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Valor y perseverancia

Pruebas que forman y una sabiduría que Dios da sin reproche

Lectura · Santiago 1:1-23

1JACOBO, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, á las doce tribus que están esparcidas, salud.

2Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando cayereis en diversas tentaciones;

3Sabiendo que la prueba de vuestra fe obra paciencia.

4Mas tenga la paciencia perfecta su obra, para que seáis perfectos y cabales, sin faltar en alguna cosa.

5Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela á Dios, el cual da á todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada.

6Pero pida en fe, no dudando nada: porque el que duda es semejante á la onda de la mar, que es movida del viento, y echada de una parte á otra.

7No piense pues el tal hombre que recibirá ninguna cosa del Señor.

8El hombre de doblado ánimo es inconstante en todos sus caminos.

9El hermano que es de baja suerte, gloríese en su alteza:

10Mas el que es rico, en su bajeza; porque él se pasará como la flor de la hierba.

11Porque salido el sol con ardor, la hierba se secó, y su flor se cayó, y pereció su hermosa apariencia: así también se marchitará el rico en todos sus caminos.

12Bienaventurado el varón que sufre la tentación; porque cuando fuere probado, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido á los que le aman.

13Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado de los malos, ni él tienta á alguno:

14Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado.

15Y la concupiscencia, después que ha concebido, pare el pecado: y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte.

16Amados hermanos míos, no erréis.

17Toda buena dádiva y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.

18El, de su voluntad nos ha engendrado por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.

19Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oir, tardío para hablar, tardío para airarse:

20Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.

21Por lo cual, dejando toda inmundicia y superfluidad de malicia, recibid con mansedumbre la palabra ingerida, la cual puede hacer salvas vuestras almas.

22Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos.

23Porque si alguno oye la palabra, y no la pone por obra, este tal es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.

Santiago 1:1-23

¿Qué se hace con una dificultad que no se puede quitar de en medio, o con una decisión para la que uno no encuentra respuesta? Esta carta empieza justo ahí. Quien escribe se presenta como siervo de Dios y de Jesucristo, y saluda a gente dispersa en muchos lugares. Enseguida les da un consejo inesperado: «tened por sumo gozo» las pruebas de toda clase. La palabra que aquí se traduce tentaciones abarca cualquier prueba, incluso la que nadie pidió.

El gozo no está en el dolor, que sigue siendo dolor. Está en lo que el texto dice que se va formando: «la prueba de vuestra fe obra paciencia», es decir, produce paciencia. Y esa paciencia, si se le deja trabajar, deja a la persona completa, sin que le falte nada. Es una obra lenta que nadie escoge, pero el texto la llama gozo porque mira hacia dónde va.

Si en medio de todo falta sabiduría, el pasaje indica adónde ir: «demándela á Dios, el cual da á todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada». Demandar es pedir, y zahiere quiere decir que reprocha. Dios da a todos, en abundancia, sin echar nada en cara a quien llega con las manos vacías. Se pide con fe, sin dudar; quien duda se parece a una ola que el viento empuja de un lado a otro, imagen de vaivén más que de castigo.

Luego el texto aclara algo que importa cuando la vida duele: Dios no tienta a nadie. Cada uno es atraído por su propio deseo, y el pecado cumplido acaba en muerte. Es una frase dura, y el pasaje no la suaviza. Pero viene el contrapeso: «Toda buena dádiva y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación». Dádiva es regalo y mudanza es cambio.

De ese Dios que da, y que por su voluntad nos dio vida con la palabra de verdad, nace lo demás: ser «pronto para oir, tardío para hablar, tardío para airarse». Airarse es enojarse. En una discusión en casa o en un chat de trabajo suele llegar antes la respuesta que la escucha, y el texto pide invertir el orden, porque «la ira del hombre no obra la justicia de Dios». Quien sigue a Jesucristo cree que esa palabra de verdad es buena noticia que lo alcanzó primero.

Por eso el pasaje termina pidiendo ser «hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores». Quien solo oye se parece al hombre que «considera en un espejo su rostro natural»: se mira, y eso es todo. La Palabra está para que algo cambie después de mirarla. ¿Qué le pedirías hoy a Dios si supieras que no te lo va a reprochar?

Para vivirlo hoy

Elige un momento fijo de la mañana y repítelo durante los próximos tres días: pide sabiduría a Dios, con una frase tuya y en voz baja, por la situación concreta que hoy te pesa o te confunde. No hace falta que suene bien: basta con pedir, sabiendo que él da sin reprochar.

Para meditar

  • ¿Qué situación de hoy te falta entender, y qué cambia saber que Dios da a todos sin reprochar?
  • ¿En qué conversación reciente respondiste antes de escuchar, y cómo sería oír primero?
  • ¿Qué has oído o leído últimamente de la Palabra que todavía no has puesto por obra?

Oración

Padre de las luces, tú das a todos abundantemente y no reprochas a quien llega con las manos vacías. Hoy vengo con pruebas que no entiendo y decisiones que no sé tomar. Dame sabiduría para el paso siguiente y una paciencia que termine su obra en mí. Guárdame de los deseos que arrastran, y recuérdame que de ti baja todo lo bueno. Enséñame a oír antes de hablar y a poner por obra lo que leo. Gracias, porque en ti no hay sombra de cambio. Amén.

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