Temor de Dios
La casa llena de Dios y los sacerdotes que no pudieron seguir
Lectura · 2 Crónicas 5:14
14Y no podían los sacerdotes estar para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había henchido la casa de Dios.
¿Puede una casa llenarse tanto de Dios que ya no quede lugar para el trabajo de quienes la sirven? Este versículo responde que sí, y lo hace en una sola frase. Es el día en que Salomón inaugura el templo de Jerusalén: los cantores y los músicos alaban a Jehová, ciento veinte sacerdotes tocan trompetas, y cada uno está en su puesto. Y de pronto el texto dice algo que nadie habría programado: «no podían los sacerdotes estar para ministrar, por causa de la nube».
Ministrar quiere decir servir, cumplir el trabajo del templo, y estar para ministrar es ocupar el lugar de servicio. Eran hombres apartados para esa tarea, y ese día no pudieron seguir con ella. El texto no dice qué sintieron; no habla de miedo ni de asombro, y no conviene agregarlo. Dice solo dos cosas: que había una nube, y que la razón es que «la gloria de Jehová había henchido la casa de Dios». Henchido quiere decir llenado por completo. No es un adorno del templo: es Jehová mismo llenando su casa.
Quien conoce la historia de Israel recuerda que algo parecido pasó con Moisés: cuando el tabernáculo del desierto quedó terminado, la nube lo cubrió, la gloria de Jehová lo llenó y Moisés no pudo entrar. Es el mismo Dios y el mismo modo de acercarse, con siglos de distancia entre un lugar y otro. Una manera de leerlo: la nube cubre lo que nadie podría mirar de frente, y así Dios se acerca sin aplastar a los suyos.
Se nota además de quién es la casa. El texto la llama «la casa de Dios», y cuando él la llena, el servicio cede. Servirle es un regalo, no un requisito para que él llegue. Eso no vuelve inútil el trabajo de los sacerdotes: muestra de quién es la casa y a quién sirven. Ellos estaban en pleno servicio, pero la obra era de él, y la presencia no dependía de su turno.
Hoy vivimos con la agenda llena, también en la iglesia y en la casa: hay que preparar, contestar, arreglar, cuidar. Es fácil que el hacer ocupe todo el lugar. Este versículo invita, no regaña: a veces lo más importante es soltar la tarea un momento y reconocer delante de quién trabajamos. Una pausa así no le quita nada al día; lo pone en su sitio.
Los cristianos creemos que la gloria de Dios, que aquí se cubre con una nube, se dejó ver en Jesús, y que por él podemos acercarnos con confianza. También creemos que su presencia ya no queda encerrada en un edificio, sino que acompaña a su pueblo. ¿Qué pasaría en tu día si dejaras por un momento el hacer y solo estuvieras delante de Dios?
Para vivirlo hoy
Aparta hoy cinco minutos de silencio. Apaga el teléfono, siéntate y lee despacio esta frase: «la gloria de Jehová había henchido la casa de Dios», donde henchido quiere decir llenado por completo. Léela varias veces sin pedir nada y sin buscar una idea nueva. Cuando pase el tiempo, da las gracias y sigue con tu día.
Para meditar
- ¿En qué momento de mi día el hacer ocupa todo el lugar, y cómo sería detenerme un instante delante de Dios?
- ¿Qué me enseña esta escena sobre la diferencia entre servir a Dios y simplemente estar con él?
- ¿Cómo puedo acercarme a Dios con reverencia y, a la vez, con la confianza de quien va a Jesús?
Oración
Enséñame a detenerme cuando tú llegas, y a no sentirme inútil si por un rato no hago nada más que estar contigo. Gracias porque tu gloria llenó aquella casa y sigues siendo el mismo Dios que se acerca a los tuyos. Cuando tu presencia sea más grande de lo que puedo comprender, dame calma para quedarme. Que mi servicio nazca de estar contigo y no de la prisa. Gracias por Jesús, en quien tu gloria se dejó ver. Amén.