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Humildad

Un alma acallada como un niño destetado

Lectura · Salmos 131:1-3

1Cántico gradual: de David. JEHOVÁ, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas, ni en cosas para mí demasiado sublimes.

2En verdad que me he comportado y he acallado mi alma, como un niño destetado de su madre: como un niño destetado está mi alma.

3Espera, oh Israel, en Jehová desde ahora y para siempre.

Salmos 131:1-3

¿Qué necesita un alma para quedarse quieta? Solemos responder con una lista: que llegue el pago, que salga el resultado, que pase esta semana. Este salmo, uno de los más breves de la Biblia, responde en solo tres versículos, y su respuesta no empieza por lo que falta afuera. Empieza por algo que quien lo escribe dice haber hecho con su propia alma.

El primer verso enumera lo que no hizo: «no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas, ni en cosas para mí demasiado sublimes». Envanecido quiere decir inflado de orgullo, y sublimes, demasiado elevadas. Fíjate en el recorrido: primero el corazón, luego los ojos, luego los pasos. Es decir, lo de adentro, la mirada y el andar. Y fíjate en las palabras «para mí»: reconoce que hay cosas más altas de lo que puede abarcar, y no se agota persiguiéndolas.

El segundo verso empieza con algo que suena a esfuerzo: «En verdad que me he comportado y he acallado mi alma». Me he comportado quiere decir que se ha serenado, que se ha puesto en calma. No dice que su alma se quedó quieta sola; dice que la acalló, que hizo algo con ella. La imagen es un niño destetado, es decir, que ya no toma el pecho de su madre. Un niño así no llora reclamando; se lo imagina tranquilo, descansando con ella. Su calma no viene de conseguir lo que pedía, sino de haber dejado de pedirlo.

Luego el salmista levanta la vista de sí mismo y habla a todos: «Espera, oh Israel, en Jehová desde ahora y para siempre». La quietud tiene dirección. No es tranquilidad por no pensar ni por no sentir, sino esperanza puesta en Jehová. Y no es solo para una mala temporada: es desde ahora y para siempre. Este cierre muestra a un Dios en quien el alma puede descansar sin necesidad de entenderlo todo.

Hoy nos cuesta quedarnos quietos por dentro. El celular muestra vidas que parecen más grandes, y comparamos. Por extensión, esta quietud también toca nuestras ansiedades: un trámite que no avanza, un familiar que no contesta, un dinero que no alcanza. El salmo no dice que esas cosas no importen, ni que no haya nada que hacer. Podemos leerlo así: hacer lo que sí nos toca y soltar el resto, sin darle vueltas sin fin. Acallar el alma es dejar de empeñarnos en lo que rebasa nuestras manos y quedarnos con la compañía de Dios.

Jesús puso a un niño en medio de sus discípulos como ejemplo, y de sí mismo dijo que era manso y humilde de corazón. Leído desde él, este salmo no es solo una meta que alcanzar, sino una invitación a quedarse cerca de quien nos sostiene. Piensa en un niño dormido sobre el hombro de su madre en un bus lleno: el ruido sigue, las paradas pasan y él no se entera. No porque el mundo esté tranquilo, sino porque está donde está.

Para vivirlo hoy

Busca hoy dos minutos sin pantallas. Siéntate, respira despacio y lee dos o tres veces una sola frase: «como un niño destetado está mi alma». Después quédate en silencio, sin pedir nada, solo estando delante de Dios como quien descansa junto a alguien que lo cuida.

Para meditar

  • ¿Qué cosa demasiado grande para ti has estado tratando de resolver esta semana, y qué pasaría si hoy la pusieras en manos de Dios?
  • ¿Qué te dice que el salmista afirme que él mismo acalló su alma, y que no se quedó quieta sola?
  • ¿Dónde sientes hoy más inquieta el alma, y cómo sería quedarte cerca de Dios ahí, sin exigirle nada?

Oración

Padre, tú conoces mi alma: anda inquieta, pide mucho y se cansa de perseguir cosas más altas de lo que puedo abarcar. Jesús puso a un niño en medio de sus discípulos, y hoy pongo mi alma delante de ti. Enséñame a acallarla, como un niño que ya no reclama y descansa. Quita de mí el afán de demostrar y de compararme. Guárdame en tu compañía, desde ahora y para siempre. Y cuando llegue la prisa por resolverlo todo, recuérdame que puedo esperar en ti sin entenderlo todo. Amén.

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