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Obediencia

La frase que se repite y la nube que Moisés no pudo atravesar

Lectura · Éxodo 40:24-38

24Y puso el candelero en el tabernáculo del testimonio, enfrente de la mesa, al lado meridional del pabellón.

25Y encendió las lámparas delante de Jehová; como Jehová había mandado á Moisés.

26Puso también el altar de oro en el tabernáculo del testimonio, delante del velo:

27Y encendió sobre él el perfume aromático; como Jehová había mandado á Moisés.

28Puso asimismo la cortina de la puerta del tabernáculo.

29Y colocó el altar del holocausto á la puerta del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio; y ofreció sobre él holocausto y presente; como Jehová había mandado á Moisés.

30Y puso la fuente entre el tabernáculo del testimonio y el altar; y puso en ella agua para lavar.

31Y Moisés y Aarón y sus hijos lavaban en ella sus manos y sus pies.

32Cuando entraban en el tabernáculo del testimonio, y cuando se llegaban al altar, se lavaban; como Jehová había mandado á Moisés.

33Finalmente erigió el atrio en derredor del tabernáculo y del altar, y puso la cortina de la puerta del atrio. Y así acabó Moisés la obra.

34Entonces una nube cubrió el tabernáculo del testimonio, y la gloria de Jehová hinchió el tabernáculo.

35Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo del testimonio, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo tenía lleno.

36Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas:

37Pero si la nube no se alzaba, no se partían hasta el día en que ella se alzaba.

38Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche en él, á vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas.

Éxodo 40:24-38

En medio de tantas cosas que se colocan, el candelero, el altar, la fuente y las cortinas, una frase pequeña se repite casi sin ruido: «como Jehová había mandado á Moisés». Aparece cuando se encienden las lámparas, cuando se quema el perfume, cuando se ofrece el holocausto y cuando se lava. Cuatro veces en pocos versículos. El ojo la pasa de largo como si fuera una fórmula, pero es la que sostiene todo lo demás: la obra sale como Dios la dijo, pieza por pieza.

Moisés pone el candelero enfrente de la mesa y enciende las lámparas. Coloca el altar de oro delante del velo y quema sobre él el perfume aromático. Levanta la cortina de la puerta y pone el altar del holocausto, que es una ofrenda quemada entera, junto a la entrada. Entre ese altar y la tienda deja la fuente, y «puso en ella agua para lavar». Moisés mismo, Aarón y sus hijos se lavan las manos y los pies. Por último se erige el patio alrededor, y el texto concluye: «Y así acabó Moisés la obra».

Entonces ocurre lo que nadie armó. Una nube cubre la tienda y el texto dice que «no podía Moisés entrar en el tabernáculo del testimonio, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo tenía lleno». Es curioso: el que colocó cada pieza se queda a la puerta. La casa la levantaron manos humanas, pero quien la llena es Dios.

Después el texto habla del camino. Cuando la nube se alzaba, los hijos de Israel se ponían en marcha; y si no se alzaba, «no se partían hasta el día en que ella se alzaba», es decir, no salían de viaje. El ritmo no lo marcaban ellos. La nube estaba de día sobre la tienda, y de noche había fuego, «á vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas», es decir, en cada etapa del viaje.

Ninguno de nosotros ve una nube sobre su casa. Pero hay esperas, y hay días en que seguimos andando sin saber cuánto falta. El pasaje no promete un mapa; muestra a un Dios que estuvo a la vista de su pueblo en cada etapa, de día y de noche. Hoy buscamos su guía en su Palabra, en la oración y en el consejo de personas sabias, y esperar no significa quedarse quieto donde hay algo que hacer.

El pasaje deja a Moisés a la puerta, sin poder pasar. En Jesús, creemos los cristianos, tenemos acceso al Padre, y nadie queda afuera esperando a que la nube se retire. Y la frase que se repite deja una invitación para hoy: hacer lo que nos toca, aun lo pequeño, tal como corresponde, sabiendo que Dios está cerca de ti.

Para vivirlo hoy

Hoy elige una cosa pequeña que ya sabes que te corresponde y que suele quedar para después: responder un mensaje, devolver algo prestado, cumplir lo que dijiste que harías. Hazla completa, tal como corresponde, sin avisar a nadie y sin buscar aplauso.

Para meditar

  • ¿Qué tarea pequeña de tu día haces por costumbre y podrías hacer como quien sirve a Dios?
  • ¿En qué espera de tu vida te cuesta más seguir sin saber cuánto falta?
  • ¿Qué te dice que Moisés, después de armarlo todo, se quede afuera y sea Dios quien llene la casa?

Oración

«La nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo»: así de cerca estuviste de tu pueblo, y de noche había un fuego a la vista de todos. Quédate así de cerca de mí en mis jornadas, las largas y las cortas. Dame compañía en las esperas y sabiduría para decidir cuando toque actuar, con tu Palabra, la oración y el consejo de gente sabia. Gracias porque en Jesús tengo acceso a ti. Y que mis tareas pequeñas de hoy se hagan tal como tú lo quieres. Amén.

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