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Fe y confianza

Jesús se detiene por una mujer y levanta a una niña

Lectura · Marcos 5:23-43

23Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está á la muerte: ven y pondrás las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.

24Y fué con él, y le seguía gran compañía, y le apretaban.

25Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacía,

26Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,

27Como oyó hablar de Jesús, llegó por detrás entre la compañía, y tocó su vestido.

28Porque decía: Si tocare tan solamente su vestido, seré salva.

29Y luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.

30Y luego Jesús, conociendo en sí mismo la virtud que había salido de él, volviéndose á la compañía, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?

31Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?

32Y él miraba alrededor para ver á la que había hecho esto.

33Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.

34Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote.

35Hablando aún él, vinieron de casa del príncipe de la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta; ¿para qué fatigas más al Maestro?

36Mas luego Jesús, oyendo esta razón que se decía, dijo al príncipe de la sinagoga: No temas, cree solamente.

37Y no permitió que alguno viniese tras él sino Pedro, y Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.

38Y vino á casa del príncipe de la sinagoga, y vió el alboroto, los que lloraban y gemían mucho.

39Y entrando, les dice: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La muchacha no es muerta, mas duerme.

40Y hacían burla de él: mas él, echados fuera todos, toma al padre y á la madre de la muchacha, y á los que estaban con él, y entra donde la muchacha estaba.

41Y tomando la mano de la muchacha, le dice: Talitha cumi; que es, si lo interpretares: Muchacha, á ti digo, levántate.

42Y luego la muchacha se levantó, y andaba; porque tenía doce años. Y se espantaron de grande espanto.

43Mas él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que le diesen de comer.

Marcos 5:23-43

Sales del trabajo casi corriendo porque te avisaron que alguien de tu familia está mal. El tráfico no avanza, el semáforo no cambia y el teléfono vibra sin parar. Quieres llegar ya, y justo entonces aparece todo lo que retrasa. Esa mezcla de urgencia, espera y noticias a destiempo es la que vive un padre en este pasaje, con su hija a punto de morir.

Ese padre le ruega mucho a Jesús: «Mi hija está á la muerte: ven y pondrás las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá». Jesús va con él, apretado por la multitud. Entre esa gente camina una mujer con una hemorragia de doce años. Ha sufrido con muchos médicos, ha gastado todo lo que tenía y le iba peor. Oye hablar de Jesús, llega por detrás y toca su vestido, porque se dice: «Si tocare tan solamente su vestido, seré salva». Ser salva aquí es quedar sana.

Al instante su sangre se seca, y ella siente en el cuerpo que está sana. Jesús también lo nota y se vuelve: «¿Quién ha tocado mis vestidos?». Los discípulos le hacen ver que la multitud lo aprieta, pero él sigue mirando alrededor para ver a la que lo hizo. Ella, temiendo y temblando, se postra y le dice toda la verdad. Ya estaba sana, y aun así Jesús quiere verla y oírla. Le dice: «Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz».

Mientras él aún habla, llegan de casa del jefe de la sinagoga con la noticia: la hija ya murió, no vale la pena fatigar más al Maestro. Jesús oye lo que se dice y responde al padre: «No temas, cree solamente». Solo deja que lo acompañen Pedro, Jacobo y Juan. En la casa ve el alboroto, gente que llora y gime mucho, y dice: «La muchacha no es muerta, mas duerme». Esa palabra antigua, mas, quiere decir pero: Jesús llama sueño a lo que todos ven como un final.

Los que lloran se burlan de él, porque para ellos la muerte de la niña es un hecho. Él echa fuera a todos y entra con el padre, la madre y sus tres compañeros. Toma a la niña de la mano y le dice palabras que el evangelio deja tal como sonaron: Talitha cumi, que se traduce «Muchacha, á ti digo, levántate». Al instante ella se levanta y anda; tenía doce años, los mismos que la mujer llevaba enferma. Todos quedan atónitos. Y Jesús manda que le den de comer: quien devuelve la vida piensa también en el plato de la niña.

Quizá hoy tu camino esté detenido por un diagnóstico o un duelo. Si es así, no te quedes callado: habla con tu pastor o con alguien de tu confianza, y si te ronda la idea de hacerte daño, busca ayuda profesional urgente. Este pasaje no promete que todo saldrá como pedimos; muestra a quién le pedimos: al que se detiene por una mujer sin nombre entre la multitud, al que toma de la mano. Jesús tiene autoridad sobre la enfermedad y sobre la muerte, y llama hija a quien llega temblando.

Para vivirlo hoy

Durante estos días, cada vez que te llegue una noticia que asuste o una espera que se alargue, haz una pausa de un minuto. Di en voz baja lo que temes, como la mujer que le contó a Jesús toda la verdad, y quédate un momento en silencio, sabiendo que él está a tu lado. Después sigue con lo que estabas haciendo.

Para meditar

  • ¿En qué noticia o espera de estos días necesitas oír a Jesús decirte que no temas?
  • ¿Hay algo que has llevado en secreto, como la mujer que se acercó por detrás, y que podrías contarle hoy a Jesús con toda la verdad?
  • ¿A quién puedes acompañar esta semana, aunque no tengas las palabras justas, como Jesús tomó de la mano a la niña?

Oración

«Ve en paz». Así le hablaste a una mujer que llegó temblando, Jesús, y así quiero oírte hoy en mis esperas. Gracias porque te detienes por quien nadie nota y porque, ante la peor noticia, sigues hablando de confianza. Tú tomaste de la mano a una niña y le dijiste que se levantara. Tómame de la mano en lo que me pesa; cuando el miedo hable más fuerte, recuérdame que estás aquí. Traigo ante ti lo que no sé cómo resolver. Amén.

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