Servicio y generosidad
Lo ordenado y lo ofrecido: dos maneras de dar
Lectura · Números 31:42-54
42Y de la mitad para los hijos de Israel, que apartó Moisés de los hombres que habían ido á la guerra;
43(La mitad para la congregación fué: de las ovejas, trescientas treinta y siete mil y quinientas;
44Y de los bueyes, treinta y seis mil;
45Y de los asnos, treinta mil y quinientos;
46Y de las personas, diez y seis mil:)
47De la mitad, pues, para los hijos de Israel tomó Moisés uno de cada cincuenta, así de las personas como de los animales, y diólos á los Levitas, que tenían la guarda del tabernáculo de Jehová; como Jehová lo había mandado á Moisés.
48Y llegaron á Moisés los jefes de los millares de aquel ejército, los tribunos y centuriones;
49Y dijeron á Moisés: Tus siervos han tomado razón de los hombres de guerra que están en nuestro poder, y ninguno ha faltado de nosotros.
50Por lo cual hemos ofrecido á Jehová ofrenda, cada uno de lo que ha hallado, vasos de oro, brazaletes, manillas, anillos, zarcillos, y cadenas, para hacer expiación por nuestras almas delante de Jehová.
51Y Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron el oro de ellos, alhajas, todas elaboradas.
52Y todo el oro de la ofrenda que ofrecieron á Jehová de los tribunos y centuriones, fué diez y seis mil setecientos y cincuenta siclos.
53Los hombres del ejército habían pillado cada uno para sí.
54Recibieron, pues, Moisés y el sacerdote Eleazar, el oro de los tribunos y centuriones, y trajéronlo al tabernáculo del testimonio, por memoria de los hijos de Israel delante de Jehová.
Hay dos maneras de dar en este pasaje, y conviven sin chocar. Una se hace «como Jehová lo había mandado á Moisés»: de la mitad que tocó al pueblo, Moisés tomó uno de cada cincuenta, entre personas y animales, y se lo entregó a los levitas, que cuidaban el tabernáculo. La otra no aparece como orden: la traen los jefes del ejército por su cuenta, «cada uno de lo que ha hallado». Una está medida de antemano; de la otra, los propios jefes dan su razón.
La lista del reparto es larga: ovejas, bueyes, asnos y también personas, dieciséis mil, contadas junto a los animales como parte del botín de una guerra. Duele leerlo. Números 31:35 aclara que eran mujeres que no habían estado con ningún hombre, tomadas cautivas en la guerra, y aquí se reparten como botín. Que la Escritura lo cuente no quiere decir que lo ponga como modelo, y de lo que fue de ellas no se dice nada aquí.
Entonces llegaron a Moisés los jefes de los millares, los tribunos y centuriones, que hoy llamaríamos oficiales del ejército. Habían contado a sus hombres y dijeron: «ninguno ha faltado de nosotros». Y siguieron: «Por lo cual hemos ofrecido á Jehová ofrenda». Trajeron joyas de oro, brazaletes, anillos, cadenas, con este propósito: «para hacer expiación por nuestras almas delante de Jehová». Expiar quiere decir quedar en paz con Dios. Ese «por lo cual» parece unir las dos cosas: primero el recuento en que nadie faltaba, después la ofrenda, y podría leerse ahí un gesto de gratitud.
Entre tanto oro, cae una frase aparte: «Los hombres del ejército habían pillado cada uno para sí». Pillar es tomar como botín. La frase no trae reproche; solo pone lado a lado lo que cada grupo hizo con lo suyo. Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron el oro y lo llevaron al tabernáculo «por memoria de los hijos de Israel delante de Jehová», como recuerdo ante Dios.
A veces pasamos por alto lo que no faltó: la persona que llegó bien a casa, el trabajo que no se perdió, el problema que no vino. Al contarlo, quizá nazca algo parecido a lo que dijeron aquellos jefes, y una manera de dar es responder con las manos a lo recibido: algo de tiempo, una comida, una llamada. Si este año faltó alguien o algo, no hace falta forzar la gratitud; puedes dar gracias por otra cosa o presentarle tu pérdida a Dios.
Aquellos jefes traían joyas para hacer expiación, y esa paz con Dios que buscaban se nos da entera en Cristo, que se ofreció por nosotros. Lo que la ofrenda señalaba lo tenemos ahora como regalo, y desde esa paz se puede dar con las manos abiertas. Ya sea mucho o poco lo que demos, lo damos desde una paz que ya tenemos.
Para vivirlo hoy
Hoy, en menos de diez minutos, aparta una pequeña ofrenda de gratitud, algo tuyo que decidas dar sin que nadie te lo pida: un poco de dinero para tu congregación o para alguien con necesidad, o una hora de tu semana para servir. Antes de entregarlo, anota en una tarjeta algo que no te faltó este año. Si tienes poco, lo pequeño también cuenta.
Para meditar
- ¿Qué no te ha faltado este año que quizá no habías agradecido?
- ¿Qué diferencia notas entre dar lo que se te pide y dar por iniciativa propia, y cuál de las dos te resulta más difícil?
- ¿Qué podrías apartar esta semana, de tu dinero o de tu tiempo, como gesto de gracias a Dios?
Oración
Dios mío, tú recibiste lo que aquellos jefes trajeron y lo guardaste como recuerdo ante ti. Gracias porque en tu casa hay lugar para lo que se da, sea un anillo, una cadena o un poco de tiempo. Mueve mi corazón a fijarse en lo que no me ha faltado y a devolverte algo de ello, sin obligación y sin querer comprar nada. Abre mi mano hacia quien sirve y hacia quien necesita. Y gracias por Jesús, en quien tengo la paz contigo. Amén.