. Algunos llegaron con más tropiezos que otros, y todos están dentro: nadie fue echado a la calle. Esa es la casa que Dios describe aquí: con lugar para el que se mantuvo firme y para el que empieza de nuevo.

Para vivirlo hoy

¿Hay alguien que se fue apartando después de fallar en algo, quizá de tu familia, de tu trabajo o de tu iglesia? Esta semana llámala o escríbele y pídele una ayuda pequeña que sepas que puede hacer bien. Con ese gesto le dices, sin discursos, que sigue teniendo un lugar cerca de ti.

Para meditar

  • ¿Qué sientes al leer que Dios da un lugar de servicio incluso a quienes no fueron tan firmes?
  • ¿Qué parte de tu servicio o de tu trabajo podrías hacer con más cuidado, sabiendo que es para Dios?
  • ¿Qué cambia en tu manera de servir si Dios mismo es lo que recibes, y no solo lo que te da?

Oración

Te confieso que me resulta más fácil pensar que un fallo cierra la puerta que aceptar que aún me das un lugar en tu casa. También me cuesta abrirle ese lugar a quien me falló a mí. Tú pusiste a cuidar tu casa a quienes no habían sido tan firmes, y acercaste a los que permanecieron. Enséñame a recibirte como mi herencia y a tratar a otros con tu paciencia. Jesús, tú que nunca te desviaste y te acercas a quienes sí nos desviamos, acércame hoy. Amén.

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