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La Palabra de Dios

Ramas en las azoteas: el pueblo redescubre una fiesta escrita

Lectura · Nehemías 8:14-18

14Y hallaron escrito en la ley que Jehová había mandado por mano de Moisés, que habitasen los hijos de Israel en cabañas en la solemnidad del mes séptimo;

15Y que hiciesen saber, y pasar pregón por todas sus ciudades y por Jerusalem, diciendo: Salid al monte, y traed ramos de oliva, y ramos de pino, y ramos de arrayán, y ramos de palmas, y ramos de todo árbol espeso, para hacer cabañas como está escrito.

16Salió pues el pueblo, y trajeron, é hiciéronse cabañas, cada uno sobre su terrado, y en sus patios, y en los patios de la casa de Dios, y en la plaza de la puerta de las Aguas, y en la plaza de la puerta de Ephraim.

17Y toda la congregación que volvió de la cautividad hicieron cabañas, y en cabañas habitaron; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande.

18Y leyó Esdras en el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el postrero; é hicieron la solemnidad por siete días, y al octavo día congregación, según el rito.

Nehemías 8:14-18

Dios habla por escrito y quiere que su pueblo lo encuentre, lo entienda y lo viva con alegría. Todo este pasaje nace de un hallazgo: «Y hallaron escrito en la ley que Jehová había mandado por mano de Moisés». Lo mandado no se había perdido; estaba ahí, esperando a que alguien lo leyera con atención. Y lo que sigue muestra que, cuando se lee así, la Palabra no cae como una carga, sino que abre una fiesta.

Lo que hallaron era una celebración con fecha: vivir en cabañas durante la solemnidad del mes séptimo. Nada complicado, solo ramas y sombra. Se manda pregonar, que era anunciar en voz alta, por todas las ciudades y por Jerusalem: «Salid al monte, y traed ramos de oliva, y ramos de pino, y ramos de arrayán, y ramos de palmas». El arrayán es un arbusto de hojas verdes. Según la ley, esas cabañas recordaban el tiempo en que Dios sacó a su pueblo de Egipto y lo hizo vivir así.

Y el pueblo salió. Hicieron cabañas «cada uno sobre su terrado, y en sus patios, y en los patios de la casa de Dios, y en la plaza de la puerta de las Aguas». Terrado quiere decir azotea, el techo plano de la casa. Toda la ciudad se llenó de ramas, en los techos, en las plazas y hasta en los patios del templo. El texto añade que desde los días de Josué hijo de Nun no habían hecho así, y termina con una frase corta: «Y hubo alegría muy grande».

No fue solo un campamento. «Leyó Esdras en el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el postrero», es decir, el último. Siete días de fiesta y de lectura, y al octavo una reunión solemne, como estaba establecido. Aquí se ve cómo es Dios: uno que habla, que deja su palabra por escrito y que no la quiere guardada en un rollo, sino leída, día tras día, en medio de un pueblo que come y duerme bajo las ramas.

Hoy también hay cosas buenas que se quedan dormidas, sin mala intención, como un libro olvidado en el estante: un rato de silencio, la costumbre de dar gracias antes de comer, el tiempo para leer juntos. Este pasaje sugiere que basta abrir de nuevo, leer con atención y hacer algo sencillo. No hace falta una gran revolución: bastaron ramas y un techo. Y la fiesta fue de todos, en casas, patios y plazas; la fe no se quedó dentro del templo, salió a la calle.

Los cristianos creemos que Jesús es la Palabra de Dios en persona, y el evangelio de Juan cuenta que, hacia la mitad de la fiesta de las cabañas, subió al templo a enseñar. Quien abre la Biblia se encuentra con él. Por eso hoy te invito a algo pequeño: cuando leas, pídele a Dios una sola frase que te alegre y llévala contigo hasta la noche.

Para vivirlo hoy

Sal cinco minutos a un patio, una plaza o una ventana con vista abierta y lee en voz alta, despacio, los versículos 16 y 17 de este pasaje. Nada más: la lectura, en un lugar abierto, como aquel pueblo que salió a hacer sus cabañas.

Para meditar

  • ¿Qué instrucción de la Biblia tengo olvidada en algún rincón, y qué me gustaría redescubrir?
  • ¿Cómo cambiaría mi manera de leer la Biblia si la esperara con alegría en vez de con obligación?
  • ¿Con quién podría compartir esta semana algo que haya descubierto en la Palabra de Dios?

Oración

Ayúdame a buscar en tu Palabra lo que has dejado escrito para mí, y a encontrar en ella algo más que deberes: alegría. Como aquel pueblo que salió a buscar ramas, quiero salir de mi rutina para escucharte. Enséñame a leer con paciencia, día tras día y sin prisa. Cuando descubra algo que había olvidado, dame humildad para volver a hacerlo. Gracias porque tu palabra no se pierde y porque en Jesús la tenemos viva entre nosotros. Amén.

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