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Juicio y misericordia

La mesa del rey y la moneda de César

Lectura · San Mateo 22:1-24

1Y RESPONDIENDO Jesús, les volvió á hablar en parábolas, diciendo:

2El reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que hizo bodas á su hijo;

3Y envió sus siervos para que llamasen los llamados á las bodas; mas no quisieron venir.

4Volvió á enviar otros siervos, diciendo: Decid á los llamados: He aquí, mi comida he aparejado; mis toros y animales engordados son muertos, y todo está prevenido: venid á las bodas.

5Mas ellos no se cuidaron, y se fueron, uno á su labranza, y otro á sus negocios;

6Y otros, tomando á sus siervos, los afrentaron y los mataron.

7Y el rey, oyendo esto, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó á aquellos homicidas, y puso fuego á su ciudad.

8Entonces dice á sus siervos: Las bodas á la verdad están aparejadas; mas los que eran llamados no eran dignos.

9Id pues á las salidas de los caminos, y llamad á las bodas á cuantos hallareis.

10Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron á todos los que hallaron, juntamente malos y buenos: y las bodas fueron llenas de convidados.

11Y entró el rey para ver los convidados, y vió allí un hombre no vestido de boda.

12Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí no teniendo vestido de boda? Mas él cerró la boca.

13Entonces el rey dijo á los que servían: Atado de pies y de manos tomadle, y echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.

14Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.

15Entonces, idos los Fariseos, consultaron cómo le tomarían en alguna palabra.

16Y envían á él los discípulos de ellos, con los Herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amador de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te curas de nadie, porque no tienes acepción de persona de hombres.

17Dinos pues, ¿qué te parece? ¿es lícito dar tributo á César, ó no?

18Mas Jesús, entendida la malicia de ellos, les dice: ¿Por qué me tentáis, hipócritas?

19Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.

20Entonces les dice: ¿Cúya es esta figura, y lo que está encima escrito?

21Dícenle: De César. Y díceles: Pagad pues á César lo que es de César, y á Dios lo que es de Dios.

22Y oyendo esto, se maravillaron; y dejándole se fueron.

23Aquel día llegaron á él los Saduceos, que dicen no haber resurrección, y le preguntaron,

24Diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y despertará simiente á su hermano.

San Mateo 22:1-24

«todo está prevenido: venid á las bodas». Hoy diríamos: todo está listo, vengan a la boda. Son las palabras del segundo mensaje que un rey manda con sus siervos, porque los primeros invitados a las bodas de su hijo no quisieron venir. Jesús dice que así es el reino de los cielos: una fiesta con la mesa puesta, la comida preparada y una invitación que se repite. El rey ya lo tiene todo dispuesto antes de pedir nada.

La respuesta es desigual. Unos no le hacen caso a la invitación: uno se va a su campo y otro a sus negocios. Otros toman a los siervos, los maltratan y los matan. El texto no suaviza lo que sigue: el rey se enoja, envía sus ejércitos, destruye a esos homicidas y quema su ciudad. Es una imagen dura de juicio sobre quienes matan a los mensajeros. Muestra que la invitación es cosa seria y que no da igual cómo se trata a los enviados del rey.

Entonces el rey dice que las bodas están listas, pero que los llamados no eran dignos, y manda a sus siervos a los caminos a llamar a cuantos encuentren. Ellos juntan a todos los que hallan, malos y buenos, y la sala se llena de invitados. La fiesta no se cancela porque unos la rechacen. El rey abre su mesa a gente que nadie habría esperado, y esa amplitud dice mucho de su corazón.

Pero la escena no termina con la sala llena. El rey entra a ver a los invitados y encuentra a un hombre sin vestido de boda. Le dice: «Amigo, ¿cómo entraste aquí no teniendo vestido de boda?». Él se queda callado, y el rey manda atarlo de pies y manos y echarlo a las tinieblas de afuera, donde hay llanto y crujir de dientes. Es una escena dura. El texto no explica el vestido; sí muestra que al rey le importa quién está en su fiesta.

Ya no hay parábola. Unos fariseos deliberan cómo atrapar a Jesús en alguna palabra y le mandan a sus discípulos con los herodianos. Empiezan con elogios y luego preguntan si es lícito pagar tributo a César. Jesús, entendida su malicia, pide una moneda; le traen un denario y pregunta de quién es la figura. Responden que de César. Entonces dice: «Pagad pues á César lo que es de César, y á Dios lo que es de Dios». Hoy, entre cuentas y trabajo, Jesús pone cada cosa en su lugar.

Las preguntas de este día terminan alrededor de una mesa. Al rey se le ha rechazado por el campo, por los negocios y hasta con violencia, y aun así la sala se llena con gente salida de los caminos. Ninguno llega ahí por ser perfecto. Esa invitación llega en la voz de Jesús, que habla del reino con una parábola y responde sin dejarse enredar a quienes lo acechan.

Para vivirlo hoy

Mañana, antes de abrir el teléfono o de empezar la primera tarea, detente treinta segundos. Da gracias en voz alta por una cosa concreta que ya está servida en tu día: el techo, la comida, una persona que te espera. Después sigue con tu jornada. Es una decisión pequeña: dejar que la invitación llegue antes que la lista de pendientes.

Para meditar

  • ¿Qué ocupaciones de tu día se parecen al campo y a los negocios de la parábola, buenas en sí mismas, pero capaces de tapar una invitación?
  • El rey manda llamar a cuantos se encuentren en los caminos, malos y buenos. ¿Qué te dice eso sobre a quiénes invita Dios?
  • Jesús pone cada cosa en su lugar cuando le preguntan por el tributo. ¿Qué compromiso de esta semana necesitas mirar con esa claridad?

Oración

Confieso que oigo tu invitación y, aun así, atiendo primero mi campo y mis negocios: las cuentas, los mensajes, lo urgente. Cuesta creer que la mesa ya está servida y que no depende de que yo la prepare. Enséñame a dar a cada cosa su lugar, y a ti lo que es tuyo. Gracias porque la sala se llena con gente de los caminos, y porque hay lugar para mí. Que hoy responda a tu llamada con el corazón abierto. Amén.

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