Temor de Dios
Sofonías: una palabra contra la indiferencia y una orden de callar
Lectura · Sofonías 1:1-16
1PALABRA de Jehová que fué á Sofonías hijo de Cushi, hijo de Gedalías, hijo de Amarías, hijo de Ezechîas, en días de Josías hijo de Amón, rey de Judá.
2Destruiré del todo todas las cosas de sobre la haz de la tierra, dice Jehová.
3Destruiré los hombres y las bestias; destruiré las aves del cielo, y los peces de la mar, y las piedras de tropiezo con los impíos; y talaré los hombres de sobre la haz de la tierra, dice Jehová.
4Y extenderé mi mano sobre Judá, y sobre todos los moradores de Jerusalem, y exterminaré de este lugar el remanente de Baal, y el nombre de los Chemarim con los sacerdotes;
5Y á los que se inclinan sobre los terrados al ejército del cielo; y á los que se inclinan jurando por Jehová y jurando por su rey;
6Y á los que tornan atrás de en pos de Jehová; y á los que no buscaron á Jehová, ni preguntaron por él.
7Calla en la presencia del Señor Jehová, porque el día de Jehová está cercano; porque Jehová ha aparejado sacrificio, prevenido ha sus convidados.
8Y será que en el día del sacrificio de Jehová, haré visitación sobre los príncipes, y sobre los hijos del rey, y sobre todos los que visten vestido extranjero.
9Asimismo haré visitación en aquel día sobre todos los que saltan la puerta, los que hinchen de robo y de engaño las casas de sus señores.
10Y habrá en aquel día, dice Jehová, voz de clamor desde la puerta del pescado, y aullido desde la segunda, y grande quebrantamiento desde los collados.
11Aullad, moradores de Mactes, porque todo el pueblo mercader es destruído; talados son todos los que traían dinero.
12Y será en aquel tiempo, que yo escudriñaré á Jerusalem con candiles, y haré visitación sobre los hombres que están sentados sobre sus heces, los cuales dicen en su corazón: Jehová ni hará bien ni mal.
13Será por tanto saqueada su hacienda, y sus casas asoladas: y edificarán casas, mas no las habitarán; y plantarán viñas, mas no beberán el vino de ellas.
14Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy presuroso; voz amarga del día de Jehová; gritará allí el valiente.
15Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento,
16Día de trompeta y de algazara, sobre las ciudades fuertes, y sobre las altas torres.
¿Cómo se vive cuando se da por hecho que a Dios le da lo mismo lo que hagamos? El profeta Sofonías conoce a gente así: dicen en su corazón «Jehová ni hará bien ni mal». La palabra que él recibe llega en días del rey Josías, y es una sacudida contra esa idea. Empieza con un anuncio durísimo y termina en un día de tinieblas. Vale la pena recorrerla despacio.
El anuncio abre con Dios diciendo que destruirá todo lo que hay sobre la haz de la tierra, es decir, sobre su superficie. Personas, animales, aves y peces: el lenguaje abarca a todo lo que vive. Luego se acerca a un lugar concreto, Judá y Jerusalén, y nombra lo que ocurre allí: culto a Baal, gente que se inclina sobre los techos ante el ejército del cielo, gente que jura por Jehová y a la vez por su rey. Y termina con quienes dieron la espalda a Dios y con «los que no buscaron á Jehová, ni preguntaron por él».
Entonces llega una orden breve: «Calla en la presencia del Señor Jehová». La razón es que su día está cerca, y la imagen es dura: Dios ha preparado un sacrificio y tiene listos a sus convidados. No se puede suavizar. Lo que sigue son cuentas concretas: los príncipes, los que visten ropa extranjera y los que saltan la puerta para llenar de robo y de engaño las casas de sus señores. Se oyen clamores desde las puertas de la ciudad, y los comerciantes que traían dinero son talados.
Pero el centro del pasaje es una búsqueda: Dios dice que escudriñará Jerusalén con candiles, hoy diríamos que la buscará con lámparas, rincón por rincón. Alcanza incluso a los que están «sentados sobre sus heces», que puede leerse como quienes viven tan quietos y cómodos que nada los sacude. Levantarán casas que no habitarán y plantarán viñas cuyo vino no beberán. Y el día se describe como ira, angustia, tiniebla, trompeta y alarma sobre las torres altas.
Casi nadie dice hoy en voz alta que a Dios le da lo mismo. Pero se puede vivir así con calma: haciendo negocios sin mirar a quien pierde, dejando para después las preguntas sobre Dios, guardando la fe en un rincón de la semana. El pasaje muestra que a Dios sí le importan el engaño, el robo y la indiferencia. Y los evangelios muestran a Jesús yendo a buscar justamente a quienes no lo buscaban.
Antes del día, Dios envía primero una palabra, y su primera orden no es correr ni defenderse, sino callar. En medio del ruido de cada jornada, con mensajes, cuentas y prisas que piden respuesta ya, ese silencio sencillo puede ser un regalo y no una carga, un espacio para escuchar antes de responder. ¿Qué oirías tú si hoy guardaras silencio en su presencia?
Para vivirlo hoy
Hoy, cuando tengas cinco minutos, siéntate sin el teléfono cerca y lee despacio, tres veces, la frase «Calla en la presencia del Señor Jehová». Después quédate en silencio un par de minutos, sin pedir nada, solo estando ahí delante de Dios.
Para meditar
- ¿En qué parte de tu semana vives con más comodidad, sin preguntarte qué piensa Dios de lo que haces?
- ¿Qué te dice de Dios que su palabra hable con tanta claridad del engaño, del robo y de la indiferencia?
- ¿Cuándo fue la última vez que le preguntaste a Dios por él mismo, y no solo por lo que necesitabas?
Oración
«Calla en la presencia del Señor Jehová». Aquí estoy, Dios mío, dejando que el ruido baje. Confieso que a veces he vivido como si no te importara lo que hago, y que evito preguntarte por ti. Tú buscas con lámparas cada rincón; alumbra el mío con paciencia y no dejes que me acomode. Enséñame a buscarte y a cuidar a quienes pierden cuando yo solo pienso en ganar. Que tu palabra me encuentre con los ojos abiertos a lo que importa. Amén.