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Fidelidad de Dios

Cantar antes de ver el cambio

Lectura · Isaías 54:1-17

1ALÉGRATE, oh estéril, la que no paría; levanta canción, y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto: porque más son los hijos de la dejada que los de la casada, ha dicho Jehová.

2Ensancha el sitio de tu cabaña, y las cortinas de tus tiendas sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y fortifica tus estacas.

3Porque á la mano derecha y á la mano izquierda has de crecer; y tu simiente heredará gentes, y habitarán las ciudades asoladas.

4No temas, que no serás avergonzada; y no te avergüences, que no serás afrentada: antes, te olvidarás de la vergüenza de tu mocedad, y de la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria.

5Porque tu marido es tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es su nombre: y tu redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado.

6Porque como á mujer dejada y triste de espíritu te llamó Jehová, y como á mujer moza que es repudiada, dijo el Dios tuyo.

7Por un pequeño momento te dejé; mas te recogeré con grandes misericordias.

8Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; mas con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo tu Redentor Jehová.

9Porque esto me será como las aguas de Noé; que juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré.

10Porque los montes se moverán, y los collados temblarán; mas no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz vacilará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti.

11Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo; he aquí que yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo, y sobre zafiros te fundaré.

12Tus ventanas pondré de piedras preciosas, tus puertas de piedras de carbunclo, y todo tu término de piedras de buen gusto.

13Y todos tus hijos serán enseñados de Jehová; y multiplicará la paz de tus hijos.

14Con justicia serás adornada; estarás lejos de opresión, porque no temerás; y de temor, porque no se acercará á ti.

15Si alguno conspirare contra ti, será sin mí: el que contra ti conspirare, delante de ti caerá.

16He aquí que yo crié al herrero que sopla las ascuas en el fuego, y que saca la herramienta para su obra; y yo he criado al destruidor para destruir.

17Toda herramienta que fuere fabricada contra ti, no prosperará; y tú condenarás toda lengua que se levantare contra ti en juicio. Esta es la heredad de los siervos de Jehová, y su justicia de por mí, dijo Jehová.

Isaías 54:1-17

La primera palabra de este capítulo es una orden: «Alégrate, oh estéril, la que no paría; levanta canción». Se dirige a una mujer sin nada que mostrar todavía. Aquí la orden no significa sentir alegría porque las cosas salieron bien; significa empezar a cantar porque Jehová ya habló, y su palabra va por delante de lo que se ve. Por el contexto del libro, esa mujer es el pueblo de Dios. Se le pide: «Ensancha el sitio de tu cabaña», como quien prepara lugar para gente que aún no llega.

Lo que sigue no esconde la herida. Al pueblo se le habla como a una esposa: viuda, dejada, una joven repudiada. Y quien habla se presenta como su esposo: «tu marido es tu Hacedor». Por eso puede decir: «Por un pequeño momento te dejé; mas te recogeré con grandes misericordias». Por el contexto del libro, eso se dice a Israel, que había vivido el destierro. Hubo abandono y hubo enojo, dichos sin rodeos, y aun así Dios los pone en proporción: un poco de ira por un momento, frente a una misericordia eterna.

Para asegurarlo, Dios recuerda un juramento antiguo. Así como juró que las aguas de Noé no volverían a cubrir la tierra, jura que no volverá a enojarse con ella ni a reñirle, es decir, a reprenderla. Y compara: «los montes se moverán, y los collados temblarán; mas no se apartará de ti mi misericordia». Las colinas pueden moverse; su misericordia, no. No toda pena que vivimos es enojo de Dios: aquí habla de su pueblo y de su promesa de volver a él.

A la que está cansada le habla con una ternura que sorprende: «Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo». No la regaña por cómo está: la nombra tal como está, y promete cimentar sus piedras sobre zafiros y multiplicar la paz de sus hijos. Si esa fatiga pesa demasiado, busca compañía: cuéntale a tu pastor o a alguien de confianza lo que llevas, y si te ronda la idea de hacerte daño, pide ayuda profesional sin tardanza.

El capítulo termina con el herrero que fabrica armas y con el destructor; el texto dice que Dios hizo a ambos: ninguna herramienta forjada contra su pueblo prosperará. Eso se dijo a gente que ya conocía la ruina, y no garantiza que nadie salga ileso. La mirada no se queda en las armas, sino en quien las hizo.

Hoy hay quien se reconoce en estas palabras: quien perdió a alguien, a quien le dijeron que ya no lo necesitan, quien espera algo que no llega. A nadie se le pide fingir alegría. La estéril canta porque Jehová ya habló, aunque todavía no vea a sus hijos, y algo parecido queda abierto para nosotros: decir en voz alta lo que Dios ya dijo sobre su misericordia, sin que el cambio haya llegado. Quien sigue a Jesús oye, además, que la cabaña se ensancha para gente de todas las naciones, porque quien llama es el «Dios de toda la tierra».

Para vivirlo hoy

Nombra una cosa de tu vida que hoy no ves cambiar. Con esa cosa en mente, di en voz alta, o tararea, lo que Jehová dijo: «no se apartará de ti mi misericordia». No se trata de fingir alegría ni de negar lo que pesa. Se trata de empezar por lo que Dios ya dijo, como la estéril que canta antes de ver a sus hijos.

Para meditar

  • ¿En qué parte de tu vida te cuesta cantar porque todavía no ves ningún cambio?
  • Los montes pueden moverse, pero la misericordia de Dios no se aparta. ¿Qué te ayuda a recordarlo cuando algo en tu vida tiembla?
  • Si Dios te dijera hoy que ensanches el sitio de tu cabaña, ¿a quién le harías lugar en tu vida?

Oración

Hacedor y Redentor mío, tú eres Dios de toda la tierra y aun así hablas con ternura a quien lleva encima la tempestad. Recógeme con tu misericordia cuando me sienta lejos de ti, y no me dejes pensar que todo dolor viene de tu enojo. Gracias porque tu misericordia no se aparta aunque los montes se muevan. Ensancha mi corazón para que haya lugar en él para quienes están sin consuelo. Cimienta lo que hoy tiembla en mi vida y dame voz para cantar, aunque todavía no vea el cambio. Amén.

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