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Humildad

Buscad mansedumbre antes de que el día pase como paja

Lectura · Sofonías 2:1-15

1CONGREGAOS y meditad, gente no amable,

2Antes que pára el decreto, y el día se pase como el tamo; antes que venga sobre vosotros el furor de la ira de Jehová, antes que el día de la ira de Jehová venga sobre vosotros.

3Buscad á Jehová todos los humildes de la tierra, que pusisteis en obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre: quizás seréis guardados en el día del enojo de Jehová.

4Porque Gaza será desamparada, y Ascalón asolada: saquearán á Asdod en el medio día, y Ecrón será desarraigada.

5¡Ay de los que moran á la parte de la mar, de la gente de Cheretim! La palabra de Jehová es contra vosotros, oh Canaán, tierra de Palestinos, que te haré destruir hasta no quedar morador.

6Y será la parte de la mar por moradas de cabañas de pastores, y corrales de ovejas.

7Y será aquella parte para el resto de la casa de Judá; allí apacentarán: en las casas de Ascalón dormirán á la noche; porque Jehová su Dios los visitará, y tornará sus cautivos.

8Yo he oído las afrentas de Moab, y los denuestos de los hijos de Ammón con que deshonraron á mi pueblo, y se engrandecieron sobre su término.

9Por tanto, vivo yo, dice Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que Moab será como Sodoma, y los hijos de Ammón como Gomorra; campo de ortigas, y mina de sal, y asolamiento perpetuo: el resto de mi pueblo los saqueará, y el resto de mi gente los heredará.

10Esto les vendrá por su soberbia, porque afrentaron, y se engrandecieron contra el pueblo de Jehová de los ejércitos.

11Terrible será Jehová contra ellos, porque enervará á todos los dioses de la tierra; y cada uno desde su lugar se inclinará á él, todas las islas de las gentes.

12Vosotros también los de Etiopía seréis muertos con mi espada.

13Y extenderá su mano sobre el aquilón, y destruirá al Assur, y pondrá á Nínive en asolamiento, y en secadal como un desierto.

14Y rebaños de ganado harán en ella majada, todas las bestias de las gentes; el onocrótalo también y el erizo dormirán en sus umbrales: su voz cantará en las ventanas; asolación será en las puertas, porque su enmaderamiento de cedro será descubierto.

15Esta es la ciudad alegre que estaba confiada, la que decía en su corazón: Yo, y no más. ¡Cómo fué en asolamiento, en cama de bestias! Cualquiera que pasare junto á ella silbará, meneará su mano.

Sofonías 2:1-15

«Buscad á Jehová todos los humildes de la tierra». Esa invitación suena en un capítulo que, casi de principio a fin, habla de ciudades que caen. Pero antes de la primera sentencia el profeta pide algo sencillo: que el pueblo se reúna y piense, antes de que se cumpla el decreto y el día se pase como el tamo. El tamo es la paja liviana que el viento se lleva sin que nadie pueda retenerla. El llamado es a detenerse mientras todavía hay tiempo.

El profeta lo dirige a quienes han puesto en obra el juicio de Dios, es decir, lo que él manda, y les pide tres búsquedas: a Jehová, la justicia y la mansedumbre. Mansedumbre quiere decir un trato suave, sin empujar ni alzar la voz. Es notable que entre tantos nombres de ciudades destruidas aparezca una palabra tan callada: «buscad justicia, buscad mansedumbre». Y luego una frase sobria: «quizás seréis guardados en el día del enojo de Jehová». El texto no promete de más. Deja una puerta abierta y pide que se camine hacia ella.

Después vienen las sentencias, y son duras. Gaza, Ascalón, Asdod y Ecrón, ciudades de los filisteos, quedarán desiertas. Moab será como Sodoma y Amón como Gomorra, con campo de ortigas y mina de sal. Los de Etiopía caerán bajo la espada. No hay por qué suavizarlo: hay guerra y hay ruina. Pero también muestra a un Dios a quien no se le escapa nada de lo dicho contra los suyos: «Yo he oído las afrentas de Moab», dice, los insultos con que deshonraron a su pueblo. La razón queda a la vista: «Esto les vendrá por su soberbia».

La última ciudad es Nínive, alegre y confiada, la que decía en su corazón: «Yo, y no más». Al final, rebaños de ganado se echan en ella, y cualquiera que pasa junto a sus muros silba y menea la mano. Aquella frase no necesita un imperio para vivir en nosotros. Se cuela en lo pequeño: en no pedir ayuda porque se puede sin ella, en sentirse mejor mirando a otros hacia abajo, en apoyar la tranquilidad solo en lo que uno ha juntado. A todos nos resulta familiar.

Mirado así, el capítulo no es solo sentencia. Dios oye, y también deja abierta la puerta a quienes se humillan. El mismo texto que vacía ciudades reserva un lugar para el resto de Judá: allí apacentarán y dormirán de noche. Jesús dijo de sí mismo que era manso y humilde de corazón, y quien se acerca a él no encuentra a alguien que mira desde arriba. Visitar quiere decir aquí ocuparse de alguien, y tornar, hacer volver. La última palabra sobre su pueblo no es el silbido del que pasa: «Jehová su Dios los visitará, y tornará sus cautivos».

Para vivirlo hoy

La próxima vez que te acuestes, y en las dos noches siguientes, tómate un minuto para meditar, como pide el profeta. Recuerda un momento del día en que actuaste como si no necesitaras a nadie y anótalo en una línea, sin reproche. No hace falta arreglar nada todavía. Basta con mirarlo con calma delante de Dios y darle gracias por la persona que pudo haberte ayudado.

Para meditar

  • ¿En qué momentos de tu semana se te cuela la idea de poder con todo sin ayuda, y qué cambiaría si se lo dijeras a alguien de confianza?
  • El profeta pide meditar antes de que el día pase como paja al viento. ¿Qué pausa diaria podrías cuidar para detenerte a pensar?
  • El mismo Dios que juzga la soberbia promete hacer volver a los presos de su pueblo. ¿Qué te dice eso de cómo es Él?

Oración

¡Tú humillas al soberbio y levantas al humilde, Jehová de los ejércitos, que oyes lo que se dice contra tu pueblo y no dejas de acordarte de los que fueron llevados presos! Me asombra que junto a tus sentencias haya una puerta abierta para quienes te buscan. Enséñame la mansedumbre que pides. Quita de mi corazón la idea de que puedo pasar sin ti. Ayúdame a detenerme y a meditar antes de que el día se me pase como paja al viento. Quiero buscarte hoy, buscar lo justo y tratar con suavidad a quien tengo cerca. Amén.

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