Gracia y perdón
Soportar una palabra y recibir una gracia
Lectura · Hebreos 13:22-25
22Empero os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación; porque os he escrito en breve.
23Sabed que nuestro hermano Timoteo está suelto; con el cual, si viniere más presto, os iré á ver.
24Saludad á todos vuestros pastores, y á todos los santos. Los de Italia os saludan.
25La gracia sea con todos vosotros. Amén.
«Soportéis». Con esa palabra pide algo quien escribe: ruega a sus hermanos que soporten «la palabra de exhortación». No dice que la disfruten ni que la celebren, sino que la soporten, es decir, que la reciban con paciencia y sin apartarse. Una exhortación es una palabra que anima y aconseja, y a veces corrige, y esa clase de palabras no siempre es fácil de recibir. Quien escribe lo sabe, y por eso lo pide como se piden las cosas entre hermanos: ruega, no ordena.
Añade que les ha escrito «en breve». Después de tantas páginas, la carta se describe a sí misma como corta; el texto no da la razón, y no hace falta inventarla. Luego la carta se vuelve ordinaria y da una noticia: Timoteo, al que llama hermano, está suelto, es decir, libre, y si llega pronto irá con quien escribe a verlos. No dice de dónde salió ni por qué estaba retenido. Es una nota de familia, como en cualquier carta.
Después vienen los saludos, y en ellos y en la despedida aparece tres veces la palabra todos. «Saludad á todos vuestros pastores, y á todos los santos»: a quienes los guían y cuidan, y a todos los creyentes, que eso quiere decir aquí santos. Y desde el otro lado llega el saludo de vuelta: «Los de Italia os saludan». Quienes están en Italia mandan su saludo a quienes leerán estas líneas, y nadie queda fuera del saludo.
Hoy esto toca en cosas pequeñas. A veces alguien nos dice una palabra que cuesta: un consejo de la familia, una observación en el trabajo, una corrección de un amigo. Soportar no es callarse ni darle la razón a todo; es no huir enseguida y dejar que la palabra se asiente un rato. Y cuando nos toca decirla a otros, el texto enseña el tono: hermanos, ruego, en breve. También toca en los saludos: un mensaje corto, una llamada pendiente, un abrazo mandado de parte de todos.
La carta se cierra con un deseo y una palabra: «La gracia sea con todos vosotros». Amén quiere decir así sea, y es una petición a Dios, no un simple cumplido. Gracia es el favor de Dios que se da sin que nadie lo merezca. Después de una exhortación que pedía paciencia, de noticias y de saludos, lo último que se pone en manos de los lectores no es un deber sino un regalo, y es para todos, no solo para los más firmes.
Quien ha seguido la carta hasta aquí no oye esa despedida como un deseo cortés. Al final de una exhortación que pedía paciencia hay gracia, y quien ha leído las páginas anteriores puede reconocer en esa gracia el rostro de Jesús, el Hijo que se ofreció una sola vez para que todos podamos acercarnos.
Para vivirlo hoy
Esta noche, antes de dormir, lee despacio tres veces la frase «La gracia sea con todos vosotros» y quédate un minuto en silencio con ella. No pidas nada ni la expliques: solo deja que esas palabras se asienten, como se asienta una palabra que hemos decidido soportar con paciencia.
Para meditar
- ¿Qué palabra de consejo o de corrección te ha costado soportar últimamente, y qué cambiaría si la recibieras con calma antes de responder?
- ¿A quién te gustaría mandar hoy un saludo, aunque sea corto, como quien manda un abrazo desde lejos?
- Si la carta termina con gracia para todos, ¿quiénes son esas personas de tu vida que hoy necesitan oír ese deseo de tu parte?
Oración
Jesús, tú conoces las palabras que me cuesta soportar y las que me cuesta decir. Dame paciencia para recibir una exhortación sin huir, y ternura para ofrecerla a otros como se ofrece entre hermanos, sin alargarla ni endurecerla. Gracias porque el último deseo de esta carta es gracia, y es para todos. Que tu gracia acompañe a quienes me guían y me cuidan, a quienes están lejos y a quienes me cuesta querer. Amén.