Esperanza
Oro por cobre, paz por tributo, luz para siempre
Lectura · Isaías 60:17-22
17En vez de cobre traeré oro, y por hierro plata, y por madera metal, y en lugar de piedras hierro; y pondré paz por tu tributo, y justicia por tus exactores.
18Nunca más se oirá en tu tierra violencia, destrucción ni quebrantamiento en tus términos; mas á tus muros llamarás Salud, y á tus puertas Alabanza.
19El sol nunca más te servirá de luz para el día, ni el resplandor de la luna te alumbrará; sino que Jehová te será por luz perpetua, y el Dios tuyo por tu gloria.
20No se pondrá jamás tu sol, ni menguará tu luna: porque te será Jehová por luz perpetua, y los días de tu luto serán acabados.
21Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme.
22El pequeño será por mil, el menor, por gente fuerte. Yo Jehová á su tiempo haré que esto sea presto.
¿Qué pondría Dios en el lugar de aquello que hoy más nos exige? Este pasaje da una respuesta sorprendente. Isaías habla a una ciudad, con sus muros y sus puertas, y le anuncia de parte de Jehová: «pondré paz por tu tributo, y justicia por tus exactores». El tributo es lo que se paga a quien manda, y los exactores son quienes lo cobran. En lugar de lo que se exige, paz. En lugar de quienes exigen, justicia.
El mismo versículo abre con un cambio de metales: «En vez de cobre traeré oro, y por hierro plata». Cada material se cambia por otro de más valor. El texto no habla de dinero para ti; retrata lo que Dios hace con una ciudad que él restaura. Después dice: «Nunca más se oirá en tu tierra violencia, destrucción ni quebrantamiento». Quebrantamiento quiere decir ruina, algo hecho pedazos. Los muros se llamarán Salud, palabra que hoy diríamos salvación, y las puertas, Alabanza.
El pasaje sube entonces de la ciudad al cielo. El sol y la luna ya no serán la luz de la que dependa este pueblo, porque tiene otra: «Jehová te será por luz perpetua». No dice que sol y luna sean malos; dice que quien alumbrará, sin pausa, será Jehová mismo. Y añade una frase para quien lleva una pérdida: «los días de tu luto serán acabados». Quien promete que el luto termina es el mismo que se llama luz.
Luego habla de la gente: «renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme». Renuevos son brotes nuevos de una planta que Dios mismo sembró. Es un modo tierno de decir de quién es este pueblo y para qué existe. Y termina con palabras para quienes se sienten pocos: «El pequeño será por mil». Eso se dijo a un pueblo concreto y no es una cifra para nuestra congregación; lo que enseña es que a Dios no le estorba lo pequeño.
La última línea junta dos ideas que parecen chocar: el tiempo de Dios y la rapidez. Él fija la hora, y cuando llega, actúa sin demora. El texto habla de la restauración de Sión, no de cada espera personal, así que no conviene prometernos lo que no dice. Deja, eso sí, una pauta modesta: el tiempo de Dios no es azar. Si hoy esperas una respuesta del banco, un resultado médico o que alguien cambie, este versículo no asegura que llegue como quieres; dice que quien fija la hora no es la casualidad ni nuestra prisa. Se puede esperar sin quedarse quieto: seguir con lo que hoy toca mientras la hora llega.
Pensando en Jesús, la fe encuentra en él esa luz sin ocaso, y en quienes creen en él, los brotes de esa siembra. Ninguno de ellos se hizo a sí mismo. Es como un brote que asoma en una maceta junto a la ventana: nadie lo fabricó de la nada, alguien lo sembró, y sigue creciendo aunque todavía se vea pequeño.
Para vivirlo hoy
Escribe en un papel una cosa que hoy te exige: una cuenta, una tarea, lo que alguien espera de ti. Debajo, escribe la palabra paz, como en el versículo 17, y pídele a Dios que la ponga en lugar de esa exigencia. Guarda el papel donde lo veas esta semana. No hace falta resolver nada hoy.
Para meditar
- ¿Qué es lo que hoy más te exige, y cómo se sentiría que en su lugar hubiera paz?
- ¿Qué lugar de tu vida, tu casa, tu trabajo o tu barrio, te gustaría ver llamado Alabanza?
- Dios fija la hora y actúa pronto. ¿Qué espera de estos días te cuesta más entregarle?
Oración
Jehová, luz que no se pone, te traigo lo que hoy me exige, para que allí pongas tu paz. Prometiste cobre cambiado por oro en la ciudad que restauras; mira también lo que en mi vida se ha vuelto pesado y gastado. Ayúdame a esperar sin desesperar, confiando en que tú conoces el tiempo. Gracias por llamar renuevo a tu pueblo y por no tener en poco lo pequeño. Hazme un brote en tu plantío, para tu gloria. Amén.