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Creación y providencia

La gloria que se detiene en la puerta oriental

Lectura · Ezequiel 10:17-22

17Cuando se paraban ellos, parábanse ellas, y cuando ellos se alzaban, alzábanse con ellos: porque el espíritu de los animales estaba en ellas.

18Y la gloria de Jehová se salió de sobre el umbral de la casa, y paró sobre los querubines.

19Y alzando los querubines sus alas, levantáronse de la tierra delante de mis ojos: cuando ellos salieron, también las ruedas al lado de ellos: y paráronse á la entrada de la puerta oriental de la casa de Jehová, y la gloria del Dios de Israel estaba arriba sobre ellos.

20Este era el animal que vi debajo del Dios de Israel en el río de Chebar; y conocí que eran querubines.

21Cada uno tenía cuatro rostros, y cada uno cuatro alas, y figuras de manos humanas debajo de sus alas.

22Y la figura de sus rostros era la de los rostros que vi junto al río de Chebar, su mismo parecer y su ser; cada uno caminaba en derecho de su rostro.

Ezequiel 10:17-22

El profeta mira una puerta. La gloria de Jehová estaba sobre el umbral de la casa, y ahora «se salió de sobre el umbral de la casa, y paró sobre los querubines». El umbral es el borde de la entrada, ese lugar que todos pisan sin fijarse. Ahí empieza la escena de hoy: con algo que se mueve desde el sitio donde estaba y se detiene un poco más allá, encima de unas criaturas que Ezequiel reconoce.

Los querubines abren las alas y se levantan de la tierra «delante de mis ojos», dice Ezequiel. Las ruedas salen con ellos, al lado de cada uno, y todos se detienen a la entrada de la puerta oriental de la casa de Jehová. Cada querubín tiene cuatro rostros, cuatro alas y figuras de manos humanas debajo de las alas. Ezequiel sabe quiénes son: los mismos que vio junto al río Chebar, lejos de esta casa.

Todo se mueve al mismo compás. «Cuando se paraban ellos, parábanse ellas» quiere decir que si los querubines se detenían, las ruedas también, y si se alzaban, ellas se alzaban con ellos. El versículo da la razón: el espíritu de los seres vivos estaba en las ruedas. Y cada querubín «caminaba en derecho de su rostro», es decir, iba derecho hacia donde miraba. Una manera de leerlo es ver ahí un mundo que gira con orden, donde nada rueda por su cuenta.

Ahora viene la parte difícil. La gloria sale de la casa. Los capítulos anteriores han mostrado cómo el pueblo se había alejado de Dios, y aquí el profeta ve que esa presencia se retira del umbral hacia la puerta oriental. El texto no lo suaviza. Pero fíjate en cómo ocurre: no queda atrás ni se pierde, sino que va por encima de todo, y el versículo 19 lo dice así: «la gloria del Dios de Israel estaba arriba sobre ellos». El libro tampoco termina en esa puerta: más adelante, el profeta ve entrar de nuevo la gloria en la casa.

Hoy también una comunidad puede seguir con el culto, los horarios y las reuniones mientras el corazón se aleja de Dios. Pero esta escena no es un examen para quien siente a Dios lejano por cansancio, desánimo o sequedad. Sentir su ausencia no quiere decir que él se haya ido, y nadie tiene por qué culparse. Los cristianos creemos que esa gloria se hizo cercana en una persona, en Jesús, y que él prometió acompañar a los suyos todos los días.

El profeta se queda mirando una puerta. Por un momento todo queda quieto: las criaturas, las ruedas a su lado y, por encima de todo, la gloria del Dios de Israel. No hace falta más para que la imagen se grabe. Quédate con ella, porque es sencilla y se guarda sin esfuerzo: una puerta, y justo encima de ella, detenida, la gloria de Dios.

Para vivirlo hoy

Esta semana, elige una puerta que cruces cada día. Al pasar el umbral, detente un segundo y recuerda que la gloria de Dios sigue por encima de todo lo que hay al otro lado, como en la visión de Ezequiel. Solo eso: un segundo, un umbral, sin prisa.

Para meditar

  • ¿Qué puerta o umbral de mi día podría recordarme que la gloria de Dios sigue por encima de todo?
  • Si hoy siento lejano a Dios, ¿qué me recuerda este pasaje sobre dónde sigue estando su gloria?
  • ¿Qué me dice de Dios que las criaturas y las ruedas se muevan juntas, bajo un mismo espíritu, sin desviarse ni tropezar?

Oración

Señor Jesús, creemos que la gloria de Dios se hizo cercana en ti. Hoy leemos que se salió de sobre el umbral de una casa que era suya, y no queremos pasar de largo por lo que eso dice de nosotros. Gracias porque nada se mueve sin ti: ni las alas, ni las ruedas, ni nuestros días. Cuando te sintamos lejos, recuérdanos tu promesa de acompañar a los tuyos. Quédate en nuestros caminos y en las conversaciones de hoy. Amén.

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