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Arrepentimiento y restauración

Lo que se ve y lo que hay en el corazón

Lectura · Ezequiel 14:1-15

1Y VINIERON á mí algunos de los ancianos de Israel, y sentáronse delante de mí.

2Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:

3Hijo del hombre, estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro: ¿acaso he de ser yo verdaderamente consultado por ellos?

4Háblales por tanto, y diles: Así ha dicho el Señor Jehová: Cualquier hombre de la casa de Israel que hubiere puesto sus ídolos en su corazón, y establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro, y viniere al profeta, yo Jehová responderé al que viniere en la multitud de sus ídolos;

5Para tomar á la casa de Israel en su corazón, que se han apartado de mí todos ellos en sus ídolos.

6Por tanto di á la casa de Israel: Así dice el Señor Jehová: Convertíos, y volveos de vuestros ídolos, y apartad vuestro rostro de todas vuestras abominaciones.

7Porque cualquier hombre de la casa de Israel, y de los extranjeros que moran en Israel, que se hubiere apartado de andar en pos de mí, y hubiere puesto sus ídolos en su corazón, y establecido delante de su rostro el tropiezo de su maldad, y viniere al profeta para preguntarle por mí, yo Jehová le responderé por mí mismo:

8Y pondré mi rostro contra aquel hombre, y le pondré por señal y por fábula, y yo lo cortaré de entre mi pueblo; y sabréis que yo soy Jehová.

9Y el profeta, cuando fuere engañado y hablare palabra, yo Jehová engañé al tal profeta; y extenderé mi mano sobre él, y raeréle de en medio de mi pueblo de Israel.

10Y llevarán su maldad: como la maldad del que pregunta, así será la maldad del profeta;

11Para que no yerren más la casa de Israel de en pos de mí: ni más se contaminen en todas sus rebeliones, y me sean por pueblo, y yo les sea por Dios, dice el Señor Jehová.

12Y fué á mí palabra de Jehová, diciendo:

13Hijo del hombre, cuando la tierra pecare contra mí rebelándose pérfidamente, y extendiere yo mi mano sobre ella, y le quebrantare el arrimo del pan, y enviare en ella hambre, y talare de ella hombres y bestias;

14Si estuvieren en medio de ella estos tres varones, Noé, Daniel, y Job, ellos por su justicia librarán su vida, dice el Señor Jehová.

15Y si hiciere pasar malas bestias por la tierra, y la asolaren, y fuere desolada que no haya quien pase á causa de las bestias,

Ezequiel 14:1-15

Por fuera, unos ancianos de Israel llegan hasta el profeta y se sientan delante de él, como quien viene a oír una palabra de Dios. Por dentro, le dice Dios a Ezequiel, «han puesto sus ídolos en su corazón». Ese contraste sostiene todo el pasaje. Y Dios añade una pregunta que pesa: «¿acaso he de ser yo verdaderamente consultado por ellos?»

Dios llama a esos ídolos «el tropiezo de su maldad», puesto delante del rostro: algo que tienen a la vista y en lo que siguen cayendo. Ordena una respuesta sin adornos: al que venga así, Jehová le responderá «en la multitud de sus ídolos», que quiere decir según todo lo que de verdad lleva dentro. Pero dice también para qué: para alcanzar el corazón de la casa de Israel, que se había apartado de Él por sus ídolos. La dureza tiene un blanco, y ese blanco es el corazón.

En medio de la sentencia hay una puerta abierta: «Convertíos, y volveos de vuestros ídolos». Hoy diríamos: den la vuelta, apártense de ellos. Ese llamado es para la casa de Israel. La advertencia, en cambio, alcanza incluso a los extranjeros que viven en Israel: nadie queda fuera de esta regla. El texto no rebaja lo que sigue: quien se aparta y aun así viene a preguntar tendrá a Dios en contra. Los versículos 9 y 10 son de los más difíciles: dicen que si un profeta es engañado y habla, Jehová mismo lo engañó, y que ambos llevarán su culpa. El pasaje no lo explica, y no conviene inventar una explicación.

El versículo 11 dice adónde va todo esto: que Israel no se extravíe más ni se contamine, «y me sean por pueblo, y yo les sea por Dios». Después el texto habla de una tierra que le es infiel a Dios: él le quita el pan que la sostiene, envía hambre y corta de ella a hombres y animales. Y aun si estuvieran en medio de ella Noé, Daniel y Job, «ellos por su justicia librarán su vida»: la de ellos.

Pocos guardamos una estatua en el salón, pero todos conocemos lo que es que algo ocupe en el corazón el lugar de Dios: la comodidad, la reputación, el éxito, la necesidad de tenerlo todo bajo control. Y también sabemos ir a la iglesia, orar y cantar con esas cosas a cuestas. Conviene aclarar algo: preocuparse o llorar una pérdida no es tener un ídolo. El pasaje habla de ídolos que se eligen y se instalan en el corazón, no de la angustia que nos cae encima. Lo que pide es darles la vuelta y volver a Dios, que sigue llamando.

Fíjate en los tres nombres del versículo 14, puestos uno al lado del otro. Noé, Daniel y Job son tres hombres que la Biblia recuerda por su justicia, y aun así el texto dice que esa justicia libra su propia vida. Ese límite deja una puerta que solo el evangelio abre: Cristo, el justo, entregó su vida para librar la de otros.

Para vivirlo hoy

Busca esta semana a alguien de tu confianza —un amigo, alguien de tu iglesia, un familiar— y pídele unos minutos de su tiempo. Pregúntale con sinceridad si nota algo en tu vida que ocupe el lugar de Dios, y escucha hasta el final sin defenderte. Luego agradécele su franqueza, aunque lo que oigas no sea fácil.

Para meditar

  • ¿Qué ocupa hoy en mi corazón un lugar que le corresponde a Dios, aunque por fuera todo parezca en orden?
  • ¿Qué significaría para mí volverme de algo de verdad, y no solo dejar de hablar de ello?
  • ¿Qué me muestra de Dios que, en medio de un juicio tan serio, su meta sea tener un pueblo suyo y ser su Dios?

Oración

Padre, tú ves el corazón detrás de lo que mostramos, y aun así llamas a volver. Confieso que llego a ti con cosas que no quiero soltar: la comodidad, la imagen, las ganas de controlarlo todo. Ayúdame a darles la vuelta y a apartar la mirada de ellas. Gracias porque tu meta no es perdernos, sino tener un pueblo que sea tuyo y ser su Dios, y porque no me pides fingir: puedo llegar con mis cargas y mis lágrimas. Por Cristo, el Justo que dio su vida por otros, te lo pido. Amén.

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