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Servicio y generosidad

Del talento enterrado a los pequeños que Jesús llama suyos

Lectura · San Mateo 25:24-44

24Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste;

25Y tuve miedo, y fuí, y escondí tu talento en la tierra: he aquí tienes lo que es tuyo.

26Y respondiendo su señor, le dijo: Malo y negligente siervo, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí;

27Por tanto te convenía dar mi dinero á los banqueros, y viniendo yo, hubiera recibido lo que es mío con usura.

28Quitadle pues el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.

29Porque á cualquiera que tuviere, le será dado, y tendrá más; y al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.

30Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.

31Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria.

32Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.

33Y pondrá las ovejas á su derecha, y los cabritos á la izquierda.

34Entonces el Rey dirá á los que estarán á su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo:

35Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fuí huésped, y me recogisteis;

36Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis á mí.

37Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿ó sediento, y te dimos de beber?

38¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿ó desnudo, y te cubrimos?

39¿O cuándo te vimos enfermo, ó en la cárcel, y vinimos á ti?

40Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis á uno de estos mis hermanos pequeñitos, á mí lo hicisteis.

41Entonces dirá también á los que estarán á la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles:

42Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;

43Fuí huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.

44Entonces también ellos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, ó sediento, ó huésped, ó desnudo, ó enfermo, ó en la cárcel, y no te servimos?

San Mateo 25:24-44

Un siervo llega ante su señor con el talento que le dieron, tal como lo recibió, y se lo entrega con una frase: «tienes lo que es tuyo». Antes explica por qué: sabía que su señor es un hombre duro, que cosecha donde no sembró, y dice que tuvo miedo, así que fue y escondió el talento en la tierra. No lo gastó ni lo perdió: lo trae de vuelta.

El señor le responde con sus propias palabras. Lo llama «Malo y negligente siervo»: si tanto lo temía, debió poner el dinero con los banqueros y recibirlo con intereses. Manda quitarle el talento y dárselo al que tiene diez. Dice que a quien tiene se le dará más, y a quien no tiene se le quitará aun lo que tiene, y que echen al siervo inútil a las tinieblas de afuera, donde habrá llanto y crujir de dientes. Son palabras graves, dichas sin rodeos.

De pronto cambia el escenario. El Hijo del hombre viene en su gloria y se sienta en su trono; ante él se reúnen todas las gentes, y las separa como un pastor aparta las ovejas de los cabritos, las ovejas a su derecha y los cabritos a la izquierda. El Rey dice a los de la derecha: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo». Heredad quiere decir reciban como herencia: algo que ya estaba preparado antes de que hicieran nada.

Y dice por qué: «tuve hambre, y me disteis de comer». Habla de sed, de desnudez, de enfermedad, de cárcel, y también de esto: «fuí huésped, y me recogisteis». Huésped es aquí el forastero sin techo, y recogerlo quiere decir acogerlo en casa. Los justos preguntan cuándo lo vieron así. El Rey responde: «en cuanto lo hicisteis á uno de estos mis hermanos pequeñitos, á mí lo hicisteis». Jesús se une tan de cerca a quien pasa necesidad que llama suyo lo que se hace por esa persona.

A los de la izquierda les repite la lista, pero al revés: lo que no se hizo. Su sentencia es dura: «al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles». Fíjate en que el reino estaba preparado para los benditos, y el fuego para el diablo. Fíjate también en que ellos igualmente lo llaman Señor y preguntan cuándo lo vieron. Lo que Jesús mira es lo que se hizo, o se dejó de hacer, por quien estaba delante.

Las dos partes se tocan. En la primera, un siervo guarda lo que se le confió, y dice que por miedo. En la segunda, unos sirven a quien tenían al lado sin saber que servían al Rey. Ese Rey es Jesús mismo, y por eso una llamada a un enfermo, una comida compartida o una visita a quien está lejos son cosas que él recibe como hechas a él. ¿A quién tienes hoy al alcance de la mano?

Para vivirlo hoy

¿Hay alguien en tu vida que hoy esté enferma, sin compañía o pasando un apuro? Esta semana llámala o pasa a verla. Lleva algo sencillo, como una comida o un pan. No hace falta resolverle nada ni tener las palabras justas: basta con que sepa que alguien pensó en ella.

Para meditar

  • El siervo devuelve el talento tal como lo recibió. ¿Qué guardas hoy por prudencia o por miedo que podría servirle a alguien?
  • Los que fueron a la derecha no recuerdan haber servido al Rey. ¿Qué te dice eso de la manera en que Jesús mira lo pequeño?
  • De las seis necesidades del pasaje, hambre, sed, forastero, desnudez, enfermedad y cárcel, ¿cuál tienes más cerca de tu casa o de tu iglesia?

Oración

Señor Jesús, te presentas como Rey y dices que tuviste hambre y sed, que fuiste forastero, que estuviste enfermo y en la cárcel. Enséñame a reconocerte en quien tengo delante. Perdona el miedo con que guardo lo que me confiaste, en vez de ponerlo a trabajar por otros. Gracias porque el reino que preparaste para los tuyos es una herencia, no un sueldo. Que hoy mis manos sirvan, sin llevar la cuenta, a alguien que me necesita. Amén.

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