Saltar al contenido

Liderazgo y responsabilidad

Un banquete de ciento ochenta días y una orden rechazada

Lectura · Ester 1:1-15

1Y ACONTECIÓ en los días de Assuero, (el Assuero que reinó desde la India hasta la Etiopía sobre ciento veinte y siete provincias,)

2Que en aquellos días, asentado que fué el rey Assuero en la silla de su reino, la cual estaba en Susán capital del reino,

3En el tercer año de su reinado hizo banquete á todos sus príncipes y siervos, teniendo delante de él la fuerza de Persia y de Media, gobernadores y príncipes de provincias,

4Para mostrar él las riquezas de la gloria de su reino, y el lustre de la magnificencia de su poder, por muchos días, ciento y ochenta días.

5Y cumplidos estos días, hizo el rey banquete por siete días en el patio del huerto del palacio real á todo el pueblo, desde el mayor hasta el menor que se halló en Susán capital del reino.

6El pabellón era de blanco, verde, y cárdeno, tendido sobre cuerdas de lino y púrpura en sortijas de plata y columnas de mármol: los reclinatorios de oro y de plata, sobre losado de pórfido y de mármol, y de alabastro y de jacinto.

7Y daban á beber en vasos de oro, y vasos diferentes unos de otros, y mucho vino real, conforme á la facultad del rey.

8Y la bebida fué según esta ley: Que nadie constriñese; porque así lo había mandado el rey á todos los mayordomos de su casa; que se hiciese según la voluntad de cada uno.

9Asimismo la reina Vasthi hizo banquete de mujeres, en la casa real del rey Assuero.

10El séptimo día, estando el corazón del rey alegre del vino, mandó á Mehumán, y á Biztha, y á Harbona, y á Bigtha, y á Abagtha, y á Zetar, y á Carcas, siete eunucos que servían delante del rey Assuero,

11Que trajesen á la reina Vasthi delante del rey con la corona regia, para mostrar á los pueblos y á los príncipes su hermosura; porque era linda de aspecto.

12Mas la reina Vasthi no quiso comparecer á la orden del rey, enviada por mano de los eunucos; y enojóse el rey muy mucho, y encendióse en él su ira.

13Preguntó entonces el rey á los sabios que sabían los tiempos, (porque así era la costumbre del rey para con todos los que sabían la ley y el derecho;

14Y estaban junto á él, Carsena, y Sethar, y Admatha, y Tharsis, y Meres, y Marsena, y Memucán, siete príncipes de Persia y de Media que veían la cara del rey, y se sentaban los primeros del reino:)

15Qué se había de hacer según la ley con la reina Vasthi, por cuanto no había cumplido la orden del rey Assuero, enviada por mano de los eunucos.

Ester 1:1-15

«Y ACONTECIÓ en los días de Assuero»: así empieza el libro de Ester, con la voz tranquila de quien abre un cuento largo. Enseguida el texto muestra el tamaño de ese rey, que reinó «desde la India hasta la Etiopía sobre ciento veinte y siete provincias». Un solo hombre, sentado en su trono en Susán, con ciento veintisiete provincias bajo su mando. Con ese fondo conviene leer lo que hace a continuación.

En el tercer año de su reinado hizo un banquete para sus príncipes y siervos, y el texto dice para qué: «Para mostrar él las riquezas de la gloria de su reino, y el lustre de la magnificencia de su poder, por muchos días, ciento y ochenta días». Lustre quiere decir brillo. Después hizo otro banquete de siete días para todo el pueblo de Susán, con columnas de mármol, asientos de oro y de plata y vasos de oro, cada uno distinto de los otros.

Hay un detalle que suena generoso: «Y la bebida fué según esta ley: Que nadie constriñese». Constreñir es obligar, y el rey había mandado a los encargados de su casa que cada uno bebiera según su voluntad. Mientras tanto, la reina Vasti hacía su propio banquete para las mujeres. Hasta aquí todo es abundancia, y a nadie se obliga a beber. Guarda ese detalle, porque servirá de contraste.

El séptimo día, «estando el corazón del rey alegre del vino», mandó a siete eunucos que trajeran a Vasti con la corona real, «para mostrar á los pueblos y á los príncipes su hermosura». Fíjate en el verbo: mostrar. El rey mostró sus riquezas durante ciento ochenta días, y ahora quiere mostrar la belleza de su esposa. El texto no comenta, pero al usar la misma palabra deja ver que ella queda al lado del oro y del mármol, como algo que se exhibe. No hay por qué suavizarlo: incomoda, y con razón.

«Mas la reina Vasthi no quiso comparecer á la orden del rey». Comparecer quiere decir presentarse, y el texto no da sus razones; nosotros tampoco debemos inventarlas. Sí dice lo que sigue: «enojóse el rey muy mucho, y encendióse en él su ira». Quien mandaba sobre ciento veintisiete provincias se encuentra, ese día, con una orden que no fue obedecida, y lo primero que hace es preguntar a los sabios qué corresponde hacer con la reina.

El pasaje no menciona a Dios, y sin embargo quien lee con fe recuerda que el oro, la fuerza y las provincias se reciben, y que lo que se recibe se administra, no se exhibe. Eso es un mayordomo, palabra que el texto usa para los encargados de la casa del rey: alguien que cuida lo que no es suyo. Hoy también tenemos algo que mostrar y algo de autoridad sobre otros, aunque sea en la familia o en un equipo. Frente a un rey que quiso exhibir a una persona, Cristo, el Rey de verdad, no exhibió a nadie para lucirse: se entregó él mismo por los demás.

Para vivirlo hoy

Elige hoy algo que pensabas mostrar, como una foto, un logro o una compra, y en lugar de contárselo a otros, agradécelo a Dios en silencio. Solo eso: darle gracias por ello y dejarlo sin público hasta mañana.

Para meditar

  • ¿Qué cosas tuyas te gusta mostrar, y qué buscas cuando las muestras?
  • ¿En qué ámbito de tu vida tienes algo de autoridad, y cómo podrías usarla hoy para cuidar en vez de exhibir?
  • ¿Qué gesto pequeño puedes tener hoy para que alguien cercano se sienta tratado como persona y no como una vitrina?

Oración

Gracias porque tu Palabra cuenta con franqueza el oro, el vino y la orden que se rechazó, sin adornar nada. Gracias porque tú no necesitas exhibir a nadie para ser grande. Perdona las veces en que me ha gustado mostrar lo mío, y enséñame a cuidar lo que me confías, sea mucho o poco. Sé cercano a quienes hoy son tratados como objetos, y ayúdame a mirar a cada persona como alguien a quien conoces por su nombre. Amén.

WhatsApp