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Sabiduría

El oro de Salomón y la sabiduría que Dios puso en su corazón

Lectura · 2 Crónicas 9:15-31

15Hizo también el rey Salomón doscientos paveses de oro de martillo, cada uno de los cuales tenía seiscientos siclos de oro labrado:

16Asimismo trescientos escudos de oro batido, teniendo cada escudo trescientos siclos de oro: y púsolos el rey en la casa del bosque del Líbano.

17Hizo además el rey un gran trono de marfil, y cubriólo de oro puro.

18Y había seis gradas al trono, con un estrado de oro al mismo, y brazos de la una parte y de la otra al lugar del asiento, y dos leones que estaban junto á los brazos.

19Había también allí doce leones sobre las seis gradas de la una parte y de la otra. Jamás fué hecho otro semejante en reino alguno.

20Toda la vajilla del rey Salomón era de oro, y toda la vajilla de la casa del bosque del Líbano, de oro puro. En los días de Salomón la plata no era de estima.

21Porque la flota del rey iba á Tharsis con los siervos de Hiram, y cada tres años solían venir las naves de Tharsis, y traían oro, plata, marfil, simios, y pavos.

22Y excedió el rey Salomón á todos los reyes de la tierra en riqueza y en sabiduría.

23Y todos los reyes de la tierra procuraban ver el rostro de Salomón, por oir su sabiduría, que Dios había puesto en su corazón:

24Y de éstos, cada uno traía su presente, vasos de plata, vasos de oro, vestidos, armas, aromas, caballos y acémilas, todos los años.

25Tuvo también Salomón cuatro mil caballerizas para los caballos y carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalem.

26Y tuvo señorío sobre todos los reyes desde el río hasta la tierra de los Filisteos, y hasta el término de Egipto.

27Y puso el rey plata en Jerusalem como piedras, y cedros como los cabrahigos que nacen por las campiñas en abundancia.

28Sacaban también caballos para Salomón, de Egipto y de todas las provincias.

29Lo demás de los hechos de Salomón, primeros y postreros, ¿no está todo escrito en los libros de Nathán profeta, y en la profecía de Ahías Silonita, y en las profecías del vidente Iddo contra Jeroboam hijo de Nabat?

30Y reinó Salomón en Jerusalem sobre todo Israel cuarenta años.

31Y durmió Salomón con sus padres, y sepultáronlo en la ciudad de David su padre: y reinó en su lugar Roboam su hijo.

2 Crónicas 9:15-31

«Y puso el rey plata en Jerusalem como piedras», dice el texto, y uno casi oye el tintineo de tanta riqueza. Salomón reinaba, y el pasaje se detiene a mirar lo que había en su casa: doscientos escudos grandes de oro batido, otros trescientos más pequeños, y un gran trono de marfil cubierto de oro puro. Es una lista que deslumbra, y el relato no se apura en pasar a otra cosa.

El trono tenía seis gradas, un estrado de oro, brazos a cada lado del asiento y dos leones junto a ellos, y otros doce leones sobre las gradas, a un lado y a otro. El texto lo resume así: «Jamás fué hecho otro semejante en reino alguno». Hasta la vajilla del rey era de oro. La plata, dice, no era de estima, es decir, no se le daba valor, de tanta que había. Y cada tres años llegaban naves de Tarsis con oro, plata, marfil, simios y pavos.

Sin embargo, la frase decisiva habla de dos cosas, no de una: «Y excedió el rey Salomón á todos los reyes de la tierra en riqueza y en sabiduría». Reyes de todas partes querían ver su rostro, y cada año cada uno traía su regalo: vasos de plata y de oro, vestidos, armas, aromas, caballos. Su señorío llegaba desde el río hasta la tierra de los filisteos y el límite de Egipto. No iban a mirar cofres: iban, dice el texto, a escuchar.

Todos tenemos algo de ese oro que mostramos con gusto: un buen trabajo, una casa cómoda, un currículum ordenado. Agradecerlo no tiene nada de malo. Pero fíjate en lo que buscaban los reyes. No era el oro, que ellos mismos traían de regalo. Hoy también la gente se acerca a quien tiene buen consejo, paciencia y una palabra a tiempo, y no necesariamente a quien tiene más cosas.

Al final, el pasaje pasa de los tronos a la tumba. Salomón reinó cuarenta años en Jerusalén sobre todo Israel, luego «durmió Salomón con sus padres», que quiere decir que murió, y lo sepultaron en la ciudad de David, su padre. Su hijo Roboam reinó en su lugar. Jesús, mirando las flores del campo, dijo que ni Salomón con toda su gloria se vistió como una de ellas. Quien sigue a Cristo descansa en un Rey a quien la tumba no retuvo.

Del oro, los leones y las naves no se dice nada a la hora de la despedida. Lo demás de sus hechos quedó escrito en los libros de los profetas. Y lo que conviene dejar como última palabra sobre la grandeza de aquel rey es de dónde venía lo que atraía a los visitantes: «por oir su sabiduría, que Dios había puesto en su corazón».

Para vivirlo hoy

Durante los próximos tres días, antes de dormir, anota en un papel algo bueno que tienes y que no se compra: un consejo que recibiste, una mano que te ayudó, una calma que llegó sin avisar. El tercer día, léelas en voz alta y da gracias a Dios por ellas.

Para meditar

  • ¿Qué es lo que más te gusta mostrar de tu vida, y cuánto de eso te llegó como regalo y no por mérito propio?
  • ¿A quién acudes cuando necesitas consejo, y qué tiene esa persona que no se compra con dinero?
  • Si tu vida se resumiera en un solo renglón, ¿qué te gustaría que dijera sobre lo que Dios puso en ti?

Oración

«La plata no era de estima», dice tu Palabra de aquellos días, cuando todo lo que brillaba sobraba. Enséñame a dar su justo valor a lo que tengo, sin adorarlo y sin despreciarlo. Gracias porque la sabiduría es un regalo que tú das, y porque a veces llega en boca de quien menos espero. Cuando me deslumbre lo que otros muestran, o lo que yo muestro, recuérdame que todo trono termina en despedida y que solo tú permaneces. Dame un corazón sabio, para que quien se acerque a mí encuentre paz y buen consejo. Amén.

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