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Amor

Probar las voces y quedarnos en el amor de Dios

Lectura · 1 Juan 4:1-20

1AMADOS, no creáis á todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios: porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo.

2En esto conoced el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo es venido en carne es de Dios:

3Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo es venido en carne, no es de Dios: y éste es el espíritu del anticristo, del cual vosotros habéis oído que ha de venir, y que ahora ya está en el mundo.

4Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque el que en vosotros está, es mayor que el que está en el mundo.

5Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye.

6Nosotros somos de Dios: el que conoce á Dios, nos oye: el que no es de Dios, no nos oye. Por esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.

7Carísimos, amémonos unos á otros; porque el amor es de Dios. Cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce á Dios.

8El que no ama, no conoce á Dios; porque Dios es amor.

9En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió á su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.

10En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado á Dios, sino que él nos amó á nosotros, y ha enviado á su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

11Amados, si Dios así nos ha amado, debemos también nosotros amarnos unos á otros.

12Ninguno vió jamás á Dios. Si nos amamos unos á otros, Dios está en nosotros, y su amor es perfecto en nosotros:

13En esto conocemos que estamos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.

14Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo para ser Salvador del mundo.

15Cualquiera que confesare que Jesús es el Hijo de Dios, Dios está en él, y él en Dios.

16Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que vive en amor, vive en Dios, y Dios en él.

17En esto es perfecto el amor con nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.

18En amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor: porque el temor tiene pena. De donde el que teme, no está perfecto en el amor.

19Nosotros le amamos á él, porque él nos amó primero.

20Si alguno dice, Yo amo á Dios, y aborrece á su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama á su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar á Dios á quien no ha visto?

1 Juan 4:1-20

Llega un mensaje al teléfono con una noticia que suena muy segura de sí misma. Alguien lo reenvió a varios grupos y tú no sabes si es verdad. Otro mensaje dice lo contrario con igual seguridad. Juan da a sus lectores un consejo que sigue valiendo: «no creáis á todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios». Con esa palabra se refiere a voces que dicen hablar de parte de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo.

La prueba que da es concreta y tiene que ver con una persona: «todo espíritu que confiesa que Jesucristo es venido en carne es de Dios». El criterio no es quién habla más fuerte, sino qué dice de Jesús, el Hijo que de verdad se hizo humano. El espíritu que no lo confiesa es el del anticristo, dice. Pero enseguida consuela: los suyos son de Dios, y «el que en vosotros está, es mayor que el que está en el mundo».

De pronto la carta gira. Juan llama a sus lectores carísimos, que hoy diríamos muy queridos, y les pide que se amen unos a otros, porque el amor viene de Dios. Más aún: «Dios es amor». No describe una emoción de Dios entre otras, sino lo que Dios es. Quien no ama, añade, no conoce a Dios. Ese es el otro modo de probar: no solo por lo que se dice de Jesús, sino por cómo se vive.

Juan señala ese amor con un hecho: «no que nosotros hayamos amado á Dios, sino que él nos amó á nosotros». Dios se movió primero. Envió a su Hijo único al mundo para que tengamos vida por medio de él, como sacrificio por nuestros pecados. Y el miedo no tiene la última palabra: el amor completo lo saca fuera, dice Juan, no para señalar a quien lo siente, sino para mostrar hacia dónde lleva el amor de Dios.

La parte más incómoda viene al final: «Yo amo á Dios, y aborrece á su hermano, es mentiroso». Aborrecer es odiar. Juan pregunta cómo se puede amar a Dios, a quien nadie ha visto, si no se ama al hermano que sí se ve. Ese hermano hoy tiene rostro: alguien de la comunidad que nos irrita, un familiar distante. No suena a acusación, sino a pista: el amor de Dios, cuando entra, busca salida hacia alguien de carne y hueso.

Todo apunta a Jesús. Los que lo vieron testifican que el Padre lo envió para ser Salvador del mundo. Por eso se puede probar cualquier voz mirándolo a él, y por eso se puede amar sin miedo: no amamos para ganarnos su cariño, sino porque ya lo tenemos. Todo el camino comienza en un solo punto: «Nosotros le amamos á él, porque él nos amó primero».

Para vivirlo hoy

Elige hoy a una persona con quien haya tensión o distancia y envíale ahora un mensaje corto y amable, sin reclamos ni explicaciones: preguntarle cómo está o desearle un buen día. No te llevará más de dos minutos, y es una manera concreta de responder a un amor que llegó primero.

Para meditar

  • ¿Qué voces te llegan cada día con mucha seguridad, y qué preguntas podrías hacerte antes de creerlas?
  • Si Dios nos amó primero, ¿cómo cambia tu manera de acercarte a él cuando sientes que has fallado?
  • ¿Quién es la persona cercana a quien hoy te cuesta amar, y qué gesto pequeño podrías tener con ella?

Oración

Jesús, tú viniste en carne, y por eso sabemos cómo es Dios: es amor. Gracias porque me amaste primero, sin que yo hiciera nada para merecerlo. Cuando llegue una voz que suene muy segura, ayúdame a probarla mirándote a ti. Y cuando me cueste amar a quien tengo cerca, recuérdame cómo me amaste. Que tu amor, el que ya vive en mí por tu Espíritu, llegue hoy a alguien más. Amén.

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