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Servicio y generosidad

Pueblos y pastos para los levitas, dados según la palabra de Dios

Lectura · Josué 21:1-19

1Y LOS principales de los padres de los Levitas vinieron á Eleazar sacerdote, y á Josué hijo de Nun, y á los principales de los padres de las tribus de los hijos de Israel;

2Y habláronles en Silo en la tierra de Canaán, diciendo: Jehová mandó por Moisés que nos fuesen dadas villas para habitar, con sus ejidos para nuestras bestias.

3Entonces los hijos de Israel dieron á los Levitas de sus posesiones, conforme á la palabra de Jehová, estas villas con sus ejidos.

4Y salió la suerte por las familias de los Coathitas; y fueron dadas por suerte á los hijos de Aarón sacerdote, que eran de los Levitas, por la tribu de Judá, por la de Simeón y por la de Benjamín, trece villas.

5Y á los otros hijos de Coath se dieron por suerte diez villas de las familias de la tribu de Ephraim, y de la tribu de Dan, y de la media tribu de Manasés;

6Y á los hijos de Gersón, por las familias de la tribu de Issachâr, y de la tribu de Aser, y de la tribu de Nephtalí, y de la media tribu de Manasés en Basán, fueron dadas por suerte trece villas.

7A los hijos de Merari por sus familias se dieron doce villas por la tribu de Rubén, y por la tribu de Gad, y por la tribu de Zabulón.

8Y así dieron por suerte los hijos de Israel á los Levitas estas villas con sus ejidos, como Jehová lo había mandado por Moisés.

9Y de la tribu de los hijos de Judá, y de la tribu de los hijos de Simeón dieron estas villas que fueron nombradas:

10Y la primera suerte fué de los hijos de Aarón, de la familia de Coath, de los hijos de Leví;

11A los cuales dieron Chîriath-arba, del padre de Anac, la cual es Hebrón, en el monte de Judá, con sus ejidos en sus contornos.

12Mas el campo de aquesta ciudad y sus aldeas dieron á Caleb hijo de Jephone, por su posesión.

13Y á los hijos de Aarón sacerdote dieron la ciudad de refugio para los homicidas, á Hebrón con sus ejidos; y á Libna con sus ejidos,

14Y á Jattir con sus ejidos, y á Estemoa con sus ejidos,

15A Helón con sus ejidos, y á Debir con sus ejidos,

16A Ain con sus ejidos, á Jutta con sus ejidos, y á Beth-semes con sus ejidos; nueve villas de estas dos tribus:

17Y de la tribu de Benjamín, á Gibeón con sus ejidos, á Geba con sus ejidos,

18A Anathoth con sus ejidos, á Almón con sus ejidos: cuatro villas.

19Todas las villas de los sacerdotes, hijos de Aarón, son trece con sus ejidos.

Josué 21:1-19

«Jehová mandó por Moisés que nos fuesen dadas villas para habitar, con sus ejidos para nuestras bestias.» Así hablan los jefes de las familias de los levitas, que llegan a Silo, en la tierra de Canaán, y se presentan ante el sacerdote Eleazar, ante Josué y ante los jefes de las demás tribus. Las villas son pueblos, y los ejidos, el terreno abierto alrededor de cada uno, donde pastaban los animales. Piden casas y pastos, y lo piden con toda sencillez.

Lo que alegan es lo que Dios había mandado por medio de Moisés, y no hablan de méritos propios. El texto no cuenta ninguna disputa: los hijos de Israel dieron a los levitas «de sus posesiones», cada tribu de lo suyo. En este reparto los levitas no reciben una región propia, sino pueblos dentro de las tierras de todas las demás tribus.

El reparto se hace echando suertes. A los hijos de Aarón, que eran los sacerdotes, les tocan trece pueblos entre Judá, Simeón y Benjamín. A otros descendientes de Coat, diez. A los hijos de Gersón, trece, y a los de Merari, doce. El texto se detiene incluso a dar los nombres: Hebrón, Libna, Jattir, Estemoa, Helón, Debir, Ain, Jutta y Bet-semes; Gibeón, Geba, Anatot y Almón. Detrás de cada nombre hay un lugar real donde vivirán familias.

Hay un detalle en Hebrón. La ciudad pasa a los hijos de Aarón, y el texto la llama «la ciudad de refugio para los homicidas»: un lugar para quien había causado una muerte sin intención y huía de la venganza. Pero el campo de esa ciudad y sus aldeas van a Caleb, hijo de Jefone, como posesión suya. Una misma ciudad, dos herencias. Cuando leemos con fe, vemos en esto a un Dios que cuida hasta el detalle de quienes le sirven y de quienes necesitan dónde refugiarse.

Este reparto era un arreglo propio de Israel en aquella tierra, no una regla para copiar tal cual. Pero deja ver un principio: quienes sirven a otros necesitan dónde vivir y con qué sostenerse, y una comunidad cumple con quienes le sirven cuando da de lo suyo. Los levitas pidieron lo que Dios ya había ordenado. Hoy, quien enseña, cuida, visita o prepara el lugar donde nos reunimos a veces calla lo que necesita, y nos toca adelantarnos: preguntarle qué le hace falta y no dar por hecho que está bien.

Para quien conoce a Jesús, esa ciudad de refugio tiene un eco: allí encontraba amparo quien huía de la venganza, y Jesús recibe a quien corre hacia él en busca de amparo. Y este pasaje añade que Dios no deja su palabra a medias, ni siquiera en el reparto de pueblos y pastos. Todo se hizo, dice el texto, «conforme á la palabra de Jehová».

Para vivirlo hoy

Piensa en alguien que sirve a otros: quien enseña, quien prepara el lugar donde se reúnen, quien visita o acompaña. Hoy, en persona o por mensaje, dile por su nombre un gesto concreto que hayas notado y que agradeces. Luego pregúntale con sencillez si le hace falta algo, y ofrécele una ayuda concreta que puedas dar.

Para meditar

  • ¿Quién sirve cerca de ti sin que casi nadie lo note, y qué podrías decirle o hacer por esa persona esta semana?
  • ¿Qué te muestra sobre Dios que el texto se detenga a nombrar cada pueblo y cada campo dado a los levitas?
  • ¿Qué te cuesta pedir con sencillez, apoyándote en lo que Dios ya ha dicho, como hicieron los levitas?

Oración

¡Qué grande eres, Dios nuestro, que hasta te ocupas de los pueblos y de los pastos de quienes te sirven! Gracias porque tu palabra dada por medio de Moisés no se quedó en el papel: llegó a lugares con nombre, a campos y a familias. Gracias porque tu pueblo dio de lo suyo, conforme a tu palabra, para que los levitas tuvieran dónde vivir. Enséñame a adelantarme con quienes sirven a otros, a preguntarles qué necesitan y a acudir a ti con sencillez en lo que me haga falta. Amén.

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