Fidelidad de Dios
Dos nombres que siguieron en pie
Lectura · Números 26:64-65
64Y entre estos ninguno hubo de los contados por Moisés y Aarón el sacerdote, los cuales contaron á los hijos de Israel en el desierto de Sinaí.
65Porque Jehová les dijo: Han de morir en el desierto: y no quedó varón de ellos, sino Caleb hijo de Jephone, y Josué hijo de Nun.
Ha terminado un nuevo recuento del pueblo, y el pasaje se detiene en un detalle de la lista: «ninguno hubo de los contados por Moisés y Aarón el sacerdote, los cuales contaron á los hijos de Israel en el desierto de Sinaí». Entre los que ahora eran contados, nadie figuraba entre los que Moisés y Aarón habían anotado en Sinaí. De aquel primer recuento solo quedaban dos.
La razón la da el versículo siguiente: «Porque Jehová les dijo: Han de morir en el desierto». Es una frase dura. Como se cuenta en Números 14, aquel pueblo se había negado a entrar en la tierra que Dios le daba, y ahora se ve que lo que Jehová había dicho se cumplió tal como fue dicho. Pasó el tiempo y la palabra no se perdió: de todos los varones contados en el primer recuento no quedó ninguno, salvo dos.
Esos dos aparecen con su nombre y con el de su padre: «no quedó varón de ellos, sino Caleb hijo de Jephone, y Josué hijo de Nun». Varón quiere decir hombre. Números 14 cuenta que eran de los que habían recorrido la tierra y que, el día en que el pueblo quiso volver atrás, hablaron a favor de confiar en Jehová. Aquí, en una lista de recuento, no quedan en el anonimato: se les recuerda por su nombre.
Estas dos líneas muestran algo de Dios que incomoda y consuela a la vez: su palabra se cumple. Lo que dijo como advertencia ocurrió, y por eso podemos creer que lo que dice como promesa también ocurrirá. No habla en vano ni promete al aire. Además, hay un nuevo recuento: el pueblo sigue existiendo, y Dios no dio por terminada su historia con él.
Cualquiera de nosotros tiene palabras de Dios que le resultan más cómodas que otras. Es fácil quedarse con las promesas y pasar de largo por las advertencias, o al revés, andar pendientes del aviso y olvidar que también prometió. Este pasaje pone las dos cosas en la misma página: lo que Jehová advirtió se cumplió, y por eso la confianza en lo que promete no es ingenua. Hay días en que conviene preguntarnos cuál de las dos oímos menos.
Imagina una hoja de recuento ya vieja, con las esquinas gastadas. Casi todos los nombres son de personas que ya no están, y sin embargo, al final de la hoja, dos nombres se leen todavía con claridad: Caleb y Josué, los que confiaron en Jehová cuando otros querían volver atrás. La hoja siguiente ya tiene nombres nuevos: el pueblo sigue adelante, y la palabra de Dios sigue en pie.
Para vivirlo hoy
Piensa en una advertencia y en una promesa de Dios que conozcas y que te cueste tomar en serio. Escríbelas una junto a la otra y dile a Dios con sinceridad cuál de las dos has estado pasando por alto. No hace falta resolverlo todo hoy; basta con nombrarlo delante de él.
Para meditar
- ¿Qué palabra de Dios te cuesta más tomar en serio: alguna de sus advertencias o alguna de sus promesas?
- ¿A quién conoces que haya permanecido fiel a Dios cuando otros se echaron atrás, y cómo podrías agradecérselo?
- ¿Qué cambia en tu manera de esperar si Dios cumple siempre lo que dice?
Oración
«Jehová les dijo», y lo que dijo se cumplió. Dios de la palabra fiel, gracias porque no hablas en vano: ni tus advertencias ni tus promesas caen al suelo. Ayúdame a escucharte con respeto y sin miedo a la vez, y a fiarme de lo que prometes. Que yo tenga la constancia de Caleb y de Josué, que quedaron en pie cuando otros retrocedieron. Acompaña a quienes hoy esperan algo con cansancio, y sostén su confianza en ti. Amén.