Fe y confianza
Un ayuno junto al río, doce sacerdotes y todo bien contado
Lectura · Esdras 8:21-35
21Y publiqué ayuno allí junto al río de Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para toda nuestra hacienda.
22Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de á caballo que nos defendiesen del enemigo en el camino: porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; mas su fortaleza y su furor sobre todos los que le dejan.
23Ayunamos pues, y pedimos á nuestro Dios sobre esto, y él nos fué propicio.
24Aparté luego doce de los principales de los sacerdotes, á Serebías y á Hasabías, y con ellos diez de sus hermanos;
25Y peséles la plata, y el oro, y los vasos, la ofrenda que para la casa de nuestro Dios habían ofrecido el rey, y sus consultores, y sus príncipes, y todos los que se hallaron en Israel.
26Pesé pues en manos de ellos seiscientos y cincuenta talentos de plata, y vasos de plata por cien talentos, y cien talentos de oro;
27Además veinte tazones de oro, de mil dracmas; y dos vasos de metal limpio muy bueno, preciados como el oro.
28Y díjeles: Vosotros sois consagrados á Jehová, y santos los vasos; y la plata y el oro ofrenda voluntaria á Jehová, Dios de nuestros padres.
29Velad, y guardadlos, hasta que los peséis delante de los príncipes de los sacerdotes y Levitas, y de los jefes de los padres de Israel en Jerusalem, en las cámaras de la casa de Jehová.
30Los sacerdotes pues y Levitas recibieron el peso de la plata y del oro y de los vasos, para traerlo á Jerusalem á la casa de nuestro Dios.
31Y partimos del río de Ahava el doce del mes primero, para ir á Jerusalem: y la mano de nuestro Dios fué sobre nosotros, el cual nos libró de mano de enemigo y de asechador en el camino.
32Y llegamos á Jerusalem, y reposamos allí tres días.
33Al cuarto día fué luego pesada la plata, y el oro, y los vasos, en la casa de nuestro Dios, por mano de Meremoth hijo de Urías sacerdote, y con él Eleazar hijo de Phinees; y con ellos Jozabad hijo de Jesuá, y Noadías hijo de Binnui, Levitas;
34Por cuenta y por peso todo: y se apuntó todo aquel peso en aquel tiempo.
35Los que habían venido de la cautividad, los hijos de la transmigración, ofrecieron holocaustos al Dios de Israel, doce becerros por todo Israel, noventa y seis carneros, setenta y siete corderos, doce machos cabríos por expiación: todo en holocausto á Jehová.
Junto al río de Ahava, antes de ponerse en camino, Esdras publica un ayuno. Con él van niños, familias y un cargamento de plata, oro y vasos para la casa de Dios. El camino a Jerusalem es largo y puede haber enemigos. El ayuno tiene un propósito: buscar a Dios «para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para toda nuestra hacienda». Hacienda, hoy diríamos, es todo lo que llevaban.
Ayunan «para afligirnos delante de nuestro Dios», que hoy diríamos: para humillarse ante Él. Esdras cuenta: «tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de á caballo», o sea, soldados y jinetes para el camino. La razón es lo que ya le habían dicho al rey: que la mano de Dios es para bien sobre los que le buscan, y su fortaleza y su furor sobre los que le dejan. No dice que pedir escolta sea pecado; dice que a él le dio vergüenza.
Ayunaron y pidieron, y el texto dice: «él nos fué propicio», o sea, los atendió con favor. Pero no se quedaron solo en la oración. Esdras apartó a doce de los principales sacerdotes y les pesó la plata, el oro y los vasos, la ofrenda de muchos en Israel. Les dijo: «Vosotros sois consagrados á Jehová, y santos los vasos». Y les pidió que velaran, es decir, que lo cuidaran, hasta pesarlo de nuevo en la casa de Jehová.
Partieron del río el doce del mes primero, y el pasaje resume el viaje en una línea: «la mano de nuestro Dios fué sobre nosotros, el cual nos libró de mano de enemigo y de asechador en el camino». Asechador es quien espera escondido para atacar. El texto no cuenta qué peligros hubo; solo dice que Dios los libró. Llegaron a Jerusalem y, al cuarto día, se pesó todo en la casa de Dios, «por cuenta y por peso todo».
Todos llevamos algo valioso por caminos que no controlamos: la salud de alguien querido, un trabajo, el dinero de una familia o de la iglesia. Esdras enseña que orar y contar bien no compiten: pidió a Dios que guardara el camino y, a la vez, encargó el tesoro a personas de confianza y anotó los pesos. Al final ofrecieron doce machos de cabrío por expiación, todo entregado a Jehová. Los cristianos ven en esa ofrenda una señal de Jesús, que se entregó por todos.
Es como llegar después de un viaje largo: se dejan las maletas en el suelo y se descansa tres días sin prisa, como el texto dice que hicieron ellos. Después, con calma, se abre cada maleta y todo se pone en su lugar. Primero el descanso, y solo entonces la cuenta ordenada. Nada se hace de golpe: el camino, el reposo y la cuenta tienen cada uno su día.
Para vivirlo hoy
Elige un momento tranquilo de hoy. Lee tres veces despacio esta frase: «la mano de nuestro Dios fué sobre nosotros». Después guarda dos minutos de silencio, recordando un camino concreto que tienes por delante esta semana, y no pidas nada: solo reconoce que no lo recorres sin compañía.
Para meditar
- ¿Qué llevas hoy por un camino que no controlas, y cómo lo estás poniendo en manos de Dios?
- ¿En qué parte de tu vida te falta orar, y en cuál te falta ordenar y anotar?
- ¿A quién podrías confiar hoy con toda claridad algo valioso, como Esdras lo confió a doce sacerdotes?
Oración
Gracias porque tu mano estuvo sobre los que salieron del río de Ahava y los libraste del enemigo y de quien los acechaba en el camino. Gracias porque escuchas cuando pedimos un camino derecho para los nuestros y para todo lo que llevamos. Enséñame a orar y, a la vez, a cuidar con esmero lo que me confían, a llevar cuentas claras y a descansar cuando llegue el momento. Acompáñame en el camino de hoy. Amén.