Liderazgo y responsabilidad
La puerta cerrada de Eglón y el libertador que va delante
Lectura · Jueces 3:17-31
17Y presentó el presente á Eglón rey de Moab; y era Eglón hombre muy grueso.
18Y luego que hubo presentado el don, despidió á la gente que lo había traído.
19Mas él se volvió desde los ídolos que están en Gilgal, y dijo: Rey, una palabra secreta tengo que decirte. El entonces dijo: Calla. Y saliéronse de con él todos los que delante de él estaban.
20Y llegóse Aod á él, el cual estaba sentado solo en una sala de verano. Y Aod dijo: Tengo palabra de Dios para ti. El entonces se levantó de la silla.
21Mas Aod metió su mano izquierda, y tomó el puñal de su lado derecho, y metióselo por el vientre;
22De tal manera que la empuñadura entró también tras la hoja, y la grosura encerró la hoja, que él no sacó el puñal de su vientre: y salió el estiércol.
23Y saliendo Aod al patio, cerró tras sí las puertas de la sala.
24Y salido él, vinieron sus siervos, los cuales viendo las puertas de la sala cerradas, dijeron: Sin duda él cubre sus pies en la sala de verano.
25Y habiendo esperado hasta estar confusos, pues que él no abría las puertas de la sala, tomaron la llave y abrieron: y he aquí su señor caído en tierra muerto.
26Mas entre tanto que ellos se detuvieron, Aod se escapó, y pasando los ídolos, salvóse en Seirath.
27Y como hubo entrado, tocó el cuerno en el monte de Ephraim, y los hijos de Israel descendieron con él del monte, y él iba delante de ellos.
28Entonces él les dijo: Seguidme, porque Jehová ha entregado vuestros enemigos los Moabitas en vuestras manos. Y descendieron en pos de él, y tomaron los vados del Jordán á Moab, y no dejaron pasar á ninguno.
29Y en aquel tiempo hirieron de los Moabitas como diez mil hombres, todos valientes y todos hombres de guerra; no escapó hombre.
30Así quedó Moab sojuzgado aquel día bajo la mano de Israel: y reposó la tierra ochenta años.
31Después de éste fué Samgar hijo de Anat, el cual hirió seiscientos hombres de los Filisteos con una aguijada de bueyes; y él también salvó á Israel.
Al otro lado de una puerta cerrada, unos siervos esperan. Aod ya salió de la sala, y las puertas siguen sin abrirse. Se dicen: «Sin duda él cubre sus pies en la sala de verano», que quiere decir que suponen que el rey está haciendo sus necesidades. Y esperan, hasta quedar confusos. Solo entonces toman la llave y encuentran a su señor caído en tierra, muerto. Mientras ellos se detenían, Aod se escapó.
Todo había empezado con un regalo. Aod lo presenta a Eglón, un hombre muy grueso, y despide a quienes lo trajeron. Después vuelve y le dice al rey que tiene una palabra secreta. Eglón manda callar, y todos se salen. Entonces Aod dice: «Tengo palabra de Dios para ti», y el rey se levanta de su silla. Lo que sigue es violento y el texto lo cuenta sin adornos: Aod lo hiere con un puñal, con la mano izquierda, y sale cerrando tras sí las puertas.
Este pasaje no se lee con comodidad, y no hace falta que sea así. Cuenta la salida de un pueblo sometido: la muerte de un rey y después una batalla en la que caen como diez mil hombres, «todos valientes y todos hombres de guerra». La Biblia lo cuenta sin esconderlo, y como el fin de una opresión, no como un ejemplo para imitar. El relato cierra con alivio: «reposó la tierra ochenta años», es decir, hubo paz durante ochenta años.
Fíjate en Aod cuando vuelve a su gente. Toca el cuerno en el monte de Efraín, y los hijos de Israel descienden con él; el texto anota que él iba delante de ellos. Su llamado trae su razón: «Seguidme, porque Jehová ha entregado vuestros enemigos los Moabitas en vuestras manos». Toman los vados del Jordán, los pasos del río por donde se cruza a pie, y no dejan pasar a ninguno: le cortan a Moab la salida antes de la batalla. También eso es duro, y el texto no lo suaviza.
Lo que se ve en Aod habla a cualquiera que tenga a otros a su cargo: una familia, un equipo de trabajo, un grupo de la iglesia. Aod convoca, da una razón y va primero. El pasaje termina con Samgar, que hirió a seiscientos filisteos «con una aguijada de bueyes», una vara larga con punta para arrear al ganado: una herramienta de campo, no un arma de reyes. Y el texto dice que él también salvó a Israel.
Al mirar todo el relato, uno piensa en Jesús, que también libra a los suyos y va delante de ellos, pero que ganó su victoria entregando su propia vida, no quitando la de otros. Jesús va delante de los suyos: no los manda desde lejos. Quien lo sigue puede dar un paso difícil sabiendo que no va primero ni va sin compañía.
Para vivirlo hoy
En los próximos tres días recuerda un asunto en el que has esperado por una suposición: que otro ya lo haría, o que todavía no era el momento. La duda de los siervos le dio tiempo a Aod; a veces la nuestra le da tiempo a otros asuntos. Elige ese asunto y da tú el primer paso pequeño, una llamada o un mensaje, como quien convoca y va primero. No hace falta resolverlo todo.
Para meditar
- ¿Qué suposición te ha hecho esperar demasiado antes de dar un paso que sí estaba en tus manos?
- ¿Qué herramienta sencilla tienes hoy en la mano, como la aguijada de Samgar, que podrías poner al servicio de otras personas?
- ¿Qué cambia en tu manera de dar un paso difícil al saber que Jesús va delante de su pueblo?
Oración
Señor Jesús, tú vas delante de los tuyos y no nos guías desde lejos. Gracias porque libras de verdad y porque tu victoria no costó la vida de otros, sino la tuya. Cuando una decisión se demora y todos esperamos que alguien se mueva, danos ánimo para dar el primer paso pequeño. Que lo que llevamos en la mano, por sencillo que sea, sirva a otras personas. Y guárdanos en la paz que tú das. Amén.