Oración
Leña, primeros frutos y una oración de una sola línea
Lectura · Nehemías 13:31
31Y para la ofrenda de la leña en los tiempos señalados, y para las primicias. Acuérdate de mí, Dios mío, para bien.
¿Con qué palabras se despide alguien que tuvo mucho a su cargo? Uno esperaría un balance de logros, una lista de todo lo conseguido. Nehemías cierra su libro con algo mucho más pequeño: un apunte sobre leña, otro sobre los primeros frutos de la cosecha y una oración de una sola línea. Este es el último versículo del libro, y conviene leerlo despacio, justamente porque parece tan sencillo.
Fíjate en lo que anota: «la ofrenda de la leña en los tiempos señalados» y «las primicias». Señalados quiere decir fijados de antemano: la leña se llevaba en fechas acordadas. Las primicias eran los primeros frutos de la cosecha, lo primero que se entregaba a Dios. Son asuntos de calendario y de cosecha, nada que impresione. El versículo continúa una lista que viene del anterior, donde Nehemías había dejado a cada uno en su servicio, y cierra esa lista con la misma sencillez.
Aquí se ve algo de cómo es Dios, y se ve sin ruido. No hay milagros ni multitudes: hay leña que llega a su hora, frutos entregados primero y Alguien a quien se le ofrecen. Quien lee con fe puede ver en esto a un Dios que no mide el valor de un servicio por su tamaño, y que recibe con agrado lo pequeño y repetido, ese trabajo que nadie aplaude pero que sostiene todo lo demás.
Después de la leña y de los frutos viene la oración: «Acuérdate de mí, Dios mío, para bien». Son siete palabras. Nehemías no le presenta a Dios una cuenta ni le recuerda todo lo que hizo. Pide que Dios se acuerde de él, y que lo haga para bien. No es la única vez en este capítulo que pide que Dios se acuerde, de modo que no es un adorno final: es su manera de trabajar, poniendo cada cosa en manos de quien no olvida.
Hoy también hay mucho de leña y de primicias: lo que se hace a su hora, sin que nadie lo note. Preparar el almuerzo cada día, llegar puntual al trabajo, llamar los domingos a un familiar, cumplir con la parte que te tocó en el grupo del curso o de la iglesia. Al terminar una etapa, el cansancio puede hacernos dudar de que algo de eso haya valido. Esta oración muestra qué hacer con esa duda: ni defender nuestros méritos ni despreciarlos, sino dejarlos en la memoria de Dios.
Otro hombre pidió lo mismo a Jesús, desde una cruz, y no llevaba ninguna lista de méritos. Recibió mucho más de lo que pedía. Ahí está el fondo de esta oración: no confiamos en lo bien que salió nuestro trabajo, sino en la bondad de quien se acuerda de nosotros. Quien apila leña junto a la puerta antes de que llegue el frío no ve todavía el fuego, pero la deja lista a su hora. Así termina Nehemías su libro: con la leña en su lugar y su vida entregada a un Dios que se acuerda.
Para vivirlo hoy
Antes de que termine la semana, al llegar cada tarde, elige una tarea pequeña que hiciste a su hora sin que nadie lo notara: una llamada, una comida, un pago, un turno cumplido. Anótala en una línea y dila en voz baja delante de Dios, terminando con las palabras de Nehemías: «Acuérdate de mí, Dios mío, para bien».
Para meditar
- ¿Qué tarea de tu semana se parece a la leña en su fecha: pequeña, repetida y sin aplausos?
- ¿Qué descanso encontrarías si dejaras en la memoria de Dios aquello que nadie ha reconocido?
- ¿Qué es lo primero de tu día o de tu semana que podrías poner en manos de Dios, como quien entrega los primeros frutos?
Oración
¡Qué grande eres, Dios mío, que te fijas en la leña que llega a su hora y en los primeros frutos, y no solo en lo que se ve desde lejos! Gracias porque puedo pedirte, con las palabras de Nehemías, que te acuerdes de mí para bien. Tú conoces lo que hice a su hora y lo que dejé sin terminar. Recibe lo pequeño de mis días y enséñame a confiar mi vida a tu memoria, no al aplauso de nadie. Amén.