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La Palabra de Dios

El día en que se terminó la casa y se hizo fiesta

Lectura · Esdras 6:14-22

14Y los ancianos de los Judíos edificaban y prosperaban, conforme á la profecía de Haggeo profeta, y de Zacarías hijo de Iddo. Edificaron pues, y acabaron, por el mandamiento del Dios de Israel, y por el mandamiento de Ciro, y de Darío, y de Artajerjes rey de Persia.

15Y esta casa fué acabada al tercer día del mes de Adar, que era el sexto año del reinado del rey Darío.

16Y los hijos de Israel, los sacerdotes y los Levitas, y los demás que habían venido de la trasportación, hicieron la dedicación de esta casa de Dios con gozo.

17Y ofrecieron en la dedicación de esta casa de Dios cien becerros, doscientos carneros, cuatrocientos corderos; y machos de cabrío en expiación por todo Israel, doce, conforme al número de las tribus de Israel.

18Y pusieron á los sacerdotes en sus clases, y á los Levitas en sus divisiones, sobre la obra de Dios que está en Jerusalem, conforme á lo escrito en el libro de Moisés.

19Y los de la transmigración hicieron la pascua á los catorce del mes primero.

20Porque los sacerdotes y los Levitas se habían purificado á una; todos fueron limpios: y sacrificaron la pascua por todos los de la transmigración, y por sus hermanos los sacerdotes, y por sí mismos.

21Y comieron los hijos de Israel que habían vuelto de la transmigración, y todos los que se habían apartado á ellos de la inmundicia de las gentes de la tierra, para buscar á Jehová Dios de Israel.

22Y celebraron la solemnidad de los panes ázimos siete días con regocijo, por cuanto Jehová los había alegrado, y convertido el corazón del rey de Asiria á ellos, para esforzar sus manos en la obra de la casa de Dios, del Dios de Israel.

Esdras 6:14-22

«Y esta casa fué acabada al tercer día del mes de Adar, que era el sexto año del reinado del rey Darío». El texto anota el día y el año como quien marca en el calendario una fecha que no quiere olvidar. Es el punto final de una obra de años. Los ancianos de los judíos edificaban y prosperaban, y ahora la casa de Dios en Jerusalem estaba terminada.

El pasaje también dice cómo llegaron hasta allí. Edificaban y prosperaban «conforme á la profecía de Haggeo profeta, y de Zacarías hijo de Iddo». Lo primero que el texto nombra no son las herramientas, sino la palabra. Y la obra se acabó «por el mandamiento del Dios de Israel», junto con las órdenes de reyes de Persia que el pasaje nombra uno por uno: Ciro, Darío y Artajerjes. Palabra de Dios y órdenes de reyes van juntas en esa frase.

Sigue la dedicación de la casa, hecha con gozo. Se ofrecieron cien becerros, doscientos carneros y cuatrocientos corderos, y doce machos de cabrío en expiación por todo Israel, uno por cada tribu. Hoy ese culto nos queda lejos, pero junta dos cosas: la alegría y la expiación por el pecado. Además pusieron a los sacerdotes en sus clases y a los levitas en sus divisiones, «conforme á lo escrito en el libro de Moisés».

Después celebraron la pascua. Los sacerdotes y los levitas «se habían purificado á una», o sea, todos juntos, y sacrificaron la pascua por todo el pueblo, por sus hermanos los sacerdotes y por ellos mismos. Comieron los que habían vuelto y también los que se habían apartado de la inmundicia de las gentes de la tierra, «para buscar á Jehová Dios de Israel». Es lenguaje de pureza propio de aquel tiempo. Lo que el texto destaca es el motivo: buscar a Jehová.

Casi todos tenemos alguna obra a medias: un estudio, una reparación, una relación por reconstruir, una tarea en la iglesia. Este pasaje no promete que todo lo que empecemos se termine, pero muestra que una obra larga se acabó y se celebró. Muestra además un orden: primero la palabra de Dios, luego el trabajo y al final la fiesta. Y enseña a marcar los días de gratitud.

Los cristianos ven en el cordero de la pascua una señal de Jesús, que se entregó por todos los suyos. El pasaje cierra con la razón de la fiesta: siete días de alegría «por cuanto Jehová los había alegrado». Esa alegría llegó moviendo hasta el corazón del rey, al que el texto llama rey de Asiria, para fortalecer las manos de su pueblo. El Dios de Israel es quien alegra a los suyos y quien mueve el corazón de un rey para esforzar las manos de los que edifican su casa.

Para vivirlo hoy

Toma un papel y escribe una sola cosa que terminaste este mes, por pequeña que sea: una tarea, una reparación, un trámite. Léela en voz alta y da gracias a Dios por ella durante un minuto. Menos de diez minutos bastan, y así tu propio calendario queda marcado con un día de gratitud.

Para meditar

  • ¿Qué obra tuya has dejado a medias, y qué palabra de Dios podría ordenar tu próximo paso en ella?
  • ¿A quién podrías invitar a la mesa para buscar juntos a Dios, como los que se acercaron a comer la pascua?
  • ¿Qué logro reciente merece una fiesta, aunque sea pequeña, para darle gracias a Dios?

Oración

¡Qué grande eres, Dios de Israel, que mueves hasta el corazón de un rey para fortalecer las manos de quienes edifican tu casa! Gracias por la palabra que hablaste por tus profetas y que impulsó la obra, por la casa terminada y por la fiesta de siete días. Enséñame a empezar mis tareas según lo que tú has dicho, a perseverar hasta el final y a alegrarme con gratitud cuando llegue el día de terminar. Amén.

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