Saltar al contenido

Alabanza y adoración

Imágenes mudas y un Dios que está en su santo templo

Lectura · Habacuc 2:18-20

18¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo? ¿la estatua de fundición, que enseña mentira, para que haciendo imágenes mudas confíe el hacedor en su obra?

19¡Ay del que dice al palo: Despiértate; y á la piedra muda: Levántate! ¿Podrá él enseñar? He aquí él está cubierto de oro y plata, y no hay dentro de él espíritu.

20Mas Jehová está en su santo templo: calle delante de él toda la tierra.

Habacuc 2:18-20

Mudas. Es la palabra que este pasaje repite: habla de «imágenes mudas» y de una piedra muda, y muda quiere decir que no puede pronunciar ni una sola palabra. Poder hablar es justo lo que se espera de un dios y lo que esas figuras no pueden dar. El texto lo pinta con una escena sencilla: alguien le dice al palo «Despiértate» y a la piedra «Levántate», como quien habla a una persona dormida que nunca va a contestar.

Antes de esa escena, el profeta pregunta: «¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo?». La imagen la hizo el mismo que ahora confía en ella: el hacedor pone su confianza en su propia obra. El texto la llama estatua de fundición, es decir, fundida en metal, y dice que lo que enseña es mentira. Es un círculo cerrado: la obra sale de las manos que luego se apoyan en ella.

Sobre ese palo y esa piedra el texto pronuncia un ay, una sentencia grave, y añade una pregunta que ya trae su respuesta: «¿Podrá él enseñar?». Luego describe la figura: está cubierta de oro y plata, pero «no hay dentro de él espíritu». Hoy diríamos: por fuera brilla, por dentro no tiene ni un soplo de vida. La idolatría, en este pasaje, es confiar en algo hecho por manos humanas como si fuera Dios.

Y entonces el tono cambia: «Mas Jehová está en su santo templo: calle delante de él toda la tierra». Mas es lo que hoy diríamos pero: aquí gira el pasaje. Frente a la piedra que no tiene nada que decir, está Dios, que sí está. Calle pide guardar silencio, y hay dos silencios: el de la figura, que calla porque no hay nadie dentro, y el de la tierra entera, que calla porque hay alguien presente. El primero es vacío; el segundo, reverencia.

Ninguno de nosotros talla estatuas, pero sí conocemos lo que es pedirle a algo lo que solo Dios puede dar. Se le pide seguridad a la cuenta del banco, aprobación a la cantidad de mensajes que llegan, calma a la pantalla que se revisa cada cinco minutos. Y esas cosas, como el palo del texto, no responden cuando les pedimos que despierten y nos rescaten. Tener ahorros o un teléfono no es malo; el pasaje invita a mirar dónde ponemos la confianza. Y ofrece algo a cambio del ruido: callar delante de Dios.

Un pasaje sobre imágenes mudas encuentra su respuesta en quien no lo es. Jesús es la Palabra de Dios hecha persona: no se queda callado detrás del oro ni de la piedra, sino que se acerca, habla y responde a quien lo llama. Él es la voz que sí contesta. En Jesús, el Dios que no es mudo se dejó oír y ver.

Para vivirlo hoy

Toma hoy un objeto en el que sueles buscar calma o seguridad, como el teléfono, la tarjeta o la agenda, y déjalo a un lado durante cinco minutos. En ese rato, en silencio, repite despacio: «Jehová está en su santo templo». No pidas nada; quédate ante él, sin prisa, como quien escucha.

Para meditar

  • ¿A qué cosas les pides, sin darte cuenta, lo que solo Dios puede darte: seguridad, calma, aprobación?
  • ¿Cuándo fue la última vez que guardaste silencio ante Dios sin pedirle nada, y qué te impide hacerlo más seguido?
  • ¿Qué cambia en tu manera de orar saber que hablas con alguien que sí está, y no con una imagen muda?

Oración

Enséñame a callar delante de ti, aunque el ruido de afuera sea mucho. Quítame la costumbre de pedirle a lo que hago o a lo que tengo lo que solo tú puedes dar: seguridad, calma y rumbo. Que no ponga mi confianza en mi propia obra, sino en ti, que no eres una imagen muda. Gracias porque tú sí estás, sí escuchas y sí respondes, y porque en Jesús te has hecho oír. Habla, y que yo esté atento. Amén.

WhatsApp