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Justicia y compasión

Hacedores que no olvidan: lengua frenada y visita a quien quedó sin amparo

Lectura · Santiago 1:24-27

24Porque él se consideró á sí mismo, y se fué, y luego se olvidó qué tal era.

25Mas el que hubiere mirado atentamente en la perfecta ley, que es la de la libertad, y perseverado en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este tal será bienaventurado en su hecho.

26Si alguno piensa ser religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino engañando su corazón, la religión del tal es vana.

27La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es esta: Visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo.

Santiago 1:24-27

«Se olvidó qué tal era». Así acaba la escena con la que arranca este pasaje: un hombre se considera a sí mismo, se va, y enseguida olvida cómo era. La escena no tiene nada de escandaloso: solo alguien que miró y siguió con su día. Se parece mucho a lo que nos pasa. Se lee algo bueno, se escucha una enseñanza, se asiente con la cabeza, y al rato ya no queda nada de eso en las manos.

Frente a él, el pasaje pone a otro: el que «hubiere mirado atentamente en la perfecta ley, que es la de la libertad, y perseverado en ella». Dos verbos marcan la diferencia: mirar atentamente y perseverar. De ese hombre el texto dice que será «bienaventurado en su hecho»: bienaventurado quiere decir dichoso, y su dicha está en lo que hace, no solo en lo que sabe. Fíjate también en el nombre de esa ley, la de la libertad: lo que Dios pide aquí no aplasta, libera.

Después el texto toca la lengua: «Si alguno piensa ser religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino engañando su corazón, la religión del tal es vana». Refrenar es frenar, contener; vana quiere decir vacía. La frase es directa, pero no acusa a nadie por nombre: dice que una fe que se presume y no gobierna las palabras se queda hueca. Y añade algo que le puede pasar a cualquiera: engañar a su propio corazón.

Luego viene la definición más concreta: «La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es esta: Visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo». Mácula es mancha, y tribulaciones son los apuros. Huérfanos y viudas son quienes se quedaron sin el amparo de sus padres o de su esposo. El texto habla de un Dios y Padre justo antes de nombrarlos: se ve desde qué corazón se mira a quien se quedó sin nadie.

Hoy esto tiene rostros: la vecina viuda que casi nunca recibe visitas, el niño que crece sin sus padres cerca. Visitar no pide grandes recursos: pide ir. Y «guardarse sin mancha de este mundo» no es aislarse, sino cuidar que lo que nos rodea no nos ensucie por dentro. Quien sigue a Jesús cree que la libertad de esa ley no se conquista a fuerza de esfuerzo: es un regalo de quien primero se hizo presente entre nosotros.

El pasaje empezó con alguien que se fue y olvidó, y termina con alguien que se queda, mira con atención y actúa. Dios no pide algo espectacular: pide seguir mirando su palabra hasta que se note en la lengua, en las visitas y en el modo de vivir, y uno llegue a ser, como dice el texto, «hacedor de la obra».

Para vivirlo hoy

Elige hoy una sola frase que sueles decir por costumbre sobre otra persona (una queja, una ironía, una frase suelta que no aporta) y decide soltarla, al menos por hoy. Cuando aparezca en tu cabeza, déjala pasar sin decirla y cambia de tema o guarda silencio.

Para meditar

  • ¿Qué has oído o leído últimamente que se te olvidó antes de llegar la noche?
  • ¿A quién, cerca de ti, le vendría bien una visita, una llamada o un rato de compañía esta semana?
  • ¿Qué palabra tuya de esta semana quisieras haber frenado, y qué podrías haber dicho en su lugar?

Oración

Ayúdame a mirar con atención lo que tu palabra me muestra, y a no olvidarlo en cuanto me dé la vuelta. Frena mi lengua cuando quiera hablar de más, y ponme en marcha hacia quien se quedó sin amparo. Dios y Padre, para ti vale la fe que visita a los huérfanos y a las viudas en sus apuros; enséñame a hacerlo con lo poco que tengo. Cuida mi corazón de lo que lo mancha, y que mi fe no quede vacía, sino que se note en lo que hago. Amén.

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