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Paz y descanso

Noé, el nombre que prometía un respiro

Lectura · Génesis 5:29-32

29Y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos aliviará de nuestras obras, y del trabajo de nuestras manos, á causa de la tierra que Jehová maldijo.

30Y vivió Lamech, después que engendró á Noé, quinientos noventa y cinco años: y engendró hijos é hijas.

31Y fueron todos los días de Lamech setecientos setenta y siete años; y murió.

32Y siendo Noé de quinientos años, engendró á Sem, Châm, y á Japhet.

Génesis 5:29-32

Un padre le pone nombre a su hijo y, en ese mismo momento, dice qué espera de él: «Este nos aliviará de nuestras obras, y del trabajo de nuestras manos, á causa de la tierra que Jehová maldijo». Entre tantas cifras de años y de nacimientos, alguien se detiene a hablar. Se llama Lamech, y lo que dice es el peso del trabajo de cada día, dicho en voz alta a la hora de ponerle nombre a su hijo.

Aquí «obras» quiere decir las faenas de cada día, lo que hay que hacer con las manos para vivir. Y la razón que da Lamech es dura: la tierra que Jehová maldijo, un suelo que, como el libro ya había contado, quedó bajo sentencia después de la desobediencia de la primera pareja. Por eso el niño se llama Noé, un nombre que muchos entienden ligado a la palabra descanso. Es un modo de decir: ojalá llegue un respiro.

Lo que sigue es sobrio. Lamech aún vivió quinientos noventa y cinco años, tuvo hijos e hijas, y el texto cierra con «y murió». No cuenta si vio cumplida su esperanza. Noé, a los quinientos años, tiene a Sem, Châm y Japhet, y el relato sigue con ellos. El pasaje no esconde que el suelo está bajo una sentencia de Dios, y eso es serio. Pero tampoco tapa ni corrige la queja de Lamech: la deja dicha, con su esperanza dentro, y la historia sigue adelante.

Hoy el trabajo sigue costando y cansando: la planilla que no cuadra, el turno que empieza antes de que salga el sol, las tareas de la casa que vuelven cada día, la boleta que llega antes que el sueldo. Muchos tenemos nuestro propio Noé en mente: un ascenso, unas vacaciones, el día en que todo se acomode. Pueden ser buenos regalos, y esperarlos no tiene nada de malo. Pero ninguno quita del todo el cansancio de vivir en un mundo así.

Ningún hijo, por querido que sea, quita por sí solo la fatiga de todo un mundo, y el pasaje no dice que Noé lo lograra. Los cristianos leemos en el deseo de Lamech algo más grande que un niño: la espera de alguien que dé descanso de verdad. Jesús invitó a los cansados y cargados a ir a él, y les prometió descanso. No borra hoy cada tarea, pero ofrece descanso para el alma, y una paz que no depende de terminar la lista.

Ese descanso no se parece a una tarde libre. El trabajo sigue ahí mañana, con su peso y su cansancio; lo que cambia es con quién lo trabajas. En el bus, frente a la pantalla o con las manos en el agua de la loza, el cansancio puede vivirse en compañía de Jesús. Eso no cambia el suelo que pisas, pero sí la manera de recorrerlo.

Para vivirlo hoy

Durante los próximos tres días, cuando termine tu jornada de trabajo o de tareas, siéntate un minuto antes de la cena o del descanso. Escribe en un papel una cosa que quedó pendiente y entrégala a Dios con estas palabras: Jesús, contigo. Luego deja el resto para mañana, aunque la lista no haya terminado.

Para meditar

  • ¿Qué parte de tu trabajo o de tus tareas diarias te pesa más en esta época?
  • ¿Qué estás esperando que te dé un respiro, y qué harías si ese respiro tardara más de lo que quisieras?
  • ¿Qué cambiaría en tu día si llevaras a Jesús contigo a la tarea que menos te gusta?

Oración

Me cuesta creer que el descanso no dependa de terminar mi lista. Me cuesta soltar las tareas cuando llega la noche, y a veces trabajo como si todo cayera solo sobre mis hombros. Jesús, tú llamaste a quienes van cansados y cargados, y hoy vengo con las manos llenas de faenas y la cabeza llena de preocupaciones. Ayúdame a hacer mi parte sin perderme en ella y a recibir de ti un respiro que la tierra no da. Amén.

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