Dios y las naciones
Después del diluvio, familias con nombre, lengua y tierra
Lectura · Génesis 10:1-30
1ESTAS son las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Châm y Japhet, á los cuales nacieron hijos después del diluvio.
2Los hijos de Japhet: Gomer, y Magog, y Madai, y Javán, y Tubal, y Meshech, y Tiras.
3Y los hijos de Gomer: Ashkenaz, y Riphat, y Togorma.
4Y los hijos de Javán: Elisa, y Tarsis, Kittim, y Dodanim.
5Por éstos fueron repartidas las islas de las gentes en sus tierras, cada cual según su lengua, conforme á sus familias en sus naciones.
6Los hijos de Châm: Cush, y Mizraim, y Phut, y Canaán.
7Y los hijos de Cush: Seba, Havila, y Sabta, y Raama, y Sabtecha. Y los hijos de Raama: Sheba y Dedán.
8Y Cush engendró á Nimrod: éste comenzó á ser poderoso en la tierra.
9Este fué vigoroso cazador delante de Jehová; por lo cual se dice: Así como Nimrod, vigoroso cazador delante de Jehová.
10Y fué la cabecera de su reino Babel, y Erech, y Accad, y Calneh, en la tierra de Shinar.
11De aquesta tierra salió Assur, y edificó á Nínive, y á Rehoboth, y á Calah,
12Y á Ressen entre Nínive y Calah; la cual es ciudad grande.
13Y Mizraim engendró á Ludim, y á Anamim, y á Lehabim, y á Naphtuhim,
14Y á Pathrusim, y á Casluim, de donde salieron los Filisteos, y á Caphtorim.
15Y Canaán engendró á Sidón, su primogénito, y á Heth,
16Y al Jebuseo, y al Amorrheo, y al Gergeseo,
17Y al Heveo, y al Araceo, y al Sineo,
18Y al Aradio, y al Samareo, y al Amatheo: y después se derramaron las familias de los Cananeos.
19Y fué el término de los Cananeos desde Sidón, viniendo á Gerar hasta Gaza, hasta entrar en Sodoma y Gomorra, Adma, y Zeboim hasta Lasa.
20Estos son los hijos de Châm por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones.
21También le nacieron hijos á Sem, padre de todos los hijos de Heber, y hermano mayor de Japhet.
22Y los hijos de Sem: Elam, y Assur, y Arphaxad, y Lud, y Aram.
23Y los hijos de Aram: Uz, y Hul, y Gether, y Mas.
24Y Arphaxad engendró á Sala, y Sala engendró á Heber.
25Y á Heber nacieron dos hijos: el nombre del uno fué Peleg, porque en sus días fué repartida la tierra; y el nombre de su hermano, Joctán.
26Y Joctán engendró á Almodad, y á Sheleph, y Hazarmaveth, y á Jera,
27Y á Hadoram, y á Uzal, y á Dicla,
28Y á Obal, y á Abimael, y á Seba,
29Y á Ophir, y á Havila, y á Jobad: todos estos fueron hijos de Joctán.
30Y fué su habitación desde Mesa viniendo de Sephar, monte á la parte del oriente.
Tras el juicio del diluvio, el texto se llena de nacimientos. El capítulo empieza diciendo que a Sem, Châm y Japhet «nacieron hijos después del diluvio». Donde todo había quedado bajo el agua, las familias empiezan a contarse otra vez. Y la lista avanza nombre tras nombre, como quien se asoma a una casa que vuelve a llenarse de gente, con cada hijo anotado en su lugar.
Primero vienen los hijos de Japhet, y de ellos se cuenta que fueron repartidas «las islas de las gentes», es decir, las tierras donde se establecieron los distintos pueblos y naciones, «cada cual según su lengua, conforme á sus familias en sus naciones». Luego los hijos de Châm: Cush, Mizraim, Phut y Canaán. Cada nombre es una familia, y con el tiempo cada familia se vuelve un pueblo con su idioma y su tierra.
Entre tantos nombres que apenas pasan, uno se detiene: Nimrod, hijo de Cush, que «comenzó á ser poderoso en la tierra». El texto lo llama «vigoroso cazador delante de Jehová»: un cazador fuerte y de gran fama, tanto que su nombre quedó como dicho. Anota que «la cabecera de su reino» —el centro de su reino— fueron Babel, Erech, Accad y Calneh, en la tierra de Shinar. No dice qué lo movía; deja solo su fuerza, su fama y su reino. También de esa tierra salió Assur, que edificó Nínive y otras ciudades.
Este capítulo casi no nombra a Dios: lo hace una sola vez, a propósito de Nimrod. Pero después del diluvio Dios había bendecido a Noé y a sus hijos y les había dicho que llenaran la tierra, y aquí se ve cumplirse ese encargo: la tierra se llena de familias, cada una con su lengua y su lugar. Es una manera de leer la lista: como fruto de una bendición dada antes, no como un simple inventario. De Peleg se dice que «en sus días fué repartida la tierra»; el texto no explica cómo.
Los nombres de esta lista suenan lejanos, pero el mundo que muestra no lo es. Hoy también vivimos entre pueblos y lenguas distintas, como los de esta lista. En la fila del supermercado, en la sala de espera, en el bus, hay gente que habla de otra manera o que llegó de otro país. Cada persona trae un nombre, una familia y una historia, igual que cada nombre de este capítulo.
Un capítulo que parecía solo una lista nos deja mirando personas: con nombre, con lengua, con lugar. Los cristianos creemos que la buena noticia de Jesús es para gente de toda lengua y nación, y que nadie queda al margen de ella. Por eso una lista de nombres antiguos puede enseñarnos algo sencillo: detrás de cada persona que se cruza en el camino hay una historia que merece ser conocida.
Para vivirlo hoy
Piensa en una persona de tu entorno que habla otra lengua o llegó de otro país: alguien del trabajo, del barrio o de la iglesia. Hoy aprende a pronunciar bien su nombre, pregúntale cómo se dice si no lo sabes, y salúdala usándolo, sin prisa.
Para meditar
- ¿Qué te dice sobre Dios que la Biblia anote tantos nombres, aunque a casi nadie le suenen hoy?
- ¿Qué lenguas o países conoces de cerca, por tu familia, tu trabajo o tu barrio?
- ¿Cómo cambia tu manera de saludar saber que detrás de cada nombre hay una familia y un pueblo con su historia?
Oración
Jesús, este capítulo no es más que una lista de nombres, y sin embargo en ella se ven familias, lenguas y lugares. Gracias porque tu buena noticia es para gente de toda lengua y nación. Enséñame a mirar con respeto a quien habla distinto o llegó de lejos, y a aprender su nombre. Que mi saludo de hoy sea sencillo y verdadero, y que quien lo reciba sienta que cuenta. Amén.