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Alabanza y adoración

Lazadas, corchetes y tablas: la tienda que se arma pieza a pieza

Lectura · Éxodo 36:17-37

17Hizo además cincuenta lazadas en la orilla de la postrera cortina en la juntura, y otras cincuenta lazadas en la orilla de la otra cortina en la juntura.

18Hizo también cincuenta corchetes de metal para juntar la tienda, de modo que fuese una.

19E hizo una cubierta para la tienda de cueros rojos de carneros, y una cubierta encima de cueros de tejones.

20Además hizo las tablas para el tabernáculo de madera de Sittim, para estar derechas.

21La longitud de cada tabla de diez codos, y de codo y medio la anchura.

22Cada tabla tenía dos quicios enclavijados el uno delante del otro: así hizo todas las tablas del tabernáculo.

23Hizo, pues, las tablas para el tabernáculo: veinte tablas al lado del austro, al mediodía.

24Hizo también las cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas: dos basas debajo de la una tabla para sus dos quicios, y dos basas debajo de la otra tabla para sus dos quicios.

25Y para el otro lado del tabernáculo, á la parte del aquilón, hizo veinte tablas,

26Con sus cuarenta basas de plata: dos basas debajo de la una tabla, y dos basas debajo de la otra tabla.

27Y para el lado occidental del tabernáculo hizo seis tablas.

28Para las esquinas del tabernáculo en los dos lados hizo dos tablas,

29Las cuales se juntaban por abajo, y asimismo por arriba á un gozne: y así hizo á la una y á la otra en las dos esquinas.

30Eran, pues, ocho tablas, y sus basas de plata dieciséis; dos basas debajo de cada tabla.

31Hizo también las barras de madera de Sittim; cinco para las tablas del un lado del tabernáculo,

32Y cinco barras para las tablas del otro lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del lado del tabernáculo á la parte occidental.

33E hizo que la barra del medio pasase por medio de las tablas del un cabo al otro.

34Y cubrió las tablas de oro, é hizo de oro los anillos de ellas por donde pasasen las barras: cubrió también de oro las barras.

35Hizo asimismo el velo de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido, el cual hizo con querubines de delicada obra.

36Y para él hizo cuatro columnas de madera de Sittim; y cubriólas de oro, los capiteles de las cuales eran de oro; é hizo para ellas cuatro basas de plata de fundición.

37Hizo también el velo para la puerta del tabernáculo, de jacinto, y púrpura, y carmesí, y lino torcido, obra de recamador;

Éxodo 36:17-37

Por fuera, cueros rojos de carnero y, encima, una cubierta de cueros de tejón. Por dentro, un velo de hilos de colores y lino torcido, «con querubines de delicada obra». Entre una cosa y otra corre un pasaje de medidas: madera, plata, oro, anillos y barras. No cuenta una fiesta ni una batalla, sino un armado. Quizá podamos ver ahí lo modesto y lo precioso juntos en una misma casa, cada cosa en su lugar.

La tienda se arma con piezas que hay que unir. En la orilla de una cortina van cincuenta lazadas, es decir, presillas, y otras cincuenta en la de al lado. Luego se hacen cincuenta corchetes de metal, o sea broches, «para juntar la tienda, de modo que fuese una». Un broche es una pieza pequeña, y de ella depende que muchas cortinas sean una sola tienda. Encima van las dos cubiertas de pieles.

Después vienen las tablas de madera de Sittim, que es acacia, «para estar derechas»: diez codos de largo (un codo es más o menos lo que mide un antebrazo) y codo y medio de ancho. Veinte van al sur, veinte al norte y ocho al occidente. Bajo cada una van dos basas de plata, o sea, dos bases o pedestales. Cada lado lleva cinco barras, y la del medio pasa de un cabo al otro. Las tablas y las barras se cubren de oro; los anillos son de oro. Al final, un velo sobre cuatro columnas cubiertas de oro, y otro para la puerta.

Tanto detalle invita a pensar que a Dios le importa la casa que se le arma y que se haga con cuidado. Nadie improvisa: cada tabla tiene su medida y cada pieza su lugar. El texto repite un solo verbo, «hizo», pieza tras pieza, como quien no tiene prisa. El pasaje aún no dice que Dios habite ahí; lo que muestra es una obra entera hecha para él, con madera, plata y oro.

El Nuevo Testamento cuenta que el Hijo de Dios se hizo persona y puso su morada entre nosotros, y la palabra que usa recuerda una tienda. Sin forzar el texto, quien lee con Jesús delante puede ver, en esta casa de pieles, madera y velos, un anuncio de alguien que quiso vivir cerca de su pueblo, y no lejos de él.

Ahora, una analogía, sin pedirle al texto más de lo que dice. Es fácil no fijarse en un broche o en una basa, y sin embargo la tienda los necesita. Algo parecido ocurre con lo pequeño y poco visto de nuestros días: quien deja ordenado un lugar, quien prepara lo que otros usarán, quien revisa un detalle para que todo encaje. Esas piezas sostienen en silencio lo que otros llegan a disfrutar.

Para vivirlo hoy

Elige hoy un trabajo pequeño que otros usarán sin fijarse en quién lo dejó listo: una mesa puesta, un archivo ordenado, un lugar limpio. Hazlo con esmero, como se hace una pieza que tiene que encajar. No hace falta que nadie sepa que fuiste tú.

Para meditar

  • ¿Qué te sugiere que se anoten con tanto cuidado hasta los broches, las lazadas y las basas de plata?
  • ¿Qué tarea pequeña y poco vista haces tú, y cómo cambia mirarla como parte de una casa mayor?
  • Muchas piezas distintas forman una sola tienda: ¿qué personas o tareas ajenas a las tuyas hacen posible lo que tú haces?

Oración

Dios de las cosas pequeñas y de las grandes, tú dejaste escrito cada broche, cada tabla y cada basa de tu casa. Mira lo que hoy tengo entre manos: una tarea del hogar, un trabajo, un encargo sin brillo. Que lo haga con cuidado, aunque nadie lo vea, como quien coloca una pieza donde debe ir. Jesús, tú quisiste poner tu morada entre nosotros: quédate cerca de mí mientras trabajo. Y que lo que hoy haga con esmero sirva a quienes viven conmigo y a quienes me rodean. Amén.

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