Creación y providencia
Antes de todo, ya estaba Dios hablando
Lectura · Génesis 1:1-22
1EN el principio crió Dios los cielos y la tierra.
2Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas.
3Y dijo Dios: Sea la luz: y fué la luz.
4Y vió Dios que la luz era buena: y apartó Dios la luz de las tinieblas.
5Y llamó Dios á la luz Día, y á las tinieblas llamó Noche: y fué la tarde y la mañana un día.
6Y dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas.
7E hizo Dios la expansión, y apartó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión: y fué así.
8Y llamó Dios á la expansión Cielos: y fué la tarde y la mañana el día segundo.
9Y dijo Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase la seca: y fué así.
10Y llamó Dios á la seca Tierra, y á la reunión de las aguas llamó Mares: y vió Dios que era bueno.
11Y dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé simiente; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su simiente esté en él, sobre la tierra: y fué así.
12Y produjo la tierra hierba verde, hierba que da simiente según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya simiente está en él, según su género: y vió Dios que era bueno.
13Y fué la tarde y la mañana el día tercero.
14Y dijo Dios: Sean lumbreras en la expansión de los cielos para apartar el día y la noche: y sean por señales, y para las estaciones, y para días y años;
15Y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra: y fué así.
16E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche: hizo también las estrellas.
17Y púsolas Dios en la expansión de los cielos, para alumbrar sobre la tierra,
18Y para señorear en el día y en la noche, y para apartar la luz y las tinieblas: y vió Dios que era bueno.
19Y fué la tarde y la mañana el día cuarto.
20Y dijo Dios: Produzcan las aguas reptil de ánima viviente, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos.
21Y crió Dios las grandes ballenas, y toda cosa viva que anda arrastrando, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie: y vió Dios que era bueno.
22Y Dios los bendijo diciendo: Fructificad y multiplicad, y henchid las aguas en los mares, y las aves se multipliquen en la tierra.
«En el principio crió Dios los cielos y la tierra». Así empieza la Biblia, sin presentaciones ni argumentos, como quien pone la primera piedra de una casa. La palabra que usa, crió, es de otro tiempo; quiere decir creó, hizo existir lo que antes no estaba. Para el niño que mira las estrellas, o para el adulto cansado que se queda pensando cuando el ruido del día se apaga, hay en esta frase una respuesta tranquila: antes de cualquier cosa que hoy nos preocupe, ya estaba Dios.
El punto de partida es sobrio: «Y la tierra estaba desordenada y vacía». Había tinieblas y agua por todas partes, pero no estaba sola, porque «el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas». La haz es la cara, la superficie del agua: Dios ya estaba presente allí. Entonces habla: «Y dijo Dios: Sea la luz: y fué la luz». No hay esfuerzo ni materiales previos; su palabra basta. Después separa la luz de las tinieblas y les pone nombre, Día y Noche. Dios no solo hace: también ordena, marca límites y llama a cada cosa por su nombre.
Sigue el relato y verás un avance sereno. El segundo día Dios abre la expansión entre las aguas. El tercero descubre la tierra seca y hace brotar la hierba y el árbol con su semilla. El cuarto pone las lumbreras, palabra antigua para el sol, la luna y las estrellas, que marcan los días y los años. El quinto llena de vida las aguas y el aire.
Lo que más se nota es cómo mira Dios lo que hace. Una y otra vez el texto se detiene: «Y vió Dios que era bueno». Se alegra de su obra, y nada en ella sobra: las luminarias alumbran la tierra, las plantas dan alimento y semilla, cada criatura tiene su lugar. Fíjate también en las primeras palabras que Dios dirige a los seres vivos: «Y Dios los bendijo diciendo: Fructificad y multiplicad». Antes de que nadie hiciera nada, ya había generosidad de parte de Dios.
Un lunes cualquiera también puede sentirse desordenado y vacío. Las cuentas no cuadran, la casa está tensa y no sabemos por dónde empezar. Este pasaje nos recuerda que esa oscuridad no le es extraña a Dios. El relato avanza día por día, cada uno cerrado con su tarde y su mañana: «Y fué la tarde y la mañana un día». No tenemos que resolverlo todo hoy.
La Biblia vuelve a esta escena y llama a Jesús la Palabra, la voz por la cual fueron hechas todas las cosas. Quien hizo brotar la luz con una palabra es el mismo que después se hizo persona y se acercó a las vidas vacías. El mundo no es un accidente, tú tampoco lo eres, y quien comenzó todo con una palabra sabe acompañar tu día.
Para vivirlo hoy
Durante las próximas noches, antes de dormir, agradece a Dios por algo concreto que usas sin pensarlo: la luz de la mañana, el agua, el pan de la mesa. Luego entrégale, en una sola frase, lo que hoy sientes en desorden. Y si puedes, sal un momento a mirar el cielo y recuerda que el sol, la luna y las estrellas fueron puestos ahí para alumbrar la tierra donde tú vives.
Para meditar
- ¿Qué parte de tu vida se siente hoy desordenada y vacía, y qué significaría ponerla en manos de Dios sin exigirle una solución inmediata?
- ¿Qué regalos de Dios usas cada día sin agradecerlos, y cómo podrías reconocerlos esta semana?
- Si Dios miró lo que hizo y dijo que era bueno, ¿cómo cambia eso tu manera de mirar el mundo, a los demás y a ti mismo?
Oración
Señor y Creador, tú estabas antes de todo, hablaste, y todo fue hecho. Mira lo que hoy está en desorden en mi casa, en mi trabajo y en mi corazón: lo pongo en tus manos sin exigirte prisa. Abre mis ojos para ver lo bueno que sembraste a mi alrededor, la luz de cada mañana, el pan de cada mesa, las personas que me acompañan. Y cuando no vea el camino, recuérdame que tu palabra sigue sosteniendo mi día. En el nombre de Jesús. Amén.