Saltar al contenido

Juicio y misericordia

Las tablas rotas al pie del monte

Lectura · Éxodo 32:15-31

15Y volvióse Moisés, y descendió del monte trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de una parte y de otra estaban escritas.

16Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas.

17Y oyendo Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo á Moisés: Alarido de pelea hay en el campo.

18Y él respondió: No es eco de algazara de fuertes, ni eco de alaridos de flacos: algazara de cantar oigo yo.

19Y aconteció, que como llegó él al campo, y vió el becerro y las danzas, enardeciósele la ira á Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y quebrólas al pie del monte.

20Y tomó el becerro que habían hecho, y quemólo en el fuego, y moliólo hasta reducirlo á polvo, que esparció sobre las aguas, y diólo á beber á los hijos de Israel.

21Y dijo Moisés á Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado?

22Y respondió Aarón: No se enoje mi señor; tú conoces el pueblo, que es inclinado á mal.

23Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros, que á este Moisés, el varón que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos qué le ha acontecido.

24Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? apartadlo. Y diéronmelo, y echélo en el fuego, y salió este becerro.

25Y viendo Moisés que el pueblo estaba despojado, porque Aarón lo había despojado para vergüenza entre sus enemigos,

26Púsose Moisés á la puerta del real, y dijo: ¿Quién es de Jehová? júntese conmigo. Y juntáronse con él todos los hijos de Leví.

27Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo: pasad y volved de puerta á puerta por el campo, y matad cada uno á su hermano, y á su amigo, y á su pariente.

28Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés: y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres.

29Entonces Moisés dijo: Hoy os habéis consagrado á Jehová, porque cada uno se ha consagrado en su hijo, y en su hermano, para que dé él hoy bendición sobre vosotros.

30Y aconteció que el día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado: mas yo subiré ahora á Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado.

31Entonces volvió Moisés á Jehová, y dijo: Ruégote, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro,

Éxodo 32:15-31

Moisés baja del monte con las dos tablas en las manos, escritas por los dos lados. No son obra de ningún artesano: «la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas». Va con Josué, y abajo, en el campo, suena un griterío. Josué piensa en pelea. Moisés distingue otra cosa: «algazara de cantar oigo yo», es decir, un jolgorio de cantos, no un choque de batalla.

Al llegar ven «el becerro y las danzas». A Moisés se le enciende la ira, arroja las tablas y las quiebra al pie del monte. Después toma el becerro que habían hecho, lo quema en el fuego, lo muele hasta hacerlo polvo, lo esparce sobre el agua y se lo da a beber a los hijos de Israel. Lo que levantaron como dios acaba en polvo, incapaz de salvarse a sí mismo.

Luego Moisés se vuelve a Aarón y le pregunta qué le hizo este pueblo para que lo llevara a tan gran pecado. Aarón responde: «tú conoces el pueblo, que es inclinado á mal», o sea, que tiende al mal. Cuenta que le pidieron dioses porque no sabían qué había sido de Moisés, que pidió el oro, lo echó al fuego, «y salió este becerro». Suena casi como si la figura hubiera salido sola. A todos nos resulta más fácil contar lo que pasó que decir lo que hicimos.

El texto sigue con algo muy duro. Moisés se para a la puerta del campamento y pregunta: «¿Quién es de Jehová? júntese conmigo». Los hijos de Leví se reúnen con él, y él les ordena, de parte de Jehová, matar cada uno a su hermano, a su amigo y a su pariente. Los levitas lo hacen, y caen como tres mil hombres. No conviene suavizarlo ni copiarlo: fue un momento único de la historia de Israel, no una orden para hoy. Muestra que para Dios adorar a otro en su lugar no es un detalle menor.

Y sin embargo el pasaje no termina con la espada. Al día siguiente Moisés dice: «yo subiré ahora á Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado», es decir, quizá logre calmar la ira de Dios. Luego vuelve a Jehová y le ruega. El pasaje se detiene ahí, sin mostrar la respuesta, y ese quizá es honesto, porque Moisés no sabe qué responderá Dios. Quien mira a Jesús ve a alguien que sube ante el Padre sin ese quizá, porque él mismo se entregó por nosotros.

Hoy nadie levanta un becerro de oro, pero a veces le pedimos a algo, como el éxito, una opinión ajena o una rutina, la seguridad que solo Dios da. Suele llegar con música y con alivio, no con cara de amenaza, y por eso cuesta notarlo. ¿Qué es lo que hoy te promete una calma que solo Dios puede dar?

Para vivirlo hoy

Elige una cosa que revisas una y otra vez para sentir que estás a salvo: el teléfono, las noticias o lo que otros opinan de ti. Hoy, cada vez que vayas a revisarla, detente un momento y da gracias a Dios por una cosa concreta que ya tienes.

Para meditar

  • ¿Qué cosa podría estar ocupando, sin que lo notes, el lugar que le corresponde a Dios en tu vida?
  • ¿Cómo suelen sonar tus explicaciones cuando algo salió mal: cuentas lo que pasó o dices también lo que hiciste?
  • Moisés sube a Dios con un «quizá», sin saber la respuesta: ¿qué te dice eso de cómo acercarse a Dios cuando hemos fallado?

Oración

Dios nuestro, tú grabaste tu propia escritura en las tablas y se la confiaste a un pueblo que en ese momento cantaba ante un becerro. Perdona los becerros que fabrico con mis prisas y mis temores, y la costumbre de explicar en vez de reconocer. Gracias porque Jesús sube ante ti a nuestro favor, y no con un quizá, sino con su vida entregada. Cuando algo intente ocupar tu lugar en mi corazón, sostén mis manos abiertas y devuélveme a tu voz. Amén.

WhatsApp